09.08.2017
Rachel se mece suavemente en el regazo de su madre, observando inexpresiva a las mujeres que cargan con sus bebés recién nacidos a la espalda, mientras se dirigen hacia un centro de salud de Kalonge, en Kivu del Sur, en la República Democrática del Congo (RDC). Parece demasiado pequeña para los tres años de edad; su piel arrugada y sus ojos caídos enturbian el brillo de la infancia. 
 
La malnutrición está muy extendida en la RDC, donde unos dos millones de niños se ven afectados gravemente según los datos de UNICEF. Lugares como Kivu del Sur, que están saliendo de décadas de conflicto pero todavía no en paz, se ven especialmente afectados por las consecuencias de que un sinfín de agencias humanitarias que mantenían la crisis bajo control hayan ido abandonado el país en los últimos años.
 
Rachel está aquí con su madre, Alphonsine, para recoger su ración semanal de Plumpy Nut, una pasta terapéutica enriquecida con los nutrientes esenciales destinada a los niños que padecen malnutrición aguda severa. Está sentada junto a veinte personas más que se han establecido discretamente en una tienda instalada por Médicos Sin Fronteras (MSF), donde cada semana el personal de salud sigue la evolución de los niños que están bajo tratamiento. 
 
Ubicado entre suaves colinas de color verde, el centro de nutrición no casa con el paisaje. No fue hasta una campaña masiva de vacunación contra el sarampión en esta parte de la RDC que los equipos de MSF descubrieron una increíble cantidad de niños gravemente malnutridos. 
 
“La situación superó con creces los umbrales de emergencia, con tasas de malnutrición aguda grave del 3% en muchas localidades”, afirma Francisco Otero y Villar, jefe de misión de MSF en Kivu del Sur. “Los desplazamientos internos a gran escala en la región, una temporada agrícola muy pobre y la escasa presencia de los agentes que prestan ayuda obligó a MSF a intervenir para controlar esta emergencia que iba creciendo en silencio”.
 

Violencia crónica 

 
Es posible que el conflicto a gran escala de Kivu del Sur haya menguado en los últimos años, pero todavía reina la inseguridad en amplias zonas de la región. La Guerra del Congo de finales de 1990 ha dejado en su estela una letanía de grupos armados: una fuente de constante inestabilidad en la región. Los enfrentamientos entre ellos y el ejército nacional, o entre los propios grupos armados, estallan con frecuencia. Durante estos incidentes, familias enteras huyen a los pueblos vecinos y se refugian con cualquier persona dispuesta a aceptarlas o se ven obligadas a pasar varios días en los bosques y regresar cuando la situación se calma. Estos frecuentes desplazamientos afectan gravemente a la capacidad para cultivar o promover un comercio estable, sumiéndolos todavía más en una peligrosa espiral de vulnerabilidad. 
 
Los enfrentamientos esporádicos entre los grupos armados han obligado a Alphonsine y a su familia a abandonar su hogar en ocho ocasiones, la más reciente, la noche antes de que llegase al centro de nutrición con Rachel. Crecían los rumores de que un grupo armado estaba planeando atacar el campamento militar de su pueblo y decidieron correr a refugiarse en el bosque, donde pasaron la noche durmiendo a la intemperie con otras cuatro familias de la aldea. Por la mañana, con Rachel a la espalda, avanzó a duras penas por las colinas arriba y abajo durante dos horas hasta llegar al centro de salud. 
 
Tras recoger el saco de Plumpy Nut, Alphonsine explica que tiene que volver al hospital de su pueblo, donde su hijo está ingresado para ser tratado de malaria. Cuenta que, una vez allí, valorará si la situación en el pueblo es segura para que el resto de la familia regrese. 
 
 

La inseguridad alimentaria 

 
Son muchos los factores que causan la inseguridad alimentaria de la región. La mayoría de las personas, por ejemplo, no poseen tierras propias y se ven obligadas a trabajar para otras, una labor errática que, en el mejor de los casos, se paga con poco más de un dólar al día. En otras ocasiones, las familias desplazadas ofrecen mano de obra a cambio del acceso a alimentos y servicios. 
 
