"Descubres lo extenso que es el mundo, que los seres humanos son iguales, que las culturas, aunque parecen diferentes, básicamente son similares; que el mal, y sobre todo la bondad, están en todas partes."

Reem BouarroujDoctora
31.01.2019
Reem Bouarrouj trabaja con Médicos Sin Fronteras desde hace 9 meses, en una región de la República Democrática del Congo muy afectada por los brotes de enfermedades y la violencia. Escribió este blog para hablar sobre la experiencia de regresar a un país que ya no se siente como su "hogar". 
 
“Regresé a mi propio país, usando mis vestidos y tacones como si nunca me hubiera ido: usé sandalias planas durante nueve meses y medio, ¡y mis pies ahora están sufriendo! Es extraño volver después de tanto tiempo; sientes que estuviste ausente por una eternidad, pero a la vez, ¡sientes como si nunca te hubieras ido!
 

Nada y todo

 
Nada ha cambiado a mi alrededor, pero muchas cosas cambiaron dentro de mi y en mis relaciones con quienes me rodean. E incluso si esperas que suceda, siempre impacta saber, por ejemplo, que ya no formas parte de la vida cotidiana de los que amas, que tienen nuevos rituales y hábitos y, por supuesto, lleva tiempo para que ambas partes puedan volverse a ajustar al otro.
 
Es ciertamente liberador, pero a veces también es frustrante porque de alguna manera, en tu corazón, quieres que ciertas cosas se reanuden y vuelvan a ser lo mismo.
 
Desde mi regreso, entre las preguntas que he tenido se encontraba "¿cómo se sentirá volver a casa?". Y la respuesta a esta pregunta siempre es complicada, porque ¿cómo explicas que este "volver a casa" se convirtió en algo extraño de decir, porque viajas con frecuencia y dejas fragmentos de tí en todas partes con las personas que conociste los países que amaste, y que el mundo entero se convierte en una especie de "hogar”?
 

El bien está en todos lados.

 
Ese es probablemente el precio a pagar cuando vives en todas partes: no te sientes en casa en ningún lugar, pero a la vez te sientes como en casa en todas partes porque descubres lo extenso que es el mundo, que los seres humanos son iguales, que las culturas, aunque parecen diferentes, básicamente son similares; que el mal, y sobre todo la bondad, están en todas partes.
 
Es una riqueza inestimable, estar consciente de que el mundo es hermoso y la mayoría de los seres humanos son buenos a pesar de la presencia de la miseria y la guerra; saber que siempre debes mantener tu corazón abierto frente a la grandeza del universo.
 
Regresar después de una misión siempre es difícil, porque durante esos meses conoces a varias personas que te han brindado mucho amor, y decir adiós es difícil. Muchas personas piensan que porque vamos a los rincones olvidados del mundo damos mucho de nosotros mismos, pero creo que obtenemos mucho más de lo que damos, porque el amor ofrecido por personas que apenas conocíamos al principio y al final se convierten en nuestra familia, ¡es ilimitado!
 

Sin palabras

 
El final de una misión también es difícil porque hemos escuchado muchas historias, hemos sido marcados por ciertas situaciones, por el trabajo y las diferentes responsabilidades que hemos cumplido ... pero no podemos describir realmente lo que sucedió.
 
En lo que a mí respecta, a menudo me conformo con responder a la pregunta '¿Cómo fueron los nueve meses?' Con un simple 'muy bien, pero hacía mucho calor'. Porque nueve meses no se pueden resumir en pocas palabras, ¡y esta respuesta es adecuada para los no curiosos!
 
Recuerdo la primera noche después de regresar. Por reflejo, le pregunté a mi madre si teníamos agua caliente, se rió y me dijo que tenía que ir a calentarla. Luego corrí a cargar mi teléfono porque tenía en mente que no tendría electricidad después de las 10 de la noche.
 
Agua, electricidad ... eran necesidades obvias antes, pero ahora mi visión de estas cosas ha cambiado y reconozco su valor. Por ejemplo, desde que regresé no he podido tomar una ducha normal, porque después de recoger agua de lluvia con el equipo para ducharme, perder tanta agua parece irresponsable.
 

Un cambio en mí

 
Pero no solo eso ha cambiado en mí: no puedo cambiar mi teléfono, a pesar de su pantalla rota, porque ahora sé que el sistema de telefonía móvil a menudo utiliza materiales provenientes de la y, en el proceso para acceder a ellos, niños y mujeres han sufrido muchas injusticias y abusos ... De manera similar, ya no me impresionan los diamantes, porque sé que a menudo se necesita mucha sangre y sufrimiento para sacarlos de las minas. La República Democrática del Congo me ha cambiado, me ha hecho más responsable con el mundo y me ha enseñado a valorar lo que merece ser valorado.
 
Volver a "casa" no significa que olvidaremos esta otra "casa". La República Democrática del Congo, y especialmente los congoleños que tuve la oportunidad de conocer, quedarán grabados para siempre en mi corazón.
 
¡Sé que un día nos volveremos a encontrar!
 
Mientras tanto, estoy bailando con el ritmo de la música subsahariana que se ha convertido en mi vínculo con mi vida en ese país. Llevo pañuelos de tela con estampados de cera que traen el sol de vuelta a mi vida. Y las palabras en swahili que a veces introduzco en las conversaciones, se convierten en una especie de bálsamo para mi corazón.
 
Asante sana Walikale-DRC. Nakupenda. (Muchas gracias Walikale, República Democrática del Congo. Te quiero mucho)."
 
*En Swahili, hablado en el este de la República Democrática del Congo, Muzungo es la palabra para describir a una persona de tez blanca.