  |  | 26|abr|2012 La malaria se dispara en República Democrática del Congo
 | © Robin Meldrum/MSF
| | En el Día Mundial de la Malaria, el 25 de abril, Médicos Sin Fronteras (MSF) alerta del aumento generalizado de casos de esta enfermedad en el país africano. La organización apela a una respuesta urgente por parte del Gobierno congoleño y de otras agencias de salud nacionales e internacionales.
El aumento de casos de malaria en República Democrática del Congo (RDC) está desbordando la capacidad de prevención y tratamiento del sistema de salud nacional. En los centros de salud y hospitales gestionados por MSF, la organización así lo ha constatado. Las cifras de pacientes de malaria tratados por nuestros equipos en seis provincias del este del país se han incrementado en un 250% desde 2009, y de forma más acentuada en los últimos meses.
Esta progresión es especialmente alarmante debido al elevado número de pacientes con malaria severa que necesitan ser hospitalizados y sometidos a trasfusiones urgentes de sangre a causa de la anemia que provoca la enfermedad. MSF no tiene suficiente capacidad para responder por sí sola a una crisis de esta magnitud en todas las zonas afectadas.
“La capacidad de tratamiento fuera de las ciudades es muy reducida, ya que muchas veces no hay medicamentos disponibles y los pacientes se encuentran en áreas de difícil acceso”, explica el Dr. Jorgen Stassijns, especialista en malaria de MSF. “En algunas zonas de Congo, la atención médica es inexistente e incluso cuando hay medicamentos, suelen ser inadecuados u obsoletos”.
En respuesta a este repunte de la malaria, MSF ha desplegado equipos de emergencia adicionales en cuatro provincias de RDC (casi la mitad del territorio del país). En 2009, los equipos de la organización trataron a más de 45,000 pacientes con malaria, mientras que en 2011 fueron 158,000. En lo que va de año 2012, ya han sido atendidas 85.000 personas con esta enfermedad.
Aunque se desconocen las causas exactas de este aumento, lo que está claro es que recae sobre un sistema de salud nacional con graves carencias a todos los niveles: faltan medicamentos adecuados, suministros médicos y suficiente personal formado, y los sistemas de prevención y gestión de casos son deficientes. MSF está llevando a cabo investigaciones sobre el terreno para dilucidar las posibles causas de la crisis.
En las provincias de Kivu Norte y Kivu Sur, y más recientemente en el norte de la provincia de Katanga, la constante inseguridad y la reanudación de los enfrentamientos armados impiden el acceso de la población a la atención médica. En las provincias de Maniema, Oriental, Ecuador y Katanga, la escasa presencia de otros proveedores de salud y un sistema nacional al límite de su capacidad dificultan mucho el acceso de las personas que viven en zonas endémicas a servicios de prevención y tratamiento de la malaria.
Aunque la intervención de emergencia de MSF está salvando vidas a corto plazo, es necesario que otras organizaciones médicas nacionales e internacionales, incluido el Ministerio de Salud congoleño, aumenten sus esfuerzos para adoptar medidas rápidas y sostenibles de prevención y tratamiento de la malaria en RDC.
En 2011, MSF trató a más de un millón de pacientes de malaria en todo el mundo. El 86% de los casos se dan en niños menores de 5 años y solo en 2011 se produjeron 655,000 muertes a causa de esta enfermedad. Cada año, unos ocho millones de casos de malaria simple se convierten en malaria severa, que puede afectar a órganos vitales como el cerebro, los pulmones, los riñones o los vasos sanguíneos. Esta infección parasitaria es la principal causa de enfermedad en RDC y una de las principales causas de mortalidad infantil en el país.
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| 26|abr|2012 MSF debate en Atenas el impacto de las políticas restrictivas de la Unión Europea sobre los migrante
 | © Yannis Kolesidis
| | El pasado 19 de abril, la organización internacional Médicos Sin Fronteras (MSF) celebró una conferencia en la capital griega para debatir el impacto médico-humanitario de las políticas restrictivas de la Unión Europea y países fronterizos sobre las poblaciones migrantes que viven, transitan o pretenden entrar en sus territorios.
Entre los participantes estaban el Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR), el Consejo de Europa, Amnistía Internacional, diversas organizaciones que trabajan con migrantes, solicitantes de asilo y refugiados en 12 países del Mediterráneo y Europa del Este (Ucrania, Bulgaria, Turquía, Egipto, Israel, Maruecos, Argelia, Italia, Malta, Grecia y Francia) y personal de los proyectos de MSF en Marruecos, Egipto, Turquía, Grecia, Italia y Francia.
Uno de los principales objetivos de la conferencia era compartir experiencias e información para entender y analizar en profundidad la problemática de los migrantes, así como encontrar formas de mejorar la acción sobre el terreno y las actividades de incidencia política, a fin de responder a las necesidades médico-humanitarias de estas poblaciones vulnerables que además sufren las consecuencias de la crisis socioeconómica en Grecia y en la Unión Europea (UE) en general.
