15.05.2017
Durante las últimas dos semanas, sursudaneses del campo de desplazados de Aburoc han comenzado a atravesar de forma masiva la frontera hacia Sudán. Muchos llegan al cruce fronterizo gravemente deshidratados y necesitan atención médica de emergencia.
 
Mientras la crisis se extiende en el antiguo estado del Alto Nilo, más de 20,000 personas han huido de las terribles condiciones de vida y de los combates que asedian el campo de desplazados de Aburoc, en Sudán del Sur, para dirigirse a los campos de refugiados cada vez más atestados de Sudán. Mientras que muchas de las 18,000 personas que quedaron atrás se disponen a seguir la carretera hacia el norte, otras permanecerán en Aburoc, aguardando la llegada de agua limpia, comida y refugio.
 
Nos vamos principalmente por la inseguridad y la falta de comida y agua. En Sudán estamos un poco mejor porque estamos recibiendo ayuda. Y yo ahora estoy con mi familia”, cuenta un refugiado recién llegado a Sudán.
 
Mantuvimos nuestras operaciones en Aburoc cuando, hace dos semanas, los combates comenzaron cerca de Kodok y el campo recibió 20,000 personas. Durante la mayor parte de la emergencia, un hospital de campo que proporciona atención primaria y secundaria permaneció abierto tratando una serie de enfermedades como la diarrea aguda.
 
“La mayoría de las personas que vemos en Aburoc han empaquetado sus pocas pertenencias y solo esperan encontrar espacio en un camión que salga hacia el norte. Casi todos los que se van se han visto obligados a abandonar sus hogares y ya han tenido que desplazarse varias veces en el pasado” señala Marcus Bachmann, nuestro coordinador general en Sudán del Sur.
 
 
Muchos de ellos eran originarios de Malakal, se trasladaron por motivos de seguridad a la ciudad de Wau Shilluk y, cuando ésta fue atacada a principios de año, huyeron a Aburoc. Otros llegaron al campo de desplazados desde el cercano pueblo de Kodok hace dos semanas, tras el estallido de los combates.
 
“Esta es simplemente un área en toda una región en proceso de desestabilización. A lo largo de la última semana, los combates se han extendido a lugares como Tonga y Kaka, obligando a más gente a huir hacia el norte”, añade Bachmann. "Pronto veremos a muchas otras comunidades forzadas a emprender la ruta hacia el norte. Muchos de los que todavía permanecen en Aburoc se quedarían si las condiciones mejoraran”.
 

Poca agua y precios altos

 
Hasta hace muy poco, la población congregada en Aburoc sobrevivía con un máximo de 21,000 litros de agua diarios procedentes de tres bombas de mano. Esto equivale a tan solo 1,1 litros por persona, lo que está por debajo de la cantidad mínima diaria necesaria para la supervivencia, 2,5 litros. La potabilidad del agua también supone una preocupación, ya que tanto seres humanos como animales defecan abiertamente en las inmediaciones de las bombas de agua.
 
El mercado de Aburoc está empezando a recibir alimentos procedentes de Sudán, pero a precios tan inflados que solo muy pocos pueden pagar. Ahora están empezando a desplegarse otras organizaciones humanitarias en la zona, pero se trata de una carrera contrarreloj para ayudar a los desplazados antes de que lleguen las fuertes lluvias y hagan imposible el transporte de ayuda humanitaria.
 
“Por desgracia, hemos recibido informaciones sobre muertes entre las personas que emprendieron la marcha a pie de 250 kilómetros la semana pasada. Muchos llegan a la frontera con Sudán enfermos y agotados, y sufren deshidratación, diarrea y desnutrición,” describe Bachmann. “El campo fronterizo de Khor Waral en Sudán ya cuenta con más de 30,000 refugiados registrados oficialmente, y 20,000 más están a la espera de ser procesados. El hacinamiento ya supone un problema, porque la capacidad planificada del campamento era inicialmente para solo 18,000 personas”.
 
Desafortunadamente, la disponibilidad de agua es escasa, y el suministro de saneamiento, refugios y artículos de primera necesidad (incluyendo láminas de plástico, utensilios de cocina y limpieza y artículos de higiene) sigue sin satisfacer las necesidades. Esto podría tener consecuencias para la salud de los recién llegados.
 
Ya gestionamos un hospital en el estado de Nilo Blanco, en Sudán. Cuando se declaró la emergencia, enviamos un equipo de 30 profesionales sanitarios a Khor Waral para trabajar en estrecha colaboración con las autoridades sudanesas.
 
 

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