  |  | 27|ago|2012 Esta emergencia es enorme. Nunca había visto nada igual
 | © Olga Overbeek/MSF
| | Helen Ottens-Patterson, del Reino Unido, es enfermera y coordinadora médica de Médicos Sin Fronteras (MSF) en el condado de Maban en el estado del Alto Nilo, en Sudán del Sur. MSF es el mayor proveedor de atención médica de emergencia para más de 110.000 refugiados que han huido de los enfrentamientos en el estado del Nilo Azul en Sudán.
En el campo de refugiados de Batil, uno de los cuatro campos en el condado, un estudio reciente realizado por MSF mostró que la tasa de mortalidad en niños menores de cinco años duplicaba el umbral de la emergencia. Aquí, Helen comparte su experiencia a la hora de dispensar asistencia a este grupo especialmente vulnerable de personas.
“Recorro a pie diferentes partes del campo e intento entender el reto que supone para la gente vivir aquí. Ayer fuimos a un lugar particularmente aislado; eché un vistazo a mi alrededor, hablé con algunos refugiados allí, miré dentro de las tiendas y vi muy poca comida. Entonces percibí la presencia de un pequeño en la distancia. Estaba tan delgado que parecía casi un minúsculo dibujo hecho a tinta. Su piel estaba arrugada y llena de pliegues, no tenía nada de carne ni en sus brazos ni en sus piernas ni en sus nalgas, y tenía una barriga grande, señal de que tenía gusanos. Estaba en muy, muy mal estado.
Mohammed era el menor de diez hijos. Su madre había muerto durante el embarazo cuando huía del estado del Nilo Azul, de camino a Batil (Sudán del Sur). Su padre era quien se ocupaba de sus nueve hijos. Mohammed fue admitido en el programa nutricional ambulatorio de MSF para niños con desnutrición severa, pero no comía los alimentos terapéuticos que nuestros médicos le habían dado. Su padre no podía con todo; tenía tanto que hacer y estaba solo. Así que decidió admitir al pequeño en nuestro hospital para que recibiese tratamiento intensivo.
Si no me hubiese tropezado con el pequeño por casualidad ayer, probablemente hubiese muerto en cuestión de días. Es muy importante que salgamos y nos paseemos por el campo y lleguemos a donde está la gente. Sin eso, los otros niños y familias que están ahí afuera no van a conseguir el apoyo que necesitan para sobrevivir.
Las familias han perdido y están perdiendo a madres, padres e hijos. La fuerza para enfrentarse a una situación va desapareciendo. La gente que normalmente se las podía arreglar, pero ahora ya no puede. Sus reservas se han ido acabando poco a poco durante el largo y arduo viaje que les ha traído hasta el campo de Batil. Ves sus rostros y no es que no haya emoción, sienten algo dentro, pero simplemente se encierran en sí mismos. Es algo que realmente no puede describirse. Tenemos que salir a buscar y apoyar a estas familias vulnerables y ayudarles en cada paso.
La magnitud de esta emergencia es enorme, estamos hablando de un campo de unas 35.000 personas, no solo de un puñado de familias. De toda esta población, en torno a 9.000 niños son menores de cinco años. Más de 1.500 de estos niños están registrados en nuestro programa nutricional en el estadio más grave de la desnutrición. Según nuestro último estudio sobre moralidad, cada día mueren tres o cuatro niños en el campo de enfermedades prevenibles.
A pesar de esta grave situación, la gente sigue viniendo a nosotros, lo que demuestra que tienen esperanza. No lo harían si pensasen que había posibilidad alguna de que MSF cambiase las cosas. Y ves a gente que sonríe, que te acoge en su refugio, mostrando con pequeños gestos su amabilidad a pesar de la adversidad a la que se enfrentan. De dónde viene eso, no lo sé. Es una lección para todos nosotros, me motiva y me da coraje para seguir trabajando.
