  |  | 30|jun|2010 Unni Karunakara, nuevo presidente internacional de Médicos Sin Fronteras
 | © Natacha Buhler/MSF
| | Durante la reunión del Consejo Internacional de Médicos Sin Fronteras en Ámsterdam el pasado fin de semana, el Dr. Unni Karunakara fue elegido nuevo presidente de la organización médico-humanitaria para los tres próximos años.
El Dr. Karunakara sucede al Dr. Christophe Fournier al frente del movimiento internacional de MSF, formado por 19 asociaciones nacionales y otras oficinas en todo el mundo.
“Es un honor haber sido elegido para desempeñar un papel tan importante en el movimiento MSF y participar en las decisiones estratégicas que debe tomar nuestra organización” afirma el Dr. Karunakara.
“Nos enfrentamos a muchos retos en la prestación de asistencia médica a personas que están atrapadas por conflictos, que sufren las consecuencias de catástrofes y epidemias, o se ven relegadas al olvido. MSF seguirá siendo una organización relevante para la supervivencia de muchas personas, si logramos adaptarnos constantemente a las nuevas realidades. Los miembros de las plataformas asociativas de MSF, incluido el Consejo Internacional, son importantes para marcar el rumbo de la organización. Estoy deseando participar en este proceso”.
El Dr. Unni Krishnan Karunakara empezó a trabajar con MSF en 1995, con la puesta en marcha de un programa de tuberculosis en Jijiga, Etiopía. Después fue coordinador médico de MSF en Azerbaiyán, con un proyecto de atención primaria de salud a migrantes forzados de Nagorno-Karabaj; en Brasil, prestando atención médica a la población indígena en la provincia del Amazonas; y en la República del Congo, con un programa de tratamiento de la enfermedad del sueño. En 2002, el Dr. Karunakara se incorporó al departamento de salud pública de MSF en Ámsterdam, como asesor de programas en Oriente Medio, sur de África y América Central y del Sur. Tres años después, asumió la dirección médica de la Campaña para el Acceso a Medicamentos Esenciales de MSF. En 2007, formó parte del equipo de emergencia que asistió a las víctimas del ciclón Sidr en la región de Mathbaria, Bangladesh.
El Dr. Karunakara se licenció en el Kasturba Medical College de India y se especializó en Salud Pública en las universidades de Yale y Johns Hopkins en Estados Unidos (EEUU). Ha obtenido varias becas académicas y de investigación en universidades de Suráfrica, Zimbabue, Uganda, Alemania y Reino Unido, centrándose en la demografía de la migración forzada y la atención sanitaria a poblaciones olvidadas afectadas por conflictos, catástrofes y epidemias. Desde 2008, el Dr. Karunakara ha sido director adjunto de Salud del proyecto Aldeas del Milenio del Earth Institute de la Universidad de Columbia (EEUU), y ayudante de cátedra de Clínica Médica en la Escuela de Salud Pública Mailman de la misma universidad.
Como presidente, el Dr. Karunakara estará basado en la Oficina Internacional de MSF en Ginebra, Suiza, donde trabajará junto con la secretaria general de la organización, Kris Torgeson.
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| 30|jun|2010 MSF pide al G8 que se reforme el sistema de la ayuda alimentaria
 | © Kate Ribet/MSF
| | Ante las cumbres del G8 y G20 en Canadá, Médicos Sin Fronteras (MSF) insta a los dirigentes de los países participantes a que cambien radicalmente su forma de afrontar la desnutrición, si quieren lograr mejoras en materia de salud materna e infantil en los países en desarrollo.
Médicos Sin Fronteras pide además que se creen nuevas fuentes de financiación sostenibles para combatir esta patología que hoy en día es fácilmente tratable y prevenible.
La desnutrición afecta a 195 millones de niños en todo el mundo y es la causa subyacente de al menos un tercio de los ocho millones de muertes anuales de niños menores de cinco años. Además, causa retraso en el crecimiento, deterioro cognitivo, y una mayor vulnerabilidad a otras enfermedades. La desnutrición es un problema que está estrechamente vinculado con la salud materna e infantil, ya que las madres desnutridas dan a luz niños con un peso muy bajo, perpetuando así un círculo vicioso. Muchas de las madres que viven en zonas de alta inseguridad alimentaria no tienen acceso a alimentos como la leche y los huevos, que son los que contienen proteínas de alta calidad y otros nutrientes esenciales necesarios para el organismo de los niños. Sin embargo, en la actualidad, la mayor parte de la ayuda alimentaria internacional se compone de harinas de maíz y de soja que no proporcionan a los niños los nutrientes que necesitan.
"Alimentos que en la vida daríamos a nuestros hijos, se están enviando a modo de ayuda alimentaria para los más vulnerables del África subsahariana y Asia", asegura el Dr. Christophe Fournier, ex-presidente internacional de MSF.
