25.09.2015
Un equipo médico de MSF recorre en motocicleta o en 4x4 los caminos más recónditos de la Provincia Oriental, en la República Democrática del Congo. Su cometido es llevar a cabo pruebas diagnósticas de la enfermedad del sueño y tratar a las personas que la sufren.
 
Germaine está tumbada en un viejo colchón de una pequeña y oscura clínica; apenas puede caminar y se encuentra muy mareada. Hace unos días le picó una mosca tse-tsé y acaba de ser informada de que tiene la enfermedad del sueño.
 
En mayo de este año, los equipos médicos móviles de MSF, formados por médicos, enfermeras y técnicos de laboratorio, comenzaron a viajar a través de los densos e inseguros territorios de Ango y Banda, muy cerca de la frontera con la República Centroafricana. Visitan sobre todo aquellas aldeas donde las tasas de enfermedad del sueño han sido históricamente más altas y tratarán de diagnosticar a un mínimo de 42.000 personas en ocho meses. 
 

Llegar a los nómadas y a los refugiados

 
"Estamos haciendo un gran esfuerzo para llegar a las personas que viven más allá de los pueblos", explica Rolland Kaya, coordinador de emergencias de MSF. "Nos estamos centrando en los grupos más vulnerables y en las poblaciones más aisladas, como son los refugiados y los desplazados internos y también en los nómadas, que viven en lugares prácticamente inaccesibles. Un equipo de sensibilizadores de salud pública viaja a remotas comunidades agrícolas y pesqueras para hacerles saber que estamos en la zona. Allí alientan a todo el mundo para que se hagan la prueba, ya que la mayoría de ellos están en riesgo de ser infectados por las picaduras de las moscas”.
 
Desde mayo, MSF ya ha hecho la prueba a más de 12.200 personas, de las cuales casi 100 han sido diagnosticadas con la enfermedad del sueño.
 
Aprovechando que los equipos se desplazan hasta estas zonas remotas, los equipos de MSF aprovechan la oportunidad para ofrecer también atención médica general, con especial atención a las mujeres embarazadas, a los niños menores de cinco años y a los adultos con síntomas de malaria. En apenas cuatro meses ya han tratado a 6.884 personas con malaria.
 

 

Demasiado mareado para trabajar

 
Los primeros síntomas de la enfermedad del sueño incluyen fiebre, dolores de cabeza, dolor en las articulaciones y sensación de picazón. Los medicamentos utilizados para tratar a las personas en las primeras etapas de la enfermedad son relativamente fáciles de administrar y no son tóxicos. Mientras más temprano se detecte la enfermedad, más posibilidades hay de cura.
 
En la segunda etapa, los parásitos atraviesan la barrera hematoencefálica e infectan el sistema nervioso central. Esto es cuando aparecen los signos más evidentes de la enfermedad, incluyendo el ciclo de sueño perturbado que da nombre a la enfermedad. 
 
Germaine comenzó a mostrar síntomas de la enfermedad del sueño hace tres meses, después del nacimiento de su tercer hijo. La fatiga y el vértigo le impedían ir a trabajar al campo. “Estaba tan mareada que me caía constantemente al suelo", recuerda. "No tenía energía, no podía comer y sólo podía beber pequeños sorbos de agua".
 
Germaine pasará siete días en la clínica para recibir inyecciones de pentamidina. "Mi familia no podía entender por qué estaba tan mal", dice Germaine. "Ahora están aliviados de que esté recibiendo tratamiento y yo ya estoy empezando a sentirme mejor."
 

La enfermedad del sueño en disminución

 

 
La enfermedad del sueño sigue afectando a millones de personas en 36 países de África subsahariana. La mayoría vive en áreas rurales remotas con un acceso limitado a los servicios de salud y muchos han sido desplazados de sus hogares por la guerra y la pobreza. Todos estos factores hacen que sea difícil llevar a cabo la vigilancia, el diagnóstico y el tratamiento de los casos.
 
Sin embargo, en la última década el número de casos de enfermedad del sueño se ha reducido en todo el mundo y los tratamientos han mejorado.
MSF ha participado activamente en el tratamiento de la enfermedad del sueño durante 25 años en la República Democrática del Congo, en la República Centroafricana, en la República de Congo y en Sudán del Sur. 
 
En la República Democrática del Congo, los equipos de MSF han detectado que hay mucha más gente que es consciente de los peligros de la enfermedad de lo que suele ser habitual. Los cambios de comportamiento que generalmente están vinculados a la inseguridad, paradójicamente están también contribuyendo a la disminución del número de casos.
 
"Creemos que la disminución en el número de casos en esta zona está vinculada a que muchas personas se han visto obligadas a cambiar su modo de vida debido a la inseguridad", explica Turid Piening, médico de MSF. “Para explicarlo de una manera más sencilla: toda esta gente está abandonando la caza y la pesca tradicional cerca de los ríos, donde están las moscas tse-tsé, y cultivan cada vez más cerca de sus casas para tratar de evitar los ataques de grupos armados", añade.
 
Sin embargo, queda todavía mucho trabajo por hacer para lograr eliminar la enfermedad. Hay que priorizar el desarrollo de una prueba rápida y fácil de usar que reemplace los actuales procedimientos de diagnóstico y hay que introducir medicamentos orales en el tratamiento para que los pacientes se los puedan tomar en casa. Hasta que eso ocurra, MSF seguirá comprometida en encontrar, diagnosticar y tratar a las personas que sufren esta enfermedad potencialmente mortal.