La gravedad de esta emergencia es diferente. Nunca había visto nada parecido antes y trabajo con MSF desde 1999. Soy enfermera, es mi trabajo, tengo que afrontar la muerte, la enfermedad, pero normalmente es más equilibrado. Es duro para mí como ser humano y como profesional médico. Me afecta y a veces me hace sentir impotente, incluso con los recursos y el conocimiento de MSF que me amparan.
Esto es lo que sabemos hacer y para lo que estamos aquí: respondiendo a las necesidades más apremiantes. Es increíble lo que hemos podido conseguir, pero no basta. Siempre hay más que hacer y tenemos que luchar para asegurarnos de que estas personas tienen lo que necesitan, no sólo para sobrevivir, sino para conferirles dignidad, darles calidad de vida, asegurarnos de que pueden conservar el espíritu que tienen.”
Junto con los otros tres campos en la zona, Batil está situado en una planicie, inicialmente sin servicios para los aproximadamente 35.000 refugiados que llegaron allí. Todo tuvo que empezarse de cero: la atención sanitaria, el acceso a agua limpia, a la higiene y los sistemas de saneamiento. Era muy difícil imaginarse donde podría vivir la gente y cómo sobreviviría. Esto es una zona muy remota de Sudán del Sur y el acceso por carretera es prácticamente imposible. Todo tiene que transportarse por vía aérea.
En el campo de Batil, MSF rápidamente montó un hospital de emergencia con 130 camas, con consultas externas y hospitalización, maternidad, y un centro nutricional terapéutico. MSF actualmente tiene más de 1.600 niños con desnutrición aguda severa en su programa nutricional terapéutico. Cada semana unos 30 de estos niños tienen que ser admitidos en cuidados intensivos con complicaciones médicas que ponen el peligro sus vidas como diarrea o enfermedades respiratorias. Desde que se abrió el campo de Batil en mayo, MSF ha realizado más de 14.500 consultas médicas. El equipo asistió en la distribución de artículos de primera necesidad cuando llegaron los refugiados y se ha implicado en instalar y mantener una esencial red de distribución de agua corriente.
En los cuatro campos del condado de Maban, estado del Alto Nilo, MSF actualmente tiene más de 160 trabajadores internacionales que trabajan junto a unos 700 trabajadores nacionales, gestionado tres hospitales de campo y realizando más de 7.000 consultas cada semana. MSF también está suministrando agua y haciendo distribuciones, gestionando pozos y bombas manuales y montando puntos de rehidratación oral.
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| 21|ago|2012 Siria. Dos meses de intervenciones quirúrgicas
 | © MSF
| | Médicos Sin Fronteras ha estado trabajando en Siria los pasados dos meses, facilitando asistencia humanitaria a la población afectada por el conflicto. Con ayuda de un grupo de médicos sirios, los equipos consiguieron en tan sólo seis días transformar una vivienda vacía en un hospital de emergencia donde los heridos podían ser operados y hospitalizados.
Desde mediados de agosto MSF ha admitido a más de 300 pacientes en el centro y ha llevado a cabo más de 150 operaciones. La gran mayoría de las heridas son producto directo del conflicto (disparos de tanques, bombas). La mayoría de los pacientes son hombres pero uno de cada diez son mujeres y uno de cada cinco menores de veinte años. De acuerdo con el equipo médico dos tercios de los procedimientos médicos han sido cirugías de urgencia.
El futuro del proyecto es, sin embargo, incierto. Además del hecho de que MSF está trabajando sin autorización del gobierno sirio, nuestras actividades se encuentran amenazadas por la naturaleza cambiante del conflicto, las dificultades de suministro y los problemas que afrontan los heridos para poder llegar al hospital.
Teniendo en cuenta el nivel de violencia existente en Siria hoy, el equipo de MSF, con personal internacional y nacional, sólo puede proveer un limitado apoyo médico. La asistencia es, sin embargo, esencial para la supervivencia de la gente tratada en el hospital.
