  |  | 16|mar|2012 Miles de refugiados de Malí se asientan en el norte de Burkina Faso
 | © Abdelkader Ghanes /MSF
| | Cerca de 20,000 personas se refugian en el norte de Burkina Faso, huyendo de los enfrentamientos en el vecino Malí. En el campo de Mentao, Médicos Sin Fronteras (MSF) distribuye agua y alimentos, y prepara un dispositivo de atención primaria de salud.
Unos 20,000 malienses han huido de los combates que desde mediados de enero están librando el ejército de Malí y los rebeldes tuareg, para refugiarse en Burkina Faso, sobre todo en las provincias fronterizas de Oudalan, Séno y Soum, en el norte del país.
El campo de Mentao, cerca de la ciudad de Djibo, a 45 kilómetros de la frontera con Malí, acoge a 3,000 personas, una cifra que se ha triplicado en tres semanas. “Se ha producido un aumento importante de población refugiada. Esperamos que lleguen entre 5,000 y 10,000 personas más durante las próximas semanas”, precisa Jean Hereu, coordinador general de MSF en Burkina Faso.
En este campo, MSF suministra 50 metros cúbicos de agua potable al día. Los equipos también han hecho una primera distribución de cerca de cinco toneladas de alimentos (arroz, judías rojas y aceite), una operación que repetirá hasta que el Programa Mundial de Alimentos pueda responder a la emergencia. En los próximos días, MSF hará una evaluación conjunta con el Ministerio de Salud de Burkina Faso para estimar el dispositivo médico necesario.
La crisis alimentaria como telón de fondo
Las poblaciones nómadas han encontrado refugio cerca de un afluente del río Níger, a lo largo de la frontera con Malí, lo que les permite acceder al agua que necesitan para su ganado. Pero entre los refugiados también hay muchas personas que ya no tienen la cultura del desplazamiento. Sin recursos, este grupo de población es el más vulnerable.
“Cuando efectuamos nuestra evaluación inicial, la situación sanitaria no era crítica, pero para preservar la salud de las poblaciones refugiadas, es indispensable que puedan tener acceso continuado a agua, alimentos y atención sanitaria. Hay que estar alerta, puesto que la situación podría deteriorarse rápidamente”, explica Daho Moussa, logista de MSF.
Las escasas precipitaciones en la época de lluvias de 2011 han tenido efectos nefastos para las cosechas, los pastos y los niveles de agua de los pantanos. La afluencia de refugiados, y con ellos la llegada masiva de cabezas de ganado, pone en peligro un ya precario equilibrio que puede desencadenar tensiones intercomunitarias. Además, la inseguridad alimentaria que sufre la región es un factor de riesgo tanto para las poblaciones refugiadas como para las autóctonas.
Además del campo de Mentao, las autoridades han oficializado un segundo asentamiento en Férélio, en la provincia de Oudalan, para acoger a los refugiados malienses instalados en el extremo norte del país, a lo largo de la frontera con Malí. Un equipo de MSF compuesto por una coordinadora médica y un logista, se ha desplazado a la zona para evaluar la situación.
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| 16|mar|2012 Médicos Sin Fronteras reclama más atención sobre la enfermedad del kala azar
 | © Anna Surinyach /MSF
| | El estado indio de Bihar ha declarado el 15 de marzo como el Día del Kala Azar para sensibilizar a la sociedad y las autoridades sobre esta enfermedad olvidada. MSF apela a todos los países endémicos a mejorar el acceso a diagnóstico y tratamiento de las personas afectadas.
El estado de Bihar, en el noreste de India, es uno de los principales focos de kala azar (leishmaniasis vi
sceral), una enfermedad tropical olvidada que causa 50,000 muertes cada año en todo el mundo. El Ministerio de Salud de Bihar ha declarado el 15 de marzo el Día del Kala Azar para sensibilizar sobre esta enfermedad olvidada que, si no se trata, es casi siempre mortal. Con motivo de esta celebración, la organización médico-humanitaria Médicos Sin Fronteras (MSF) apela a todos lo países donde la enfermedad es endémica a que mejoren el acceso a diagnóstico y tratamiento adecuado de las personas afectadas.
