A finales de 2014, Citlali estuvo trabajando en Foya, Liberia, donde nuestros equipos están ofreciendo servicios sanitarios integrales que contemplan atención médica, actividades de difusión y educación, promoción de la salud, formación y seguimiento.

Dra. Citlali BarbaMédica especialista en urgencias, Ciudad de México
29.10.2014
Hace apenas unos días que nuestro EMC (Ebola Management Center, por sus siglas en inglés) me mantenía ocupadísima. Unas 300 personas dedicadas a hacer todo lo posible por disminuir la mortalidad de nuestros pacientes con Ébola sin comprometer la seguridad del personal. Las entregas de guardia siempre puntuadas por cuales eran los pacientes más graves y la estrategia a seguir para que sobrevivieran.
 
Y hoy, los dos médicos miramos boquiabiertos nuestro pizarrón vacío. Nos quedamos sin pacientes.
 
Tarjetas vacías donde se enumeran hace sólo ocho semanas más de 100 nombres © MSF
 
 
Es cierto que el médico es uno de los únicos profesionales que lucha sin descanso para quedarse sin trabajo, y en este tipo de proyectos, es aún más cierto. Pero, hace solo una semana que no teníamos descanso, que pasábamos el tiempo tratando de optimizar las entradas a la zona de alto riesgo para darles el máximo de tiempo a demasiados pacientes en condiciones terribles. Y resulta difícil de creer que hoy en la mañana dimos de alta al último y sonriente paciente que salió caminando con su carta de “negativo para Ébola” en la mano, dispuesto a continuar su vida. Y su trabajo, pues el último paciente que tuve hoy es un miembro de nuestro equipo. Él trabaja en el equipo de enterramientos. Uno de los trabajos más tristes y pesados en este tiempo.
 
Entre nosotros, no dejamos de repetirnos que es muy pronto para cantar victoria. Que otros centros han estado en esta misma situación meses atrás, solo para verse inundados por más de 100 pacientes sólo unas semanas después. Y es que al “normalizarse” la situación en los pueblos, las actividades normales se retoman, por supuesto. Abriendo fronteras, mercados, escuelas... Con la consecuencia que al haber más movimiento entre las ciudades y países, los contactos aumentan. Y con esto, por supuesto, nuestro temor de que las infecciones regresen. El regreso a una vida normal deberá ser cuidadosamente monitoreado.
 
Pero es difícil no sucumbir al entusiasmo, no pensar: ¿y si esta vez sí lo logramos? ¿Y si esta vez sí estamos vislumbrando el posible fin de esta terrible epidemia, por lo menos aquí al norte de Liberia?
 
Sé que en el resto de los Centros de Tratamiento de Guinea y Sierra Leona siguen inundados de pacientes. Pero por hoy en Foya nos permitimos un poco de esperanza y pienso que por primera vez en lo que va de la misión, regresaré a la base de MSF aún con algo de luz solar en el cielo y a tiempo para la cena. 

Entradas relacionadas