Para Anna Nowak, Nelly Dilworth y Brian Moller, miembros de MSF, han vuelto ahora de Siria. Sus testimonios son muestra del uso de artillería pesada y de la violencia de una guerra que no discrimina a los civiles.
Además del proyecto quirúrgico, MSF distribuye medicinas y otros suministros médicos en Siria. A pesar de las dificultades para acceder al país, MSF está preparada para atender a todas las víctimas del conflicto y continuamos expandiendo nuestras actividades en Siria y en los países vecinos. Por el momento, MSF admite una media de 50 sirios en el proyecto de cirugía reconstructiva en Amman, Jordania. También ofrecemos apoyo psicológico y atención primaria a los refugiados sirios en Líbano. El presupuesto de MSF para actividades relacionadas con el conflicto Sirio está estimado en la actualidad en más de cinco millones de euros.
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| 17|ago|2012 La tasa de mortalidad en la República Centroafricana es inaceptable
 | © Sebastian Bolesch
| | Tras una década de violencia política, desplazamientos e inseguridad a causa de los enfrentamientos entre grupos rebeldes y las fuerzas gubernamentales así como de los actos de violencia perpetrados por bandidos armados, miles de personas en la República Centroafricana (RCA) son vulnerables a las enfermedades y tienen poco acceso a los servicios de salud. Hoy, la República Centroafricana se encuentra en un estado de emergencia médica crónica.
El 25 de julio de 2012, el presidente internacional de MSF, el Dr. Unni Karunakara, visitó Bangui, capital de la República Centroafricana, para reunirse con el Presidente François Bozizé, el Ministro de Sanidad Jean-Michel Mandaba y varias organizaciones internacionales y hablar sobre lo que debe hacerse para mejorar un sistema de salud en deterioro. También visitó el hospital de Paoua, al noroeste del país, dirigido por MSF en asociación con el gobierno. La visita del Dr. Karunakara es el resultado de los esfuerzos que MSF está haciendo para atraer la atención hacia la alarmante situación de la población de este país, tal y como demuestra el informe, República Centroafricana: una crisis silenciosa, publicado por MSF a finales de 2011.
¿Cuáles son los problemas más apremiantes que hay que abordar en RCA?
Las encuestas realizadas por MSF en RCA revelan alarmantes tasas de mortalidad, comparables a las de las más graves crisis mundiales. El año pasado, MSF realizó cinco estudios distintos sobre la mortalidad y los resultados obtenidos son especialmente inquietantes. La encuesta más reciente efectuada al respecto la primavera pasada en el noroeste del país muestra que es fundamental que los niños tengan un mejor acceso a la atención sanitaria. En realidad, un 60% de los niños menores de cinco años que fallecen, lo hacen en casa, y el 13% de éstos de camino al hospital.
También predominan las enfermedades tratables como la malaria, el VIH/sida y la tuberculosis, que sin embargo son responsables de un gran número de muertes. Cada uno de los habitantes de este país sufre como mínimo un episodio de malaria al año. Esta enfermedad es la que se cobra más vidas, y también la primera causa de muerte entre los pacientes hospitalizados. A principios de julio, es decir en plena estación de la malaria, la República Centroafricana tuvo que hacer frente a una falta parcial, casi total, de medicamentos antipalúdicos.
¿Cuáles son las razones de esta crisis alimentaria?
En primer lugar, el limitado acceso a la atención sanitaria. Los recursos humanos son muy escasos y hay muy poco personal cualificado. El país dispone sólo de un puñado de médicos especialistas y no cuenta más que con unos 300 médicos generalistas para una población de unos cinco millones de habitantes. La mayor parte de éstos viven en la capital, Bangui, y muchos están en paro. Casi todas las prestaciones médicas debe pagarlas el paciente de su bolsillo con lo que son muchos los enfermos que no acuden a los centros de salud.
