07.03.2017
En el Día Internacional de la Mujer, hacemos un reconocimiento a las mujeres de Afganistán y alertamos de los peligros a los que las mujeres afganas se enfrentan durante el embarazo y el parto.
 
Afganistán sigue siendo uno de los países más peligrosos en el mundo para dar a luz. Cada año, alrededor de 4,300 mujeres mueren debido a complicaciones durante el embarazo o el parto.  Nada que ver con las 19 mujeres que suma Australia, por ejemplo. Los partos sin asistencia especializada son una amenaza para la sobrevivencia y el bienestar de las mujeres afganas y sus recién nacidos.
 
Aqila es supervisora de parteras en el departamento de maternidad del Hospital Dasht-e-Barchi en Kabul, gestionado por MSF en colaboración con el Ministerio de Salud Pública. Cuando trabajaba como vacunadora en un centro de salud rural, decidió convertirse en una partera para ayudar a mejorar la seguridad de sus compatriotas afganas durante el parto. “He visto cómo muchas mujeres en mi vida han muerto durante o después del parto. Y he visto a niños crecer sin sus madres. Es una situación muy triste.”
 
 
 
MSF busca reducir la mortalidad y la morbilidad de las madres y sus recién nacidos al proporcionar atención materna y prenatal, gratuita y de calidad, en cuatro hospitales de Afganistán. De todos los partos que asistimos en el mundo, uno de cada cuatro tiene lugar en Afganistán: en 2016, nuestros equipos médicos ayudaron a nacer a más de 66,000 bebés.
 

La escasez de personal médico femenino es uno de los obstáculos para tener partos seguros

 
Durante varias décadas, las mujeres afganas no han podido acceder a una educación, situación que ha provocado una escasez de personal médico femenino capaz de atender a otras mujeres durante la labor de parto. Al mismo tiempo, muchas familias sólo buscan atención médica que sea proporcionada por una mujer debido a las normas culturales de género en Afganistán. Este dilema es una de las razones por las que dos tercios de los bebés afganos nacen en sus hogares y sin asistencia alguna. Todos los proyectos de MSF en Afganistán hacen énfasis en la capacitación del personal femenino local. Al fortalecer sus habilidades, MSF se asegura de que sus proyectos puedan responder mejor a las necesidades de las mujeres de Afganistán.
 
Casi todas las parteras que atienden los partos en nuestros proyectos en Afganistán son mujeres. Desde que se inauguró el hospital de maternidad en la provincia rural de Khost en 2012 (que cuenta únicamente con personal femenino), varias doctoras ahora tienen una gran experiencia en el manejo de partos complicados. Estas mujeres fueron capacitadas por personal internacional de MSF como la Dra. ginecobstetra Séverine Calwaerts, que ha trabajado en Khost siete veces.
 
 
“A dos de nuestras médicos nacionales, la Dra. Sadia y la Dra. Farida, prácticamente les enseñé a realizar sus primeras cesáreas y ahora, muchos años después, las realizan ellas solas,” cuenta la Dra. Caluwaerts.
 
MSF proporciona atención médica gratuita, pero muchas otras clínicas a lo largo del país cobran por sus servicios. “Muchas personas tienen problemas económicos, así que no tienen dinero para acceder a la atención prenatal o para ir con un ginecólogo,” dice Aqila. “Por lo tanto, las mujeres no van a los hospitales privados e intentan dar a luz en su hogar. Muchas no conocen las complicaciones que se pueden presentar durante el embarazo y el parto.”
 
La atención prenatal es crucial para identificar y disminuir estas complicaciones, que pueden tener un gran impacto en la salud de los recién nacidos.
 
Hace poco, Nadya dio a luz a su primer bebé en el hospital Ahmad Shah Baba (gestionado por MSF en colaboración con el Ministerio de Salud en Kabul), pero ella, al igual que muchas mujeres afganas, tuvo una atención prenatal muy limitada. De hecho, el 40% de las mujeres afganas no reciben atención prenatal durante su embarazo. MSF está intentando reducir esta cifra por medio de actividades de promoción de la salud y de la prestación de atención médica gratuita. El bebé de Nadya nació con una espina bífida leve y tratable. Si esta condición se hubiera detectado durante el embarazo, Nadya y su familia hubieran podido recibir apoyo para prepararse para el parto y cualquier seguimiento necesario.
 
 
 
MSF se enfoca en atender a mujeres con complicaciones obstétricas directas que pueden verse ampliamente beneficiadas de nuestra experiencia médica. Nuestros equipos trabajan para mejorar la detección de estas complicaciones a través de actividades como transmisiones de radio y reuniones con la comunidad. También brindamos apoyo a clínicas a nivel local para reforzar la forma en que atienden los partos normales y asegurarnos de que las mujeres con complicaciones sean referidas rápidamente a nuestros hospitales. Pero aún así, siguen existiendo muchos obstáculos para las mujeres que buscan atención médica oportuna y vital, y uno de estos obstáculos son las carreteras peligrosas y lentas.
 
Sayed Kamyabudin, director de servicio técnico en el hospital de Khost, recuerda lo difícil que fue llegar al hospital cuando su esposa estaba a punto de dar a luz a su primer hijo. “En ese entonces, la carretera no era de asfalto y, como era de noche, nos detuvieron en los puntos de acceso. Tardamos una hora y media en llegar de la casa al hospital, cuando es un camino de 20 minutos,” dice. 
 
 
 
Los riesgos de tener un bebé en Afganistán siguen siendo inaceptablemente elevados, pero Sayed, un padre de cuatro, tiene esperanza en el futuro.
 
Al asistir miles de partos, capacitar al personal médico femenino, mejorar el reconocimiento de las complicaciones obstétricas y apoyar en el desarrollo de los centros de salud de la comunidad, MSF está ayudando a que los partos sean más seguros para las mujeres afganas.
 
“Dar a luz debería ser un momento de felicidad, no de tristeza. Por esto estamos aquí, y por eso hacemos este trabajo. Ninguna mujer debería morir como consecuencia de un parto,” afirma la Dra. Caluwaerts.
 

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