07.08.2017
En respuesta al editorial publicado el 6 de agosto por Ernesto Galli della Loggia, titulado: "La elección entre Italia y los contrabandistas”, queremos explicar por qué es posible salvar vidas en el mar respetando la ley y sin perjuicio de la independencia humanitaria.
 
Como Médicos Sin Fronteras (MSF) trabajamos en el mar Mediterráneo después de los trágicos naufragios de 2015 y desde entonces operamos en cumplimiento de las leyes, bajo la coordinación de la Guardia Costera italiana. Participamos de manera constructiva en la consulta del Código de Conducta, y hace un año propusimos un Memorando de Entendimiento a las autoridades italianas para coordinar mejor las actividades de rescate. Desafortunadamente, este Código no tiene la prioridad de salvar vidas (incluso amenaza con reducir la capacidad actual) y quiere involucrar a las ONG en un sistema institucional que no tiene una finalidad puramente humanitaria.
 
Sin embargo, los principios de independencia, neutralidad e imparcialidad, reconocidos internacionalmente, son reales y tienen implicaciones muy prácticas: el demostrar que tenemos el único objetivo de proporcionar asistencia nos garantiza tanto el acceso a las poblaciones vulnerables, como la seguridad de nuestros equipos en todo el mundo. Por esta razón, la acción humanitaria debe ser siempre distinta - en hechos y percepción - de cualquier actividad de investigación o político-militar. Está claro que MSF no tiene ningún problema con aceptar la presencia de la policía a bordo, hecho que ya sucede en cada cada desembarco. Pero en ninguno de los 70 países en los que trabajamos, aceptamos armas en nuestros proyectos. Es una condición esencial que desde hace 46 años pedimos que sea respetada por las fuerzas policiales, los ejércitos y las milicias armadas, en las áreas más conflictivas del planeta y tanto en zonas de guerra como en entornos de paz. El Mediterráneo no está en guerra. Pero el número de muertes corresponden a los de una guerra (una vida se pierde cada dos horas). Y es un contexto militarizado, con fragatas italianas y de otros países, la Guardia Costera Libia (que el año pasado nos disparó en aguas internacionales) y traficantes armados.
 
Y ahora Italia ha hecho un acuerdo con Libia, una Libia inestable e inhumana que no puede ser parte de ninguna solución. En el mar vemos un sufrimiento indescriptible. Pero si los traficantes tienen un margen de acción, no es gracias a las ONG. Las políticas europeas han cerrado todas las vías legales para buscar protección en Europa, obligando a miles de personas desesperadas a depender de los contrabandistas, a terminar en el infierno de los centros de detención libios y a arriesgar sus vidas a las puertas de Europa. Sin que los estados europeos hagan nada para ayudarlos. Estamos en el mar para apoyar a Italia en la obligación - para nosotros el deber - de salvar esas vidas.
 
Sin embargo, somos nosotros y quienes nos defienden por llevar humanidad, como Roberto Saviano, los que terminamos en el banco de los imputados. Desde siempre hemos salvado vidas respetando la ley. El Código no es una ley. No tenemos que elegir entre Italia y los traficantes. Como siempre nuestra única elección es estar del lado de las víctimas, hoy de quienes huyen de un peligro extremo o una necesidad, cruzando el mar porque no tienen otra opción.
 
Loris De Fillippi, Presidente de MSF Italia

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