MSF ofrece asistencia a refugiados sudaneses en Etiopía

Desde julio, más de 2,000 tiendas blancas se alinean en las verdes colinas cerca de la aldea de Bambasi, al oeste de Etiopía. Doce mil refugiados sudaneses viven en el campo habilitado por las autoridades etíopes y el Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) y donde MSF les ofrece asistencia médica y nutricional.

Desde julio, más de 2,000 tiendas blancas se alinean en las verdes colinas cerca de la aldea de Bambasi, al oeste de Etiopía. Doce mil refugiados sudaneses viven en el campo habilitado por las autoridades etíopes y el Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) y donde MSF les ofrece asistencia médica y nutricional.

“Me fui de Sudán con mi marido y nuestros ocho hijos el año pasado, cuando la guerra llegó a Qeissan, mi aldea”, explica Djamila, refugiada de 30 años en Bambasi. “La aviación sudanesa primero bombardeó la aldea y después atacaron los soldados. Muchas personas, entre ellas mi hermano mayor, fueron masacradas”.

El acuerdo de paz firmado en Kenia a principios de 2005 entre los rebeldes del Movimiento Popular de Liberación de Sudán (SPLM) y el Gobierno de Jartum preveían más autonomía para los estados de Kordofán del Sur y del Nilo Azul. Las promesas no se cumplieron y el conflicto se endureció de nuevo tras la secesión de Sudán del Sur en julio de 2011. Más de 200.000 sudaneses huyeron de los combates hacia Sudán del Sur o Etiopía, donde viven desde entonces en campos de refugiados y dependen de la ayuda humanitaria.

De las 40,000 personas que pasaron al lado etíope, más de 15,000 se refugiaron al principio en el campo de tránsito de Ad Damazin, a unos 20 kilómetros de la frontera sudanesa. Según Duncan McLean, responsable de proyectos de Médicos Sin Fronteras (MSF): “Los escasos testimonios hablaban de un nivel insuficiente de asistencia en este campo, sobre todo en lo que respecta al acceso a agua potable y atención médica. Durante meses pedimos en vano al Gobierno etíope la autorización para trabajar en Ad Damazin”.

Jamal, otro refugiado en Bambasi, cuenta: “Primero pasé siete meses en Ad Damazin, antes que los etíopes nos ordenaran abandonar el campo a finales de abril de 2012, por estar demasiado cerca de la frontera. Pero un grupo de refugiados se rebeló contra las autoridades etíopes y quemaron su oficina. Como represalia, las distribuciones de alimentos se suspendieron durante dos meses”.

El Gobierno etíope había decidido trasladar a los 15.000 refugiados del campo de tránsito inicial a uno nuevo cerca de la localidad de Bambasi, situado a más de 100 kilómetros de la frontera sudanesa. Algunos refugiados, sobre todo los que poseían ganado y los antiguos combatientes del SPLM, no querían alejarse demasiado de Sudán. Otros querían quedarse en Ad Damazin porque allí tenían la posibilidad de trabajar en las minas de oro cercanas. Sin embargo, no todos tenían acceso a este recurso alternativo y la interrupción de la ayuda agravó la situación nutricional de los niños más pequeños.

“Cuando los refugiados fueron finalmente trasladados al nuevo campo de Bambasi a partir de mediados de junio, cerca de una cuarta parte de los niños menores de 5 años padecían desnutrición aguda”, cuenta Duncan McLean. “Tras organizar una campaña de vacunación de sarampión, nuestros equipos abrieron un centro nutricional y trataron a más de 400 niños con desnutrición severa durante el verano. MSF también hace distribuciones de complementos nutricionales para los más vulnerables, como mujeres embarazadas y niños menores de 5 años”.

Hoy el campo de Ad Damazin está cerrado. Cerca de unos 3,000 refugiados no fueron a Bambasi. Algunos decidieron regresar a Sudán. Los demás probablemente deambulan a lo largo de la frontera.

El flujo de nuevas llegadas a Bambasi ha disminuido mucho. Muchas chozas tradicionales ya se yerguen al lado de las tiendas del ACNUR. Se ha abierto un mercado dentro del campo y los refugiados sudaneses comercian con las comunidades locales etíopes. Según Bilal, instalado desde hace un mes en Bambasi con otros 15 miembros de su familia: “El campo está mucho mejor de lo que nos habían dicho, aunque nos gustaría recibir más alimentos y materiales. Nuestros hijos también necesitan ir a la escuela. La mayoría de nosotros deseamos poder regresar a Sudán, pero antes esperamos que haya paz”.

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