Hacia una cosmovisión humana. 40 años de Médicos Sin Fronteras en México

Hoy, 40 años después de la tragedia del terremoto de 1985, somos una organización presente en 75 países. Así lo demandó la complejidad de aquella tragedia en México y así lo demandan en la actualidad todas las emergencias.

Un equipo de MSF brinda apoyo psicosocial a las personas afectadas por el terremoto en México. San Gregorio en Xochimilco, 2017.
Un equipo de MSF brinda apoyo psicosocial a las personas afectadas por el terremoto en México. San Gregorio en Xochimilco, 2017. © Jordi Ruiz Cirera

Médicos Sin Fronteras llegamos por primera vez a México tras el terremoto de 1985. Desde entonces hemos mantenido nuestra presencia en el país, respondiendo a diversas emergencias ocurridas en los años posteriores, como huracanes, inundaciones, deslaves y, evidentemente, los terremotos de 2017. También desarrollando proyectos de larga duración en 18 estados del país.

 

Un equipo de MSF brinda apoyo psicosocial a las personas afectadas por el terremoto en México.  2017
Un equipo de MSF brinda apoyo psicosocial a las personas afectadas por el terremoto en México. San Gregorio en Xochimilco, 2017. © Jordi Ruiz Cirera

 

Decir que para la población mexicana el mes de septiembre es mucho más que simbólico, podría ser un atrevimiento fundado. Es un mes orgulloso, intrigante, misterioso, fortuito, casi místico. Un mes que, en diferentes períodos históricos, ha marcado al país determinantemente. Le ha brindado esperanza, pero también lo ha vapuleado. Y más de una vez.

En 1985, un terremoto de 8.1 en la escala Richter con epicentro en las costas de Michoacán y a una profundidad de 15 kilómetros, sacudió el centro, sur y occidente del país, dejando miles de personas fallecidas, heridas y cientos de miles de damnificados. Edificaciones derruidas por doquier. También significó una violenta bofetada en la psique e imaginario colectivos nacionales. Aquel evento representó para el país la mayor emergencia ocasionada por un desastre de origen natural en el siglo XX. Sobrepasó en daños al Sismo del Ángel de 1957 e incluso trastocó la conducta y las costumbres de la población mexicana.

Ante esta catástrofe, Médicos Sin Fronteras (MSF) llegó por primera vez a México. En ese entonces, a nivel mundial, la organización era mucho más pequeña y trabajaba principalmente en campos de personas refugiadas –aunque ya había respondido al gran terremoto de Managua en 1972. Por ello, la emergencia de aquel año en México representó enormes desafíos operativos y exigió aprender sobre la marcha. Los equipos de Médicos Sin Fronteras comenzaron operaciones en la Ciudad de México y pusieron manos a la obra para apoyar en la atención de las personas rescatadas de las estructuras, colaborar con las instituciones de salud y asistir a quienes se encontraban en situación de vulnerabilidad.

 

Médicos sin Fronteras en Acapulco tras el huracán Otis
Un equipo de MSF brinda asistencia a la población afectada por el huracán Otis. México, 2023. © MSF

 

Un ejemplo de los aprendizajes desarrollados fue la creación de un sistema basado en burbujas de plástico para almacenar agua de dos, cinco y hasta 10 metros cúbicos, que se utilizaron para subsanar la carencia de agua potable. Aquella idea en apariencia simple permitió suministrar agua en muchas de las colonias afectadas y permanecieron en funcionamiento por más de un año, hasta que las tuberías de la ciudad fueron reparadas. La creación de este concepto permitió brindar una respuesta más sólida ante el sismo de San Salvador de 1986 y hoy forma parte de los famosos kits de emergencia que MSF ha desarrollado para responder rápidamente en las diferentes emergencias y operaciones otras partes del mundo.

Hoy, 40 años después de la tragedia del terremoto, Médicos Sin Fronteras somos una organización presente en 75 países y se conforma por equipos multidisciplinarios y especializados que responden a las emergencias desde distintos ángulos. Así lo demandó la complejidad de aquella tragedia en México y así lo demandan en la actualidad todas las emergencias.

La llegada de la organización al país implicó ir más allá de la respuesta inmediata a la emergencia. También representó el sentar las bases de una inserción en la realidad mexicana. Colaborar con las autoridades sanitarias de los diferentes niveles de gobierno. Desarrollar investigación y trabajar en cercana vinculación con la academia, intercambiar experiencias y buenas prácticas con las organizaciones de la sociedad civil locales e internacionales presentes en el país, todo ello en favor de la atención de quienes más lo necesitan.

También implicó desarrollar una articulación integral dentro de los diferentes ámbitos y sectores de la vida pública del país. Exponer y sensibilizar a las autoridades locales y a la opinión pública sobre la perspectiva de la acción médico-humanitaria, aprender de las personas y las comunidades y trabajar junto con ellas, colaborar en la construcción comunitaria y la organización colectiva. Y también ser testigos y promotores del incremento de la solidaridad mexicana ante lo que sucede en otras partes del mundo.

 

Desde MSF estamos alarmados con la situación que están viviendo la población en movimiento y los albergues en CDMX, México.
Equipo de MSF en el albergue de Tláhuac, CDMX. México 2022 © MSF/María Chavarría

 

Desde entonces, Médicos Sin Fronteras hemos mantenido nuestra presencia en México, respondiendo a diversas emergencias ocurridas en los años posteriores a 1985, como huracanes, inundaciones, deslaves y evidentemente, los terremotos de 2017. También desarrollando proyectos de larga duración en 18 estados del país.

Estos proyectos han estado destinados a atender a poblaciones vulnerables en zonas como Los Altos de Chiapas y las sierras de Guerrero y Oaxaca, ofreciendo atención para enfermedades infecciosas, tratando la desnutrición, proporcionando servicios de salud sexual y reproductiva, atendiendo partos, brindando apoyo a la población migrante y respondiendo ante brotes de enfermedades transmitidas por insectos, como el dengue y la enfermedad de Chagas, y ofreciendo atención de salud mental a miles de personas.

Tender puentes entre las vastas distancias que separan a las poblaciones resulta muy relevante para salvar vidas y aliviar el sufrimiento, sin distinción de raza, género, religión o ideología política. Por eso constantemente insistimos en destacar nuestra humanidad compartida y fomentar la solidaridad. Mantener presente que, a pesar de que las circunstancias y las diferentes realidades sugieran lo contrario, luchar por un mundo mejor vale la pena.

Este 19 de septiembre conmemoramos el terremoto de 1985 y el de 2017 junto con México. Honramos a las víctimas y nos solidarizamos con sus familias. También agradecemos a las y los mexicanos la oportunidad de acompañarles y tener siempre presentes a aquellos que se han convertido en un símbolo y aliciente de solidaridad y fuerza, para seguir trabajando por un mundo mejor.

 

 

Este artículo fue publicado originalmente en Animal Político.

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