"Los niños sirios se merecen una mayor protección ante un futuro complicado. Y este es un campo donde MSF tiene un valor añadido actualmente."

Sara FerrerCoordinadora médica de MSF en el norte de Siria
09.03.2017
MSF aboga por potenciar programas preventivos de inmunización e incrementar las campañas de vacunaciones de choque ante casos de infecciones, acciones que han quedado en un plano secundario para los actores médicos y humanitarios que trabajan en el país en conflicto.
 
Sara Ferrer (Barcelona, 1954), enfermera de profesión, ha trabajado casi diez años para Médicos Sin Fronteras (MSF). Empezó su carrera en la República Democrática del Congo, “un auténtico campo de entrenamiento”. Allí los brotes repentinos de enfermedades como el sarampión, cólera o meningitis obligaban a rápidas movilizaciones de emergencia. Tras un recorrido profesional por varios países africanos y también en Yemen, Ferrer es actualmente coordinadora de los proyectos médicos que MSF tiene en zonas de la gobernación de Alepo, en el norte de Siria.
 

¿Por qué es tan importante centrar esfuerzos en vacunar a la población infantil en Siria?

 
La guerra en Siria nos ha dejado estampas terribles a causa de la violencia, pero también efectos secundarios graves que pasan desapercibidos. Desde que se intensificó el conflicto en 2012, la gran mayoría de los niños que han nacido en muchas partes de Siria están sin vacunar y esto es muy preocupante. Entre que ha habido desplazamientos masivos de población de un lugar a otro y que las autoridades médicas y organizaciones no gubernamentales (ONG) no han podido centrar sus esfuerzos en estas actividades o no tienen recursos para ello, lo máximo que han recibido algunos niños son una o dos dosis en campañas aisladas. La población infantil siria no está preparada para toda una serie de enfermedades que se pueden prevenir como el sarampión, la rubeola, el tétanos o la neumonía.
 
Antes de la guerra se vacunaba con normalidad en Siria, pero ahora nos encontramos ante un problema bastante generalizado, sobre todo en las zonas controladas por la oposición donde estamos trabajando y que son las que mejor conocemos. En estos momentos no tenemos acceso a zonas controladas por el Gobierno de Siria a pesar de haber solicitado permiso, pero según autoridades médicas con operaciones allí sí que hay alguna campaña, mientras que en zonas controladas por Estado Islámico la información que hemos obtenido tras supervisar la condición de los niños desplazados que vienen de algunas zonas que estuvieron bajo su control es que no están vacunados.  No sabemos si se trata de algo generalizado.
 

¿Se han documentado muchos casos de estas infecciones? ¿Tan preocupante es?

 
Se han documentado casos, aunque faltan datos consolidados, y de momento han sido tratados a tiempo. El  EWARN (Sistema de Alertas Tempranas, dependiente de las autoridades de Sanidad) reporta casos por todo el país (en las gobernaciones de Raqa, Idlib, Alepo, zonas rurales de Damasco…). Por el momento son limitados pero ocurren en muchas zonas.  
 
 
El riesgo que corremos es que se junten factores como una falta generalizada de inmunización y desplazamientos masivos de población, dado que algunas de estas infecciones se transmiten por el aire, y nos veamos en situación de que las infecciones se expandan en forma de epidemia que no podamos controlar. Durante el invierno la gente opta por no moverse mucho debido al frío, pero con la llegada del buen tiempo es esperable que haya gente que intente regresar a sus lugares de origen, allí donde el conflicto ha cesado, como en la ciudad de Alepo, o a zonas de Al Bab cuyo control está cambiando de manos en el marco de una ofensiva.
 

¿Qué está haciendo MSF?

 
Por un lado, en nuestro hospital de Al Salamah (distrito de Azaz, gobernación de Alepo) llevamos a cabo desde hace varios años un programa ampliado de inmunización expandida (PAI) que tiene lugar una vez por semana. En julio del año pasado empezamos también a enviar equipos a los campos de desplazados de la parte norte para frenar el riesgo de brotes de infecciones. Nos concentramos en una zona donde estimamos que viven actualmente unas 200,000 personas de las cuales el 17% son menores de cinco años (unos 34,000).
 
Es un proceso que incluye tres rondas y aún estamos trabajando en ello en colaboración con otros actores humanitarios que se encargan de implementar la vacunación, mientras que MSF suministra las vacunas, asegurar el mantenimiento de la cadena de frío mediante  un proceso de supervisión y entrena al personal vacunador. Por otro lado, en el último año hemos lanzado dos campañas específicas de vacunación de sarampión, la última de ellas en enero después de que en el campo de Shamareek se confirmaran siete casos. La vacunación fue liderada por MSF y a la campaña se sumó también la Organización Mundial de la Salud (OMS), junto con organizaciones médicas locales. En doce días fueron vacunados 6,540 niños menores de 15 años, el 93% del objetivo.
 
En estos momentos estamos estudiando la posibilidad de ampliar nuestras acciones a otros lugares. En tres distritos de la zona rural del norte de la gobernación de Alepo donde estamos trabajando estimamos que hay unos 143,000 niños menores de cinco años. 
 

¿Qué problemas se encuentran nuestros equipos a la hora de vacunar?

 
Con algunas comunidades nos hemos topado con algo de resistencia, bajo la creencia de que vacunar no es bueno. Por tanto, el trabajo de los equipos de promoción de salud es fundamental, hablar con las madres para que comprendan los beneficios de estas medidas preventivas en sus hijos. Por lo general la aceptación es buena y aquellas familias que tienen varios hijos y ya han pasado por esto se suman rápidamente y comprenden la necesidad.
 
 

¿Por qué no hay más organizaciones vacunando en Siria?

 
Son programas que cuestan mucho a nivel de recursos humanos y que son caros. Tampoco es fácil conseguir las vacunas ni mantener la cadena de frío, necesaria para que no se estropeen.  Esto nos sucedió por ejemplo en la ciudad de Alepo. Era imposible introducir allí vacunas por el estado de sitio que hubo entre julio y diciembre de 2016 y en caso de que hubiéramos podido, no teníamos un supervisor especializado que pudiera ofrecer garantías de que se mantenía la cadena de frío y, por tanto, la calidad de las vacunas.
 

¿Qué se debería hacer?

 
Creemos que la OMS, otras agencias de la ONU y otros actores médicos deberían presionar para que aumentara la cobertura de población en las vacunaciones. Se están dando pequeños pasos, como un programa de inmunización para niños menores de un año en las gobernaciones de Hama e Idlib. Pero no es suficiente. Los niños sirios se merecen una mayor protección ante un futuro complicado. Y este es un campo donde MSF tiene un valor añadido actualmente.
 
Entre julio de 2016 y febrero de 2017, MSF ha vacunado un total de 35,907 niños menores de cinco años en cuatro distritos de la gobernación siria de Alepo, en el marco de un programa ampliado de inmunización expandida (PAI). También han sido vacunadas de  tétanos 5,733 mujeres en edad de procrear (entre 15 y 45 años de edad). Además, MSF lleva a cabo otras campañas de vacunación en otras gobernaciones de Siria.
 

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