18.04.2018
600 vecinos de San Felipe del Ocote, Guerrero, tuvieron que huir y abandonar su pueblo, casas y animales, ante la amenaza de un grupo del crimen organizado de atacar a la población.
 
Un equipo de psicólogos de MSF trabaja en las regiones Norte, Centro y Tierra Caliente, en el estado de Guerrero, ofreciendo atención a las personas afectadas por la violencia. En el siguiente testimonio, Jorge Mendoza*, miembro de unos de esos equipos, nos ofrece sus impresiones durante una visita a los vecinos de San Felipe del Ocote, quienes tuvieron que huir y abandonar su pueblo, casas y animales, ante la amenaza de un grupo del crimen organizado de atacar a la población. Los 600 vecinos de San Felipe de Ocote se refugiaron, a principios de año, en la vecina Apaxtla de Castrejón. 
 
Ya sucedió en Tlanipatlán y Liberaltepec, ahora pueblos fantasmas y tiempo después la historia se repite en San Felipe del Ocote, comunidad perteneciente al municipio de Apaxtla de Castrejón;  ubicado a más de dos horas en la sierra alta pasando por Oxtotitlán, Teloloapan.
 
Según explican los vecinos, un grupo del crimen organizado llegó el viernes 5 de enero, eran las 8 de la mañana y los disparos no pararon hasta pasado el mediodía, “algunos nos quedamos en silencio pecho a tierra, otros gritaban”. Más de 600 personas dejaron sus casas, su maíz recolectado, sus animales, toda una vida en la comunidad. Era tiempo de cosecha, “todo nuestro maíz se quedó secando en el techo, tenemos que desgranarlo”, “nuestros animales seguro ya se fueron o morirán de hambre, eran todo para nosotros, nuestro patrimonio”. Con un destino incierto, sabiendo que voltear atrás significaría un paso más lejos de su tierra; “algunos se fueron con sus familias a otros lugares, pero nosotros estamos aquí porque no tenemos a donde ir”.
 
Ahora la comunidad estaba repartida en los salones del Desarrollo Integral de la Familia (DIF) de Apaxtla de Castrejón, las mujeres en un salón, hombres en otro, pocos niños y muchos jóvenes, bajo de la sombra de un gran árbol. El equipo de MSF contaba con 48 horas para tratar de dar contención psicosocial a cerca de 400 personas. En las caras de los vecinos, temor, desconfianza, enojo, irritabilidad, tristeza, desesperanza: el común denominador de las emociones de cada persona con la que estábamos.
 
Me reuní con los adolescentes, jugar era mi objetivo. Después de un rato de platicar cuáles eran sus juegos favoritos cuando eran más pequeños, los empezamos a jugar. Nos reunimos en la explanada, nos tomamos de las manos y jugamos “calabaceados”. Supuso por un instante olvidar los terribles hechos que nos tenían ahí, sonrisas se volvieron a escuchar y las miradas de los padres de familia de asombro y emoción también se hicieron notar; sabíamos que a través del juego se lograba tocar el tejido social que había quedado muy lastimado. Después nos reunimos en grupos, abrimos la caja de materiales y tomamos hojas de colores para hacer aviones y barcos para jugar con la imaginación.
 
Las cosas nunca volverán a ser igual, tomará tiempo entender por qué suceden las cosas, pero su comunidad pertenecerá a sus recuerdos. San Felipe son todos ellos y la comunidad no desaparecerá, porque la comunidad irá a donde ellos decidan ir.
 
 
 
* El nombre del autor ha sido modificado. 
 
* Médicos Sin Fronteras trabaja en las regiones de Tierra Caliente, Norte y Centro, en el estado de Guerrero, con dos equipos móviles que visitan de forma regular y mensualmente once poblaciones que, por causa de la violencia del crimen organizado y los grupos armados, se encuentran aisladas y necesitadas de atención médica. Los equipos móviles están integrados por psicólogos, médicos, enfermeros y logistas y en estos momentos visitan los pueblos de Tetela del Río, Huautla, Puerto Colorado, Las Margaritas, Pueblo Viejo, Buenavista del Aire, Buenavista de Guadalupe, Totoltepec, Santo Tomás, Campo Morado y Coronillas.  
 

Entradas relacionadas