Los participantes expusieron las necesidades médicas, humanitarias y de otro tipo más urgentes y sin cubrir que habían observado en sus zonas de intervención, tanto dentro de la UE como en países fronterizos. A continuación el debate se centró en los tipos de respuesta que deberían dar las autoridades a estas necesidades a nivel local, nacional y europeo, y en el posible rol de las organizaciones médico-humanitarias como MSF.
También se habló de la reciente crisis en Libia, en particular, de la respuesta de la UE al desplazamiento de personas que huían de los conflictos en diferentes países árabes, así como de los principales retos en esta región hoy y en un futuro cercano.
MSF presta asistencia médico-humanitaria a migrantes en todo el mundo, facilitando su acceso a servicios médicos y dando apoyo psicológico a personas afectadas por violentos desarraigos, duros viajes y malas condiciones de vida en los países anfitriones o de tránsito. Como parte de su asistencia, la organización presiona a las autoridades pertinentes para asegurar atención médica básica a estas poblaciones y mejorar sus inhumanas condiciones de vida, incluso si se encuentran recluidas en centros de detención. MSF también aboga por la mejora de la situación de migrantes y solicitantes de asilo exponiendo a la opinión pública occidental, especialmente de la UE, el impacto médico y humanitario de sus restrictivas políticas de asilo.
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| 26|abr|2012 Asistencia insuficiente para 46,000 refugiados malienses en Burkina Faso
 | © Aurelie Baumel/MSF
| | Desde mediados de enero, 46,000 refugiados procedentes de Malí han llegado a Burkina Faso. De estos, 35,000 se han asentado en la provincia de Oudalan, en el norte del país. Médicos Sin Fronteras (MSF) presta ayuda de emergencia en los campos de refugiados de esta zona desértica, donde la asistencia es muy limitada.
Después de Mauritania, Burkina Faso es el país que acoge el mayor número de refugiados malienses. Según la Organización de Naciones Unidas, los enfrentamientos en el norte de Malí entre los rebeldes tuareg y el ejército regular han empujado a cerca de 268,000 personas a huir al interior del país y a los países vecinos. Cada día llegan nuevos refugiados a Burkina Faso, donde la asistencia sigue siendo insuficiente e inapropiada.
Repartidos en cuatro campos al norte de la comuna de Déou, en la provincia de Oudalan, los refugiados viven desde hace semanas en una situación particularmente precaria: refugios improvisados, unos pocos kilos de víveres, esperas interminables bajo un sol abrasador para conseguir unos pocos litros de agua... “Huimos abandonándolo todo en nuestro país. Estoy aquí con mis hijos y vivimos al raso”, explica Fátima, una refugiada del campo de Ferrerio.
El Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) prevé reagrupar a todas estas personas en otro emplazamiento inadecuado, sin puntos de agua ni sombra alguna. Casi tres meses después del inicio de los enfrentamientos y a pesar de la afluencia masiva de refugiados, la ayuda alimentaria sigue siendo limitada. “Aunque ha tenido mucho tiempo para reaccionar, la ayuda suministrada por el Programa Mundial de Alimentos no es suficiente ni se adapta a las prácticas alimentarias de los refugiados”, constata Jean Hereu, coordinador general de MSF en Burkina Faso.
Tras haber distribuido agua y alimentos en Mentao, el primer campo constituido oficialmente a principios de febrero en la provincia de Soum, MSF inició otra intervención en la provincia de Oudalan a principios de marzo. Los equipos dan apoyo al puesto de salud de Gandafaou y llevan clínicas móviles al campo de Ferrerio. En cuatro semanas, MSF realizó más de 1,600 consultas médicas por infecciones respiratorias, dermatosis y enfermedades gástricas, propias de la falta de higiene y de acceso al agua.
MSF asegura la gratuidad de la asistencia tanto para los refugiados como para la población local, que sufren los efectos de la sequía en esta zona. “Se está poniendo a prueba la hospitalidad de los burkineses. La zona de acogida de refugiados se ve muy afectada por la escasez de lluvias este año, que tiene consecuencias negativas para las cosechas de cereales y un efecto directo sobre la seguridad alimentaria de las familias”, explica Jean Hereu.
MSF tiene previsto intervenir en los campos de Dibissi y de Ngatourou-niénié y evalúa regularmente la situación en Burkina Faso para adaptar su respuesta médica a las necesidades de las poblaciones. La organización también asiste a refugiados malienses en Mauritania y en Níger, y trabaja en el norte de Malí (Tombuctú, Gao, Kidal y Mopti) prestando atención primaria de salud a personas desplazadas por los combates.
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