"Este doble rasero tiene que acabar. Como principales donantes de ayuda alimentaria del mundo, los países del G8 son los mejor situados para luchar contra la desnutrición. Si los líderes mundiales que se reunirán en Muskoka y Toronto pretenden reducir de veras la mortalidad materna e infantil, es necesario que se comprometan a reformar elementos claves del sistema de ayuda alimentaria mundial. Sabemos qué es lo que funciona y lo que los niños necesitan. Simplemente, hagamos que les llegue".
Para lograr una respuesta eficaz a la desnutrición harán además falta cuantiosos recursos financieros. El Banco Mundial estima que combatir la desnutrición en los países más afectados costaría unos 12.000 millones de dólares por año, pero en la época de austeridad económica mundial que estamos viviendo, la financiación de los donantes es insuficiente, volátil e impredecible. Hacen falta fuentes sostenibles de financiación a través de mecanismos financieros innovadores, tales como el impuesto sobre las transacciones financieras que promueve actualmente la Unión Europea. Una parte de los fondos recaudados por estos medios se debería reservar para atender problemas de salud como la desnutrición, para financiar los tratamientos del VIH / SIDA o para desarrollar nuevos tratamientos para la tuberculosis.
"No deberían ser las organizaciones no gubernamentales quienes hagan frente a esa carga tan enorme en la lucha contra la desnutrición", explica el Dr. Fournier, y agrega:
"Los Gobiernos donantes deben dar un paso adelante para llenar este vacío y comprometerse ayudar a los países más afectados para que sigan adelante con la puesta en marcha de programas de nutrición, tales como los que se han implementado con éxito en países como México, Tailandia y Brasil. Necesitamos fuentes sostenibles de financiación, como por ejemplo la tasa sobre transacciones financieras que ha propuesto la UE, de la cual un apartado sería destinado a la salud mundial, en vez de las promesas de donación que vienen haciéndose en las sucesivas cumbres del G8”.
La reunión del G-8 que se celebrará estos días en Canadá coincide con el periodo del año, antes de la nueva cosecha, en el que las reservas de alimentos básicos se agotan en muchos países de la región del Sahel. La mayoría de estos países ya han comenzado a registrar crecientes tasas de desnutrición infantil, por lo que MSF ha lanzado programas nutricionales de emergencia y reforzado aquellos que ya existían previamente en Burkina Faso, Chad, Níger, Malí y Sudán.
En 2009, sólo MSF trató a 208.000 niños con desnutrición aguda severa en sus programas. Una cifra que representa sólo el 1% de los 20 millones de niños afectados en el mundo, pero más del 15 por ciento de los 1.200.000 niños que recibieron tratamiento.
MSF en desnutrición
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| 24|jun|2010 Haití: la vida en los campos genera ansiedad entre los desplazados
 | © Benoit Fink/MSF
| | Ya desde el amanecer, la empinada y estrecha calle que lleva hasta la clínica de Médicos Sin Fronteras (MSF), en el campo instalado en el Club de Golf de Petionville, está abarrotada de personas desplazadas por el terremoto.
Tienen que ver al médico, sobre todo porque las lluvias de la pasada noche les han provocado lo que ellos describen como “problemas respiratorios, fiebre e infecciones”. Alrededor del centro médico, las familias reparan sus improvisadas tiendas de campaña y las mujeres lavan una ropa que ya está empapada, mientras los colchones se secan al sol. Este paisaje ilustra las dificultades de la vida en los campos de desplazados haitianos.
Dentro de la clínica, el equipo de psicólogos ya está en marcha. Acaban de terminar la sesión educativa matutina, en la que dan información sobre reacciones psicológicas normales a situaciones traumáticas y de estrés. También aconsejan a los pacientes sobre mecanismos de afrontamiento positivos para ayudarles a entender las consecuencias psicológicas que conlleva una experiencia traumática, de modo que sean capaces de ayudarse a sí mismos.
“La mayoría de pacientes vienen con síntomas y problemas físicos, como pérdida de apetito, fallos de memoria, dificultades para dormir, taquicardias o flashbacks del terremoto”, comenta Jean Charles Djénane, psicólogo del equipo médico local de MSF desde 2006.
MSF les ofrece técnicas de relajación y sesiones de asesoramiento psicológico para encauzar sus sentimientos y reducir el nivel de ansiedad. “Esta estrategia funciona en el 80% de los casos, pero si nos llega un paciente con síntomas graves o psiquiátricos y necesita atención médica, lo referimos al psiquiatra y le seguimos dando apoyo psicosocial”, añade Jean Charles. Estos casos son derivados al hospital Saint-Louis, donde MSF atiende las crisis psiquiátricas.
MSF ofrece apoyo psicosocial a personas que sienten miedo, tristeza, ansiedad, desesperanza y preocupación por el futuro. La tierra sigue temblando bajo sus pies y el futuro sólo parece ofrecerles perspectivas desalentadoras. Viven en un campo de golf convertido en una ciénaga repugnante por falta de alcantarillado y de un sistema de letrinas organizado. Sin soluciones definitivas para esta situación, los desplazados del campo del Club de Golf de Petionville han venido a pedir ayuda a los psicólogos de MSF, esperando que esto les ayude a seguir adelante.
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