16.12.2018
“El día que mataron a mi hijo me arrancaron el alma”, se lamenta Lucila, una mujer de 56 años de edad, del departamento de San Salvador, vendedora de frutas y verduras, a la que una pandilla le asesinó a su hijo menor por no querer pertenecer a ella; Lucila se convirtió en una estadística más de desplazados forzados a raíz de la violencia.
 
En Médicos Sin Fronteras recién hemos iniciado labores con migrantes retornados y desplazados forzados. Actualmente estamos dando asistencia médica y acompañamiento psicológico en una casa de refugio en San Salvador y allí conocimos a Lucila dos días después de haber llegado, así como llegan todos, con una sola prenda de vestir, sólo con la camisa y falda puestos, con miedo y sin esperanzas. Ella presenta un cuadro crónico de depresión, “ya no deseo vivir”, dice, “les propuse a mis otros hijos que nos tomáramos un veneno después del entierro de mi hijo para no sufrir más este dolor, aquí (en casa de refugio) me siento como en una cárcel”, expresa llorando en consulta.
 
 “Las pandillas acosaban a mi hijo para que se metiera a andar con ellos, la delincuencia en este país es una lepra”. Son muchos los jóvenes que son acosados por las pandillas diariamente para reclutarlos y ser colaboradores. “Un día mi hijo me dijo: ‘mamá me voy a ir para la calle antes de que aquí hagan una masacre con toda la familia’”, dice Lucila que esas fueron las palabras de Juan, que prefería mejor que lo mataran sólo él y no a toda su familia, ya habían recibido amenazas. “El 12 de octubre (de este año) la pandilla mató a mi hijo, él tenía 22 años de edad, lo busqué por todos lados, en los pasajes, en el monte, en la calle, hasta en las cunetas lo salí a buscar, lo encontré en un lugar boscoso de la colonia, estrangulado”.
 
“Tres días después del entierro agarran a mi otro hijo, nuevamente los muchachos*, me lo quisieron matar ahorcado, ya estaba colgado, suerte que pasó la policía y salieron huyendo, mi hijo como pudo se agarró del lazo y no permitió asfixiarse, salió corriendo asustado hasta la casa, ‘mamá me quisieron matar’, me decía todo agitado, en ese mismo momento hemos salido de la casa con la policía sin nada, y aquí estoy”. 
 
 
*Término eufemístico para referirse a miembros de las maras.