31.10.2017
La propagación de la hepatitis E en la región de Diffa (sureste de Níger) se ha reducido desde que Médicos Sin Fronteras (MSF) empezó a detectar y tratar casos a principios de 2017. También desde que el ministerio de Salud declaró oficialmente el brote de esta enfermedad a mediados del pasado abril.  
 
La enfermedad, que comparte síntomas con otras afecciones más comunes, normalmente no tiene consecuencias graves; pero cuando afecta a mujeres embarazadas las probabilidades de ser mortal son muy elevadas. Una combinación de una búsqueda activa de casos, el trabajo con voluntarios a nivel comunitario, un protocolo médico y un diagnóstico más rápido ha permitido reducir la tasa de mortalidad. 
 

“Al principio veíamos muchos casos y muchas muertes”.

 
El Dr. Roamba, un obstetra y ginecólogo de MSF, está tratando en Diffa casos de hepatitis E. A mediados del pasado abril, el Ministerio de Salud declaró un brote de esta enfermedad. “Al principio veíamos muchos casos y muchas muertes”, recuerda el Dr. Roamba. Los equipos médicos de MSF comenzaron a sospechar que se encontraban ante una enfermedad inusual cuando los pacientes, en su mayoría mujeres embarazadas, empezaron a acudir al hospital a principios de 2017 en un estado grave, a menudo en coma, y se registró una alta tasa de mortalidad. 
 
La enfermedad- que se transmite por el agua, afecta al hígado y puede ser fatal si no se trata oportunamente- nunca se había diagnosticado en Diffa. Pero el conflicto entre Boko Haram y los ejércitos nacionales de la región ha conducido a más de 247,000 personas desplazadas en los asentamientos a lo largo de la frontera entre Níger y Nigeria. Estas condiciones proporcionan un entorno ideal para la propagación de enfermedades como esta. Más de 40 personas han muerto de hepatitis E en la región. 
 
Desde que el brote fue declarado, MSF y el Ministerio de Salud han tratado a casi 1,400 personas de hepatitis E en nuestros centros y puestos de salud, así como en aldeas y clínicas. Y se han ocupado de más de 350 de los casos más severos en el centro de salud materno-infantil, apoyado por MSF. Desde el principio de la respuesta por parte de todas las organizaciones humanitarias y el Ministerio de Salud, la tasa de mortalidad ha decaído del 29%, registrada el 25 de abril, al 1.91%, del 12 de octubre, según las últimas cifras de OCHA. 
 
 
 
El Dr. Roamba asegura que los voluntarios a nivel comunitario y la respuesta en agua y saneamiento de las organizaciones humanitarias ha sido fundamental para reducir la tasa de morbilidad de la hepatitis E. 
 
El enfoque comunitario de MSF prevé que el personal médico y de saneamiento imparta formación a voluntarios para que puedan reconocer los síntomas de la enfermedad, mantengan limpios los hogares y espacios públicos y aseguren que las personas están bebiendo agua limpia. Gracias a la difusión de este mensaje, las comunidades han podido derivar rápidamente a las personas que presentaban síntomas de hepatitis E a los centros de salud administrados por MSF en los asentamientos. Y desde allí, al centro de salud materno-infantil en Diffa a los que presentaron complicaciones médicas. Como resultado, el número de casos graves que llegan al hospital se ha reducido drásticamente.
 
“Desde que identificamos la causa como hepatitis E, hemos visto un gran cambio”, afirma el Dr. Roamba. “Fallecen muchos menos pacientes, porque llegan aquí en mejores condiciones [que antes]”.
 
La presencia de hepatitis E en la región de Diffa pone de manifiesto las precarias condiciones de vida a las que se enfrentan los refugiados y las personas desplazadas, y la necesidad de prestar asistencia humanitaria urgente a los afectados por el conflicto. Muchos de ellos han sido desplazados más de una vez, escapando de los combates solo para tener que volver a huir a medida que cambian las líneas del frente. Un contexto de seguridad tan volátil crea un ambiente difícil para los actores humanitarios, y despierta el fantasma de la existencia de brotes más letales en comunidades aisladas de la atención médica.
 

MSF en Diffa

 
Desde finales de 2014, MSF trabaja en la región de Diffa para ayudar a las personas que huyen de la violencia relacionada con la presencia del grupo Boko Haram y la intervención militar en la región. MSF presta asistencia médica y psicológica gratuita en once  centros y puestos de salud en la región. Por otra parte, la organización apoya el suministro de agua potable, la construcción de letrinas y la distribución de artículos esenciales en varias aldeas y lugares donde se han congregado personas desplazadas, refugiadas y repatriadas.
 
Además, MSF apoya al Ministerio de Salud en dos hospitales: el hospital de Nguigmi, el centro de salud materna y pediátrica principal en la ciudad de Diffa y el hospital de Maine Soroa. En los hospitales, MSF trabaja en las unidades de salud reproductiva y pediátrica, y ofrece apoyo a los servicios de salud mental. En el hospital de Nguigmi el equipo también atiende a niños que padecen desnutrición aguda grave.
 

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