18.03.2017
Francis Ronyo, enfermero de Médicos Sin Fronteras (MSF), narra la evacuación del hospital de Wau Shilluk y de los pacientes a causa de los combates. Durante los dos últimos años, Francis ha trabajado como enfermero en el hospital de MSF en Wau Shilluk; él formaba parte del equipo nacional cuando les llegó la orden de evacuar el centro y dirigirse a Kodok.
 
"El 3 de febrero, estábamos de servicio en el hospital de MSF. Los combates se acercaban a la ciudad y la población civil que quedaba había comenzado a huir. Seguimos trabajando hasta que fue demasiado peligroso permanecer en el hospital. 
 
Teníamos pacientes que habían sido ingresados esa misma tarde. Mi equipo no quería dejar atrás a nuestros pacientes. Fue una decisión muy difícil abandonar el hospital mientras seguíamos recibiendo pacientes en estado crítico. Yo era el supervisor de enfermería  en el centro. Decidimos subir a los pacientes en un tractor con remolque para ir con ellos hasta Kodok.
 
 
En el camino vimos gente huyendo en la misma dirección sin agua ni medios de transporte. Recogimos a algunos de los heridos y enfermos. Varios de nuestros compañeros saltaron para hacerles sitio en el remolque. Por desgracia, uno de nuestros pacientes murió en el camino. A medianoche llegamos al hospital de Kodok con 13 pacientes. Cuando llegamos a Kodok, no tenía sitio donde quedarme y terminé durmiendo al raso  con el resto de desplazados de Wau Shilluk. Decidí continuar atendiendo a los heridos y enfermos de la manera que pudiese. Inicialmente empecé ayudando en el hospital que lleva otra organización en Kodok, el centro estaba sobrepasado por todos los pacientes que recibía. Desde el 20 de febrero vengo trabajando en la clínica de MSF en Aburoch proporcionando asistencia médica a las familias desplazadas.
 
Mi futuro es incierto. No sé qué pasará con los que somos de Wau Shilluk. Tengo a mi familia en Yey, en la región de Gran Ecuatoria. Los saqué de aquí en 2014 porque temía por ellos y quería que estuvieran a salvo.  
 
De momento tengo problemas para comunicarme con ellos. La semana pasada pedaleé 45 km para hacer una llamada telefónica a mi esposa e hijos. La red telefónica se cerró en enero y estoy preocupado por su seguridad.
 
La situación aquí no es comparable a la de Wau Shilluk donde vivíamos hace escasas semanas. Aquí apenas hay agua, refugio o comida."
 

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