  |  | 28|feb|2012 Grecia: la ola de frío agravó la situación de los migrantes retenidos en Evros
 | © Julia Kourafa/MSF
| | Miles de migrantes en tránsito se ven obligados a esperar en la región de Evros, cerca de la frontera turca, para ser registrados y poder continuar su viaje o ser repatriados. La reciente ola de frío se sumó a las precarias condiciones de recepción y alojamiento en comisarías fronterizas y centros de detención, agravando el sufrimiento de estas personas.
Las temperaturas extremas de las últimas semanas en el norte de Grecia pusieron a prueba el frágil sistema de recepción de las comisarías de Soufli, Tychero y Feres, y las condiciones de vida en el centro de detención de Filakio, en la región griega de Evros, donde el goteo de migrantes y solicitantes de asilo es constante.
“Los recién llegados pasaron hasta un día entero en las zonas de espera de las comisarías, expuestos a bajísimas temperaturas”, cuenta Antonio Virgilio, coordinador general de MSF en Grecia. “Los migrantes ya habían sufrido las duras condiciones de su viaje hasta cruzar la frontera. Una vez en Grecia, tuvieron que esperar durante horas sin ropa adecuada y seca para protegerse de las gélidas temperaturas. A veces ni siquiera eran examinados por los médicos del Ministerio de Salud”, añade.
Las zonas de espera de las tres comisarías de policía en la frontera de Evros no tienen calefacción ni están acondicionadas para el frío. Al bajar las temperaturas, no se repartieron artículos de primera necesidad como ropa de invierno, sacos de dormir, mantas de supervivencia o kits de higiene entre los migrantes retenidos, que tuvieron que protegerse con lo poco que llevaban encima. “Las condiciones de recepción son inaceptables”, afirma Virgilio.
Ayuda de emergencia
Tras evaluar la situación, un equipo de Médicos Sin Fronteras (MSF) puso en marcha una intervención de emergencia para responder a las necesidades más inmediatas de los migrantes en las comisarías de Soufli, Tychero y Feres, y en el centro de detención de Filakio. El equipo, en servicio las 24 horas, distribuye materiales de primera necesidad y hace el triaje médico de los migrantes recién llegados. Durante los primeros cuatro días de intervención, MSF asistió a 125 migrantes, incluidos mujeres y niños, que llegaban tiritando, exhaustos y algunos con síntomas de congelación.
MSF tiene previsto mejorar las condiciones de recepción de las salas de las comisarías fronterizas para asegurar una mínima protección contra el frío durante las largas horas de espera. Por su parte, las autoridades griegas están construyendo unas nuevas instalaciones, el centro de tránsito de Poros, que estará en funcionamiento a mediados de marzo. En él se registrarán todos los recién llegados y MSF se encargará del triaje medico de los migrantes.
En 2011 fueron detenidos 54,974 migrantes indocumentados y solicitantes de asilo por cruzar irregularmente la frontera de Evros.
En 2011 (entre enero-marzo y agosto-octubre), los médicos de MSF atendieron a 2,689 migrantes en las comisarías de Soufli, Tychero y Feres, y en los centros de detención de Filakio y Venna. Las patologías más comunes fueron infecciones respiratorias, problemas gastrointestinales e infecciones de piel, por las precarias condiciones de vida y el hacinamiento de los migrantes en dichos centros. Los casos más graves, un total de 51, fueron referidos al hospital. Otras 16 personas recibieron primeros auxilios por congelación de extremidades. Los equipos de la organización también repartieron más de 12,300 sacos de dormir, 18,900 pares de calcetines, 5,900 pares de guantes y gorros, y 18,400 kits de higiene entre los migrantes y solicitantes de asilo.
| |
| 28|feb|2012 Malí: bombardeo de un campo de desplazados tuareg en el norte del país
 | © Marianne Viot/MSF
| | El ataque se saldó con dos muertos y nueve heridos. Las víctimas fueron en su mayoría mujeres y niños. Médicos Sin Fronteras apela a las partes en el conflicto a que respeten a la población civil.
Un campo de civiles tuareg desplazados por el conflicto entre el gobierno maliense y el Movimiento Nacional de Liberación Azawad (MNLA), en las afueras de la ciudad de Kidal, fue bombardeado la semana pasada por el ejército.
Un equipo de Médicos Sin Fronteras (MSF) presente en la zona colaboró con el Ministerio de Salud para atender a los afectados y trasladarlos al hospital de Kidal. Once personas resultaron heridas, tres de consideración. Nueve de ellas eran mujeres y niños, de los cuales una mujer y una niña acabaron muriendo a consecuencia de las heridas.
Unas 20 familias tuareg se habían asentado en el campo de Ag Haross Kayone, a unos 20 kilómetros de Kidal, para escapar de los violentos enfrentamientos que desde hace más de un mes se producen en esta región del noreste de Malí. El campo fue bombardeado desde un helicóptero de madrugada, cogiendo a los civiles totalmente desprevenidos.
“Pedimos a todas las partes en el conflicto que restrinjan el uso de la violencia y hagan distinción entre combatientes y civiles”, declara Michel Olivier Lacharité, responsable de proyectos de MSF en Malí.
Poco después del bombardeo, las familias del campo de Ag Haross Kayone abandonaron la zona, lo que ha impedido al equipo de MSF que opera en el norte de Malí hacer el seguimiento de los supervivientes. La organización sigue ofreciendo atención primaria de salud a los desplazados por el conflicto en la región de Kidal.
