"El trabajar junto a profesionales provenientes de diferentes partes del mundo me ayudó a aumentar mi experiencia y me enseñó la belleza de la humanidad. Quería viajar lejos para ayudar a los más necesitados."

Thok JohnsonEnfermero
28.03.2019

Después de que su familia se viera obligada a huir de la violencia en Sudán del Sur, Thok Johnson pasó su infancia sobreviviendo bajo las duras condiciones de un campo de refugiados, experiencia que lo inspiraría a convertirse en integrante de Médicos Sin Fronteras. Actualmente es un coordinador médico que trabaja en emergencias humanitarias en todo el mundo, y hoy comparte su extraordinaria historia.

Un campo de refugiados no es el lugar ideal para que crezca un niño. La alimentación es insuficiente, la vivienda inadecuada y la falta de atención médica y educación son típicas en estos campos. Yo crecí en uno de estos lugares.

Mi nombre es Thok Johnson Gony. Nací en Bor, en la región del Alto Nilo de lo que entonces era Sudán, en 1975, tres años después de la firma de un acuerdo de paz que puso fin a la primera guerra civil de Sudán.

Sin saber si la paz se mantendría, mi familia se mudó al campo de refugiados de Itang en Etiopía, donde comencé mi educación primaria.

Una vida inadecuada para un niño                                                     

Como niño refugiado, casi perdí la vida debido al sarampión. El que hoy esté vivo es un milagro. Sufrí mucho. Mis ojos se llenan de lágrimas cada vez que recuerdo mi infancia. Era un niño lleno de angustia, miseria y desesperanza en el campo de refugiados. Dependíamos de las agencias humanitarias para conseguir comida y refugio. Para la cohesión social, buscábamos comunidades anfitrionas que a veces eran hostiles con nosotros.

A menudo, la vida te zarandea como una fuerte corriente de agua que se estrella contra las rocas. Es una vida inadecuada para un niño.

Encontrando mi propósito

Al enfrentarme a todo este sufrimiento siendo tan joven, aprendí que debía tener un propósito en la vida. Hice que la angustia que me estaba consumiendo abandonara mi mente. Como resultado, comencé a sobresalir en la escuela, un nivel educativo tras otro.

 

Mientras crecía, vi cómo los profesionales médicos salvaban vidas en el campo de refugiados, incluyendo la mía, y me conmovieron profundamente. Su empatía me inspiró mucho.

En ese momento, decidí que me convertiría en un profesional médico. Pensaba que a través de la práctica médica podría regresar el favor que me hicieron una vez, cuando más necesitaba la ayuda.

El ardiente deseo de ayudar directamente a las personas que necesitan atención médica se convirtió en mi mayor motivación. Después de obtener mi licenciatura en enfermería, comencé a trabajar con MSF en el Hospital Akobo en el año 2000, este hospital limita con Etiopía. Trabajé en varios departamentos, intervenciones epidémicas, nutricionales y urgencias médicas.

Después trabajé con MSF en otros lugares. Una de las experiencias más significativas que recuerdo fue con MSF en la ciudad de Maban, justo después de que Sudán del Sur se independizara de Sudán. Recuerdo la afluencia de retornados y la cantidad de casos médicos que debíamos atender.

Cumpliendo el sueño

El trabajar junto a profesionales provenientes de diferentes partes del mundo me ayudó a aumentar mi experiencia y me enseñó la belleza de la humanidad. Quería viajar lejos para ayudar a los más necesitados.

En 2010, solicité formar parte del personal internacional de MSF. Sin embargo, cuando llegó la noticia de que tuve éxito en mi aplicación, tuve sentimientos encontrados.

No podía creer que mi arduo trabajo hubiera ganado ante el sufrimiento de mi infancia. También estaba emocionado porque sabía que enaltecería la bandera de Sudán del Sur ante el mundo humanitario internacional como proveedor de atención médica: el sueño de mi infancia.

Todo ese día tuve una sonrisa en mi cara, de la misma forma que el sol está siempre sobre las flores.

Un gran viaje

Las ansías por ir a mi primera misión comenzaron a crecer.

Imaginaba, como profesional, cómo sería la vida en un país extranjero y cómo me conectaría con el personal internacional de otras partes del mundo. ¿Cómo me percibiría la comunidad anfitriona? Todas estas preguntas permanecieron en mi mente, intensificando así mi nerviosismo.

Desde el 2012 he tenido misiones en diferentes proyectos de MSF en todo el mundo, he crecido dentro de la organización, empecé como integrante del equipo médico y ahora soy el coordinador médico en Afganistán donde, entre otras actividades, abrimos un proyecto para brindar atención a personas con tuberculosis resistente a los medicamentos.

Mi experiencia en todos los países donde he trabajado es una manifestación clara de que Sudán del Sur es un país lleno de profesionales que pueden trabajar en cualquier parte del mundo.

De niño refugiado a coordinador médico internacional. ¿No es un increíble trayecto?”