En segundo lugar, el sistema de salud no responde a las necesidades de los ciudadanos. A pesar de sus esfuerzos, el Ministerio de Sanidad apenas si está presente fuera de la capital. Hay pocas estructuras de salud. La falta de medicamentos es frecuente. No conocemos la amplitud de los problemas sanitarios del país sencillamente porque no hay cifras.
En definitiva, falta más implicación en cuestiones de salud. El gobierno no ha respetado lo acordado en la Declaración de Abuja según la cual debería consagrar un 15% de sus gastos a la salud. De momento éstos se acercan más al 10% y todavía no han sido asignados. Los actores internacionales también han reducido sus fondos para la salud en la República Centroafricana. Es inaceptable.
¿Qué temas abordasteis en la reunión con el Presidente y con el Ministro de Sanidad?
Sobre todo abordamos el problema de la malaria, un fenómeno «holo-endémico» en RCA, o dicho de otra manera, cada habitante de este país sufre como mínimo esta enfermedad una vez al año. Es la enfermedad más extendida en RCA, casi la mitad de las consultas en nuestros centros de salud se deben a la malaria y es la principal causa de muerte, sobre todo entre los niños de corta edad.
Disponemos de todos los medios necesarios para combatirla: pruebas rápidas de diagnóstico que permiten identificar fácilmente la enfermedad; medicamentos eficaces, fáciles de tomar y relativamente baratos; mosquiteras impregnadas de insecticida de larga duración para prevenir completamente la infección…También sabemos que una solución podría consistir en diagnosticar y tratar a todas las personas con fiebre en todas las comunidades, incluso en las aldeas más remotas. Sin embargo, el mes antes de mi llegada hubo una ruptura de stocks de antipalúdicos casi total y las estructuras de salud gubernamentales se quedaron sin medios para luchar contra el paludismo. Lo peor de todo es que esto ocurrió en plena estación del paludismo, cuando el país tiene que hacer frente a un aumento del número de casos en un 50% o más.
En 2011, MSF trató a más de 243.000 personas con malaria en RCA, y a más de 121.000 durante el primer semestre de 2012. En el trascurso de la reunión con el Presidente y las agencias internacionales presentes en RCA, hicimos especial énfasis en el hecho de que la lucha contra esta enfermedad debe ser la principal prioridad del país. Un programa nacional de lucha contra la malaria dirigido y bien gestionado podría reducir la mortalidad y también crear un marco para los trabajadores sanitarios que en el futuro también podrían realizar otras misiones sanitarias. Organizando regularmente mesas redondas, presididas por el Presidente o el Primer Ministro, con los principales actores en la lucha contra la malaria (Ministerio de Sanidad, agencias de Naciones Unidas, ONG y financiadores internacionales), podríamos obtener rápidamente resultados positivos. Apelamos también a una mayor implicación internacional en la lucha contra esta enfermedad. Ello reduciría no sólo la mortalidad por malaria sino también otras causas de mortalidad infantil en este país. Es pues responsabilidad de la comunidad internacional, incluido el Fondo Mundial, las agencias de Naciones Unidas y las ONG internacionales, garantizar que no escaseen los medicamentos, las mosquiteras o las pruebas diagnósticas durante la estación de la malaria.
¿Cuál es el trabajo de MSF en esta región?
MSF trabaja en la República Centroafricana desde 1997. Actualmente lleva a cabo proyectos en 5 de las 17 prefecturas del país, la mayoría de ellos, pero no todos, situados a lo largo de las fronteras más inestables. Tenemos proyectos en Carnot en Mambéré-Kadéï; en Paoua en Ouham-Pendé ; en Boguila, Kabo y Batangafo en Ouham; e Ndele en Bamingui-Bangoran y en Zémio en Haut Mboumou. Solo en 2011, MSF realizó en este país unas 610.000 consultas externas y unas 29.000 en hospitales.
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