31.10.2017
Cientos de miles de personas se vieron desplazadas de sus hogares debido a la violencia ocurrida en la región de Kasai, en el centro de la República Democrática del Congo, durante el último año. La coordinadora médica de MSF en Kasai, Cruz García, describe los efectos de la crisis en la salud de la población.
 
"Al caminar por Tshikapa, la capital de la provincia de Kasai, no se perciben señales evidentes de las decenas de miles de personas que allí han encontrado refugio. No hay grandes campos de acogida; en su lugar, los desplazados han encontrado cobijo en casas de familiares, iglesias o habitaciones alquiladas. Pero esta relativa normalidad es engañosa, ya que la región está en el centro de una crisis que ha sido muy ignorada por el mundo exterior.
 

Necesidades médicas desatendidas

 
Hasta hace poco más de un año, la región de Kasai era un lugar pacífico en el medio de un país propenso a la inestabilidad crónica. En agosto de 2016, estalló la violencia y sus repercusiones aún se sienten. Ha habido, por ejemplo, una alta prevalencia de desnutrición infantil o episodios de violencia sexual contra las mujeres. La violencia ha dejado además una sociedad fragmentada con numerosas necesidades médicas y humanitarias que no están pudiendo ser atendidas, pues el sistema de salud ha perdido gran parte de su funcionalidad.
 

Niños con desnutrición severa

 
Después de huir de sus hogares, muchas familias se escondieron con sus hijos en el bosque o en el campo para salvarse de los ataques de los grupos armados, expuestos a enfermedades como la malaria y con muy poco para comer. En Tshikapa, los servicios están saturados y los precios de los alimentos han aumentado mucho. Nuestros equipos han visto muchos niños con marasmo [una forma de desnutrición severa] en Tshikapa y en la zona rural.
 
En los centros de alimentación terapéutica apoyados por MSF, las familias desplazadas llegan regularmente con sus hijos, a veces con la esperanza de obtener algo para llenar sus estómagos después de varios días sin comer.
 
 

Las zonas mineras, duramente golpeadas

 
Aunque la violencia parece haberse reducido, el regreso a la vida normal es lento y complicado. La crisis ha afectado diferentes áreas de diferente forma. En los lugares donde las actividades económicas eran más diversas e incluían agricultura, las personas se las arreglan mejor. En las áreas donde la única actividad era la minería, que en muchos casos se interrumpió, las personas han sido menos capaces de conseguir suficiente comida.
 
En estos lugares, hemos encontrado una mayor prevalencia de desnutrición infantil, incluidos casos de kwashiorkor, donde los niños desarrollan edemas porque carecen de ciertos nutrientes.
 

Vivir con miedo

 
La salud mental es otro asunto importante. Los mecanismos de defensa psicológica se han visto afectados al vivir en un estado de miedo después de todo lo que ha sucedido. Recientemente hemos recibido varias víctimas de violencia sexual que solo han acudido a recibir tratamiento meses después cuando están embarazadas o han contraído una enfermedad de transmisión sexual.
 

Víctimas de violación

 
Siempre insistimos en la urgencia médica de los primeros tres días después de un incidente de violencia sexual, pero el tratamiento debe ir mucho más allá. Las familias a menudo ocultan el hecho de la violación debido al estigma asociado a ella, por lo que es importante tratar de evitar que las supervivientes de violación sean doblemente castigadas al ser rechazadas también por la sociedad.
 

Estos episodios a veces implican violaciones colectivas, torturas y otras situaciones horribles. 

Traumatizada

 
Una niña de 13 años llegó al hospital acompañada de su madre. Al huir del hogar, el padre fue capturado por cinco milicianos y decapitado frente a ellas. La niña fue violada por al menos tres de los milicianos, que la dideron por muerta. Sin embargo, sobrevivió, y pudo escapar con su madre y llegar a Tshikapa. Asustada de que pudiera estar embarazada y traumatizada por sus experiencias, llegó al hospital.  El test de embarazo fue negativo, pero resultó ser positiva de VIH/sida y le informamos de que debería comenzar un tratamiento.
 
 

Un sistema sanitario muy afectado

 
La violencia ha dejado un sistema de salud, que ya era frágil antes de la crisis actual, muy afectado. La mitad de los centros de salud que hemos visitado en las áreas rurales han sido saqueados, quemados o destruidos. Algunos trabajadores de la salud han regresado al trabajo, pero no hay medicamentos ni materiales suficientes, y hay escasez de profesionales capacitados. Queda mucho por hacer".
 
Los equipos médicos móviles de MSF viajan a pueblos y aldeas de la provincia de Kasai para tratar a personas que necesitan atención médica, en particular niños desnutridos, y reabastecer a los centros de salud locales con medicamentos y materiales. MSF también apoya tres centros de salud y un hospital en  la ciudad de Tshikapa. Entre junio y septiembre de 2017, los equipos de MSF en la provincia de Kasai realizaron más de 5.000 consultas pediátricas, más de 200 cirugías y han tratado a 155 personas por lesiones relacionadas con la violencia y a 30 víctimas de violencia sexual. Además, casi 1,000 niños menores de cinco años fueron tratados por desnutrición severa.
 
En la provincia de Kasai central, MSF ha estado apoyando al Hospital Provincial de Kananga desde abril de 2017 y también ha establecido un servicio de asistencia a víctimas de violencia sexual en junio.
 

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