23.05.2019

Por: Alexandra Malm*

Por decimonovena vez, Awien, de 10 años, va camino al quirófano. Su brazo derecho, con daños irreparables, cuelga sin fuerzas en un cabestrillo alrededor de su cuello. Pero al menos, lo conserva. Y lo más importante, sigue viva.

Hace dos meses, a Awien la mordió una serpiente mientras dormía. Al igual que muchas otras víctimas de estos reptiles en África subsahariana, no llegó a recibir tratamiento a tiempo. La niña vive en una pequeña aldea en Sudán del Sur, lejos de la carretera y más aún del hospital más cercano. En áreas rurales como esta, la primera reacción de la población es tratar las mordeduras de serpiente con remedios tradicionales.

La familia de Awien probó varias cosas: cortaron una rana en dos y le aplicaron una mitad sobre la mordedura para eliminar el veneno; le dieron a beber un huevo crudo y una mezcla de semillas y hojas para hacer que vomitara y extraer así la toxina de su cuerpo. Ninguno de estos remedios ayudó, por lo que su tío decidió llevarla sobre su espalda al hospital más cercano. Empleó toda la noche caminando hasta llegar a Agok, donde Médicos Sin Fronteras (MSF) administra el único hospital de la región.

 

 

En Agok, MSF atiende a unas de 300 víctimas de mordeduras de serpientes cada año. La mayoría de ellas durante la temporada de lluvias, que es cuando los ataques de serpientes son más frecuentes. Para escapar de las inundaciones, estos animales suelen entrar en los hogares donde se produce la mitad de las mordeduras. Otros momentos de riesgo tienen lugar cuando los niños juegan en el exterior de las viviendas y en los campos de cultivo donde los trabajadores agrícolas están muy expuestos.

Donde sea que sean mordidos, todos tienen el mismo problema: cómo conseguir el tratamiento. La mayoría de las víctimas de mordeduras de serpientes viven en áreas remotas y tienen que viajar largas distancias para ser atendidas. Durante la temporada de lluvias, cuando las carreteras pueden quedar intransitables, es posible que les lleve varios días llegar a un hospital.

En la aldea de Rumdong, a pocas horas a pie de Agok, el líder local, James Kuol War, cuenta cómo este año murió un hombre tras ser mordido por una serpiente porque no llegó al hospital a tiempo. El año pasado, otras dos personas procedentes de la misma aldea; una de ellas, una niña de 13 años, fueron atendidas por envenenamiento de serpiente en el hospital de MSF.

Se estima que cada año, unos 5 millones de personas sufren mordeduras de serpiente y alrededor de 100.000 mueren, 30.000 de ellas en África. “Algunas personas llegan demasiado tarde y otras ni siquiera lo hacen, por lo que no sabemos realmente la magnitud de estos ataques en la zona. Pero sí somos conscientes de que se trata de un problema grave para la población y que los heridos por mordedura pierden la vida porque no pueden recibir tratamiento”, dice Jacob Chol Atem, auxiliar de clínica de MSF.

 

Contraveneno inaccesible e inasequible

En la mayoría de los casos, el envenenamiento –la condición médica que resulta de la mordedura de una serpiente– debe tratarse con un antídoto. Pero los contravenenos son caros y no están disponibles en muchos centros sanitarios. Puede costar varios cientos de euros por paciente, el equivalente a más de un año entero de salario para muchos, especialmente para los que residen en áreas rurales donde se dan la mayoría de los ataques.

La mordedura de serpiente es, por tanto, una afección de pobres, pero las compañías farmacéuticas no crean medicamentos para ellos, desarrollan fármacos que les reportarán ingentes beneficios. Antes, MSF empleaba un antídoto llamado FAV-Afrique, un contraveneno todo en uno que se usaba para tratar el envenenamiento de diez especies diferentes de serpientes en África subsahariana. Pero el fabricante, Sanofi, decidió dejar de producirlo y el último lote caducó en junio de 2016.

Como no había un equivalente disponible, MSF tuvo que encontrar tratamientos alternativos. Dos años más tarde, los equipos médicos de la organización humanitaria emplean con éxito dos nuevos antídotos en Sudán del Sur: EchitabPlus y SAIMR-Polyvalent.Antes era más sencillo: podíamos dar el mismo contraveneno aunque no supiéramos a ciencia cierta qué serpiente había mordido el paciente. Ahora, el tratamiento se ha vuelto más complejo y administramos el antídoto según los síntomas del paciente. Pero en general, funciona y estamos satisfechos de haber encontrado una alternativa”, explica Atem.

 

 

Si bien son buenas noticias para los pacientes de MSF en Agok, no es la solución para todas las víctimas de mordedura de serpiente dado que elegir entre dos antídotos según los síntomas es complicado para los no especialistas. Los contravenenos que son efectivos contra las serpientes venenosas en un área determinada deben estar disponibles en todas las clínicas y puestos de salud, pero su alto precio es un problema. Se trata de un círculo vicioso: los países no adquieren antídotos para sus hospitales porque son demasiado caros y las compañías farmacéuticas no los fabrican porque los compradores son escasos. El resultado es que siguen quedando fuera del alcance de las personas que los requieren.

Incluso teniendo antídotos, el tratamiento para mordeduras de serpiente resulta mucho más complicado cuando las víctimas llegan tarde al hospital. Los retrasos pueden causar más daño, incluido el llamado ‘síndrome compartimental’. Este se produce cuando la inflamación causada por el veneno aumenta la presión dentro de un compartimento muscular (o grupo de músculos dentro de un segmento concreto del cuerpo) hasta el punto de que la sangre no puede suministrar oxígeno y nutrientes a los músculos y nervios.

Si no se trata, los músculos y los nervios fallan y pueden morir. Una vez que ha ocurrido el síndrome compartimental agudo, la cirugía es la única opción. En los casos más graves, el daño puede ser tan extenso que los pacientes pierden el manejo de sus extremidades o necesitan amputación. Se calcula que cada año, unas 400.000 personas quedan discapacitadas o padecen la amputación de alguno de sus extremidades como resultado de la mordedura de serpiente en todo el mundo.

 

 

El largo camino hacia una cura

Awien ya lleva dos meses en el hospital. Llegó en estado crítico y fue tratada con tres dosis de antídoto. Los primeros cinco días permaneció inconsciente, pero finalmente despertó y su comenzó a mejorar. Ha sido sometida a múltiples cirugías para extirpar tejido muerto, ya que los músculos de su brazo se dañaron sin posibilidad de reparación como resultado del síndrome compartimental. 19 intervenciones quirúrgicas puede parecernos terrible, pero su familia no quería que le amputaran el brazo y le pidió al equipo médico que hiciera todo lo posible para salvarlo.

Awien tuvo suerte de recibir tratamiento. Desgraciadamente, muchos no corren el mismo destino.

* Alexandra Malm, responsable de comunicación de operaciones de MSF en Sudán del Sur.