16.04.2019

Kamla* tiene un perfil delgado. Mira a su alrededor, insegura de si está en el lugar correcto y cuestionándose si compartir su experiencia o no. Esta fue la primera vez que visitó la clínica de MSF “Umeed ki Kiran” 

La tía de Kamla la llevó a Nueva Delhi, desde otra ciudad, cuando ella tenía cinco años. La forzó a trabajar en su casa, a hacer otros trabajos y a entregarle sus ganancias. Luego, fue obligada a casarse. Durante los siguientes 15 años, sufrió abuso sexual, físico, emocional y verbal por parte de su esposo en repetidas ocasiones.

Kamla se sentía incapaz de compartir esta situación con alguien, pensando que era un problema privado de familia. Buscar atención médica no era algo que ella considerara en absoluto. Pero la ausencia de su familia y amigos exacerbó su aislamiento. “El problema de la violencia sexual y la violencia de género aquí es múltiple”, explica Huzaifa, la consejera de Kamla. “A veces las víctimas no saben que están siendo abusadas y lo aceptan como una forma de vida. A veces tienen mucho miedo de pedir ayuda, temiendo que el problema se agrave o que el servicio no sea privado y confidencial. Hemos atendido a víctimas que no tenían idea de dónde ir a buscar ayuda. La clínica Umeed Ki Kiran en Delhi, a través de su enfoque, que se centra en los pacientes, no solo provee atención médica y psicológica, también educa a la comunidad en temas de sexualidad y violencia de género, y la necesidad de recibir ayuda médica oportuna.

Las lesiones son consecuencias comunes cuando una persona sufre violencia física y sexual, pero las heridas psicológicas pueden ser igual de perjudiciales. El abuso llevó a Kamla a tener pensamientos suicidas. “Parecía agotada y desesperada la primera vez que la vi”, dice Huzaifa. “Ella quería hacerse cargo de su vida y la de sus tres hijos. Para ayudarla a llegar a ese estado, necesitó no solo tratamiento para sus heridas psicológicas sino también asesoramiento”.

Como es el caso de todos los sobrevivientes que llegan a la clínica de MSF, Kamla fue examinada por lesiones físicas y se le asignó un asesor que la ve regularmente. “Sentí que solo quería que alguien la acompañara en su desahogo, la escuchara y le dijera que no estaba sola, que le mostrara alguna esperanza. En ese sentido, a veces pienso que la clínica Umeed ki Kiran realmente hizo honor a su nombre en el caso de Kamla”, dice Huzaifa.

 

 

Después de varias sesiones de asesoramiento, Kamla decidió dejar a su marido y mudarse con sus hijos. La clínica Umeed ki Kiran también conecta a los pacientes con otros servicios, como cuidado médico especializado, servicios legales y refugios, así que Kamla y sus hijos se trasladaron a uno de estos lugares.

Kamla ahora vive en un refugio. Trabaja y sus hijos están creciendo lejos del abuso. Ella quiere que estén tranquilos. “La vi en el refugio el otro día, rebosante de vida. Eso me hizo feliz no solo por presenciar esa transformación sino por haber jugado un rol para lograrlo”, concluye Huzaifa.

 

*Algunos nombres se cambiaron para proteger la identidad de los pacientes.

 

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