El kala azar generalmente afecta a las personas más pobres y vulnerables en todo el mundo, no obstante, los retos que supone la enfermedad varían en función del contexto. En África Oriental la enfermedad se ve agravada por brotes epidémicos con una alta mortalidad, la pandemia del VIH/sida y unos sistemas de salud muy deteriorados. En el sureste asiático, algunos medicamentos como los antimoniales pentavalentes ya no resultan efectivos debido en parte a las resistencias desarrolladas por los pacientes que no terminan el curso de tratamiento completo.
"En nuestro proyecto en Bihar solemos atender a pacientes que llevan mucho tiempo enfermos. La mayoría de ellos ha visitado a curanderos tradicionales o clínicas privadas, pero nadie les ha diagnosticado o tratado correctamente. Su búsqueda de curación puede llevarles a una deuda enorme. Para cuando llegan a nosotros, a menudo están en un estado muy crítico", explica Bjorn Nissen, coordinador general de MSF en India.
MSF lleva a cabo un proyecto de diagnóstico y tratamiento del kala azar en el distrito de Vaishali (estado de Bihar) desde 2007. En estos años la organización ha tratado a más de 9,000 pacientes con una tasa inicial de curación del 98%.
En India, como en todos los programas de kala azar que MSF lleva a cabo en el mundo, se ha demostrado que es posible diagnosticar y tratar a los enfermos, con altas tasas de curación incluso en entornos remotos. Ahora los Ministerios de Salud de los países endémicos tienen que implementar estrategias adecuadas para ampliar el acceso a diagnóstico y tratamiento para todas las personas afectadas.
kala azar en india
Luchar contra el olvido
Estrategias diferentes para África y Asia
En el sureste asiático, esto significa poder acceder a nuevos tratamientos con medicamentos más seguros y altamente eficaces, como la anfotericina B liposomal (L-AmB) o terapias combinadas, tal y como recomienda el Comité de Expertos en Leishmaniasis de la Organización Mundial de la Salud (OMS) en su Libro Azul publicado en 2010. Actualmente hay una falta de miltefosina, la primera línea de tratamiento en India y uno de los medicamentos recomendados por la OMS, en algunas áreas endémicas del país. MSF teme que esto pueda dejar a enfermos de kala azar sin tratamientos vitales efectivos y espera que se encuentre una rápida solución.
En África Oriental hay que prestar especial atención a las personas coinfectadas con VIH y kala azar. Actualmente, la mayoría de medicamentos para el kala azar no están registrados en esta región, lo que limita el acceso de las personas afectadas a un mejor tratamiento.
"Esperamos que el Día del Kala Azar en Bihar ayude a destacar las necesidades de los enfermos más vulnerables en su lucha por mejores diagnósticos y tratamientos, tanto en el ámbito nacional como internacional", declara Nines Lima, referente médico de MSF para kala azar. "Hoy, la mayoría de personas que padecen esta enfermedad carecen de acceso a tratamiento. Es una situación inaceptable que debe cambiar".
El kala azar o leishmaniasis visceral es una enfermedad trasmitida por un vector protozoario, y endémica en 76 países del mundo. La incidencia anual se estima entre 250,000 y 300,000 casos, de los cuales, más de un 90% se produce en India, Bangladesh, Sudán, Sudán del Sur, Etiopía y Brasil. Como ocurre con todas las enfermedades olvidadas, el kala azar afecta principalmente a las poblaciones más pobres e invisibles, con poco o ningún poder político. Sin tratamiento, esta enfermedad es mortal en la mayoría de los casos, pero un diagnóstico y tratamiento a tiempo es casi siempre efectivo, incluso en entornos remotos y con recursos limitados.
Desde 1988, MSF ha tratado a más de 100,000 enfermos de kala azar, principalmente en Sudán, Sudán del Sur, Etiopía, Kenia, Somalia, Uganda, India y Bangladesh. En el estado indio de Bihar, MSF trata el kala azar con anfotericina B liposomal, un medicamento seguro y muy efectivo.
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| 14|mar|2012 La ayuda de emergencia a 80,000 refugiados en Sudán del Sur no puede esperar
 | © Robin Meldrum/MSF
| | La inminente llegada de la estación de lluvias dificultará temporalmente el acceso a los campos de refugiados de Doro y Jamam, donde se encuentran miles de personas que huyen del conflicto en el vecino Sudán. MSF alerta de la necesidad de ayuda de emergencia inmediata para garantizar la supervivencia de estos refugiados en los próximos meses.