“Desde que mi hijo está en el hospital, me veo obligada a trabajar como encargada del hospital para pagar el coste del tratamiento", dice Alphonsine. La atención sanitaria no es gratuita en la RDC y una sola consulta puede acabar con las ganancias de un día para la mayoría de las familias. El país es uno de los más pobres del mundo y la inseguridad que prevalece en determinadas áreas impide los desplazamientos y hace que el acceso a los servicios sanitarios sea extremadamente difícil. 
 
Sin embargo, algunos servicios básicos de salud se prestan de forma gratuita, entre ellos los tratamientos de nutrición. No obstante, en la mayoría de los centros de salud de Kalonge que cuentan con el apoyo de MSF, el personal declara que rara vez recibe suplementos para el tratamiento de la malnutrición aguda grave. Por tanto, aunque poseen capacidad para diagnosticar el problema, tienen poco que ofrecer en términos de tratamiento. 
 
A las dificultades de los agricultores de la región se añaden las precipitaciones por debajo de la media registradas este año y una plaga de gusanos que está asolando el sur de África. Muchos también refieren que la producción agrícola se ha ido desplomando progresivamente a lo largo de los diez últimos años. “El suelo está agotado”, se lamenta un agricultor de la región. "Y no podemos permitirnos comprar fertilizantes”. 
 

La presencia limitada de los agentes que prestan ayuda 

 
Durante mucho tiempo, las agencias humanitarias que trabajan en la seguridad alimentaria y sanitaria garantizaron la seguridad en la zona, pero en los últimos años, muchos han reducido sus operaciones en la región. Para MSF, que ha apoyado varias estructuras sanitarias en la región durante más de ocho años, la decisión de abandonar el lugar viene motivada por la necesidad de concentrar sus medios limitados en las zonas más gravemente afectadas por la violencia y la inseguridad. 
 
Sin embargo, la región todavía no es lo suficientemente segura como para atraer asistencia para el desarrollo a largo plazo. Aunque los esfuerzos globales para trascender la brecha entre desarrollo y ayuda humanitaria siguen aumentando y recientemente se han formalizado bajo la iniciativa emblemática del antiguo secretario general de la ONU Ban Ki-moon, la New Way of Working, en lugares como Kalonge este paso todavía no se ha traducido en ver resultados concretos. 
 

La respuesta de MSF 

 
MSF se centra en las zonas especialmente amenazadas por la violencia en la región, pero mantiene un equipo que responde regularmente a las emergencias médicas en Kivu del Sur. En Kalonge, como la situación empieza a estabilizarse, MSF se ha ido retirando gradualmente, proporcionando existencias de alimentos terapéuticos a los centros de salud para tratar a niños con malnutrición aguda severa. En los dos meses que MSF estuvo presente, 879 niños se recuperaron de una malnutrición grave y otros 243 están en tratamiento. 
 
 
Alphonsine es un reflejo de la decepción de muchas personas como ella ante la decisión de MSF de abandonar el lugar. “La desesperación se volverá a apoderar de mí”, dice. "Haré lo que haga falta por mis hijos, pero no estoy contenta con la decisión de que MSF se marche y no sé a dónde acudir”. 
 
Para MSF, la decisión de abandonar es difícil, pero las necesidades en un país como la RDC son tan grandes que la organización se ve obligada a centrar sus recursos limitados en actividades que puedan salvar un número máximo de vidas. Después de curar a los niños con mayor riesgo de muerte, MSF hace un llamamiento a otros agentes para que cojan el testigo. 
 
 “La crisis de nutrición en Kalonge es crónica y requiere una respuesta integral”, dice Francesco Otero y Villar. “En la perspectiva a corto plazo, los centros de salud necesitan comenzar a recibir suplementos habituales que les permitan tratar los casos de malnutrición severa y moderada, ya sea por parte del Ministerio de Sanidad como enviados por otros socios y donantes. Asimismo, se necesitan urgentemente soluciones a largo plazo para mejorar la seguridad alimentaria, que requiere una mayor implicación de los actores de desarrollo”. 
 

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