MSF también trabaja en la región de Sikasso, en el sur del país, donde ofrece asistencia médica a la población desde 2009. Solo en 2011, más de 85,000 niños recibieron atención pediátrica y nutricional.
| |
| 27|feb|2012 “Mucho por mejorar en los campos de refugiados somalíes en Etiopía”
 | © Michael Tsegaye/MSF
| | La crisis nutricional en Somalia tuvo su reflejo en los países vecinos: en Kenia y en Etiopía, adonde miles de somalíes acudieron entre mayo y octubre, huyendo de una sequía atroz que asoló un país que lleva veinte años de conflicto civil continuado. José Luis Dvorak, médico de MSF en Liben (Etiopía), explica la evolución de la emergencia y la situación en la actualidad.
A principios de 2011, Etiopía acogía a 40,000 refugiados procedentes de Somalia. A finales de 2011, más de 142,000. Un éxodo masivo, causado por una terrible sequía que diezmó campos y ganado en un país que lleva 20 años de un conflicto que, lejos de amainar, se recrudece. La cifra, enorme por sí sola, no dice gran cosa de los días, a veces semanas, que los somalíes tuvieron que caminar para cruzar la frontera, sin apenas comida, sin apenas agua. No habla del terrible estado de desnutrición en el que llegaron muchos niños a los campos, no expresa el esfuerzo realizado por las agencias humanitarias para conseguir reducir los niveles de hambre y desahucio y traspasar el umbral en el que la mortalidad infantil se considera una “emergencia” a niveles de cierta normalidad.
Has ejercido en diferentes momentos en los dos últimos años en los campos de Liben.
La primera vez llegué en junio de 2010. Teníamos tres trabajadores internacionales y 35 locales. Llevábamos las actividades nutricionales en los campos de Bokolmayo y Malkadida (40,000 refugiados) y el centro de salud de Dolo Ado.
La siguiente vez que acudí, en septiembre de 2011, el cambio había sido abismal: teníamos 50 trabajadores internacionales y más de 800 trabajadores locales. Para entonces, se habían abierto nuevos campos, el de Kobe y el de Hillaweyn, con 25,000 refugiados cada uno, que habían llegado de Somalia en las peores condiciones y con una cifra de mortalidad muy elevada. Nuestros programas nutricionales llegaron a tener a 13,000 niños enrolados. En septiembre, después de meses de intervención nutricional de Médicos Sin Fronteras (MSF), la cifra de mortalidad se había reducido y al cabo de poco tiempo llegaron a niveles por debajo de lo que se considera una emergencia.
¿Cómo es la situación médica de la población en la actualidad?
Seguimos teniendo niños en centros de estabilización, con desnutrición complicada por otras enfermedades como neumonías o diarreas. Son unos 45 (aunque hay que recordar que en el pico de la emergencia esta cifra era constante de más de 150 niños). Las patologías más comunes entre la población son infecciones respiratorias, diarreas, parásitos intestinales e infecciones de la piel. En la actualidad también estamos desarrollando un programa de salud mental y de vigilancia epidemiológica por parte de trabajadores comunitarios.
¿Cuáles son los retos de trabajar en Liben?
La situación médica de la población es precaria. Tras 20 años de conflicto civil en Somalia, en el que las estructuras públicas de salud en el país son escasas o han sido destruidas, la población no está acostumbrada a utilizar los servicios de salud.
¿Cómo repercute eso en la salud general de la población?
Hemos pasado de una situación de crisis nutricional de emergencia a una crónica. La situación en los campos no facilita que la gente cocine su propia comida: las mujeres tienen que ir a buscar leña al bosque y corren riesgos de ser atacadas en el camino. En otros casos, la comida estandarizada que reciben, con el aporte nutricional necesario, es rechazada y vendida en los mercados para poder alimentarse con comida que les es más cercana por tradición, pero que carece de los nutrientes básicos. Cambiar estos hábitos es difícil y supone todo un proceso de explicación por nuestra parte y reflexión previa por parte del refugiado. Los niveles de desnutrición global ya eran elevados por esta razón antes de la emergencia y se dispararon con el flujo, enorme, de refugiados durante los meses de mayo a septiembre.
¿Cómo se consiguió cruzar el umbral de emergencia?
Una vez llenos los nuevos campos y sin admisión de nuevos refugiados, entonces la tarea fue la de aportar comida, controlar la desnutrición en los niños y realizar tareas de vigilancia epidemiológica para responder a eventuales brotes de enfermedades. En Kobe, con 25.000 refugiados y tasas de mortalidad que llegaron a superar con creces el nivel de emergencia (una muerte por 10.000 personas por día), se tuvo que hacer frente a una epidemia de sarampión (una enfermedad que combinada con desnutrición puede ser letal) y hacer una campaña de vacunación masiva para menores de 15 años.
¿Cómo está la situación ahora?
Estamos en una etapa de estabilización. Las autoridades han traspasado parte de nuestras actividades a otras organizaciones y MSF se quedará con la gestión de los centros de estabilización para los niños en peores condiciones en tres de los cinco campos. Aún así continuamos preocupados porque todavía hay mucho que mejorar en la situación nutricional de la población, en la desnutrición crónica.
Ha habido algo de lluvia en Somalia. ¿Los refugiados desean regresar a su país?
Algunos desean regresar y de hecho lo están haciendo pese a la guerra. Regresan para aprovecharse de las últimas lluvias y tratar de rehacer sus vidas. Aún así, también siguen llegando refugiados, a una media de 70 personas por día a Liben, lejos de los 23,000 mensuales que llegaban el año pasado, pero siguen llegando.
| | 1 2 3 4
|
|
|