Desde noviembre pasado, unos 80.000 refugiados del estado sudanés del Nilo Azul se han asentado en dos campos del noreste de Sudán del Sur, una región remota e inhóspita donde las agencias humanitarias se enfrentan a enormes retos logísticos para acceder y asistir a los refugiados. Los recién llegados hablan de bombardeos y enfrentamientos en sus lugares de origen. Han ido hasta los campos de refugiados de Doro y Jamam en busca de un lugar más seguro, pero se han encontrado con unas duras condiciones que han puesto al límite su capacidad de supervivencia.
Médicos Sin Fronteras (MSF) presta ayuda médico-humanitaria en ambos campos desde que se desencadenó la crisis en noviembre de 2011. “Estos refugiados dependen casi exclusivamente de la asistencia humanitaria porque en esta zona escasea el agua y la comida”, afirma Julien Matter, coordinadora de emergencia de MSF. ”El número de refugiados que huyen ha crecido mucho más de lo que cualquiera hubiera imaginado, y en una zona tan remota, proporcionar lo básico para sobrevivir, tanto ahora como en la temporada de lluvias que se avecina, será un reto muy serio”.
Cuando las lluvias empiecen a finales de abril, la región será cada vez más inaccesible y se convertirá en un extenso pantano con pequeños islotes de tierra seca. Todas las organizaciones que ofrecen asistencia en los campos deben centrarse un enfoque de emergencia durante las próximas semanas para poder asegurar la supervivencia de los refugiados en los meses siguientes.
Incluso ahora, ya hay graves carencias asistenciales que impiden cubrir adecuadamente las necesidades más básicas de estos refugiados. En estos momentos están recibiendo menos de ocho litros de agua potable por persona y día, muy por debajo de los estándares mínimos para campos de refugiados, que recomiendan entre 15 y 20 litros. El personal de MSF en las clínicas de los campos es testigo directo de las consecuencias de la falta de agua: los casos de diarrea aumentan continuamente y constituyen en la actualidad una de cada cuatro consultas. Los refugiados deben recibir agua, comida, utensilios domésticos y materiales para cobijo con urgencia, antes de que empiecen las lluvias. Su vida y su salud están en juego.
Suministro de agua en los campos y clínicas móviles en los pueblos fronterizos
Aunque los equipos se concentran en la ayuda médica, también abastecen de agua a los campos, bombeando, tratando y distribuyendo unos 130.000 litros de agua al día. MSF está ampliando su sistema de suministro, pero no puede cubrir todas las necesidades existentes. Otras organizaciones que trabajan en el terreno deberían acelerar sus actividades con urgencia antes de las lluvias.
Además de la asistencia médica en los campos, MSF tiene en marcha clínicas móviles para atender a los varios miles de refugiados más que se encuentran en los pueblos de la frontera con Sudán. La organización ha enviado 180 toneladas de suministros médicos, logísticos y kits de provisión de agua por vía aérea, fluvial y terrestre, y cuenta con 50 trabajadores internacionales y otros 180 locales sobre el terreno. En los hospitales de campaña de los campos, los equipos médicos ofrecen servicios de atención ambulatoria, hospitalización de pacientes, nutrición terapéutica y salud materno-infantil. Cada semana se realizan más de 2.500 consultas y unos 30.000 niños han sido vacunados de sarampión.
Mientras donantes y organizaciones de ayuda están priorizando la cooperación al desarrollo y la asistencia a largo plazo, la respuesta de emergencia es de extrema importancia en el recién independizado Sudán del Sur. Esta crisis de los refugiados pone de manifiesto la necesidad de que donantes y organizaciones de ayuda clave mantengan una capacidad de respuesta a emergencias ante las múltiples crisis que pueden surgir en la frontera de Sudán y Sudán del Sur o en otras zonas de este joven país. En los campos de Doro y Jamam solo un enfoque de emergencia para llevar ayuda urgente puede asegurar la salud y la dignidad de estos refugiados que huyen de la violencia.
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