17.11.2020

La psicóloga de MSF, Sara Tannouri, recuerda la explosión que devastó a su ciudad natal Beirut, en Líbano, hace poco más de tres meses, y su impacto en el bienestar mental de las personas, incluido el suyo.  

“El 4 de agosto de 2020 a las 6 de la tarde, estaba a punto de salir de mi casa para mi sesión semanal con mi terapeuta. Ya era tarde y me había despedido de mi familia al salir.Tan pronto como cerré la puerta de mi auto, escuché un ruido fuerte y sentí como si el aire del auto fuera succionado. Segundos después, vidrios rotos y escombros comenzaron a caer como lluvia intensa sobre mi auto. La explosión destruyó todo lo que estaba a la vista.

Me sentía completamente pegada a mi asiento y mi cuerpo estaba paralizado por la conmoción. Unos segundos de silencio penetrante fueron seguidos por una extraña mezcla de alarmas y gritos de ayuda y angustia de mis vecinos, a quienes vi cubiertos de sangre, con miradas de confusión y miedo en sus rostros.

En medio del caos, pude escuchar a mi madre gritar mi nombre y, finalmente salí de mi parálisis y corrí de regreso a la casa para asegurarle que estaba viva.

En ese momento estábamos convencidos de que se había producido un atentado en nuestro barrio, pero no tardamos en darnos cuenta de la magnitud de lo ocurrido. Comenzamos a mirar a nuestro alrededor con incredulidad: ¿cómo pudo haber sido violado nuestro lugar seguro de manera tan perturbadora? ¿Habíamos sobrevivido a esto sanas y salvas, o aún no había terminado? Incluso si hubiéramos sobrevivido, ¿quién no lo hizo?

Me sentía abrumada y caí en un estado general de pánico. Para superar estos sentimientos, necesitaba sentirme útil, necesitaba ser útil.

 

 

El día después de la explosión, y luego de una noche de insomnio tratando de comprender la magnitud del desastre al que nos enfrentábamos, recibí una llamada del equipo de MSF en Beirut pidiéndome que me uniera a ellos como psicóloga en la respuesta humanitaria. Sentí que necesitaba usar cualquier experiencia que tuviera para contribuir a la respuesta y ayudar a mi propia comunidad en sus momentos más difíciles.

Como parte del equipo de emergencia de MSF, ayudé a evaluar cuatro de los hospitales más dañados, realicé visitas domiciliarias y proporcioné primeros auxilios psicológicos y apoyo de salud mental a las personas afectadas por la explosión.

La presencia de MSF en algunas de las áreas más afectadas de la ciudad arrojó luz sobre cuánto apoyo de salud mental se necesitaba y que, aún ahora,  todavía se necesita.

El flujo de pacientes que acuden a consultas ha sido constante y la comunidad, que en ocasiones tenía la tendencia a estigmatizar a las personas con problemas de salud mental, ha expresado una necesidad real por este servicio.

Desde la explosión hace dos meses, el trauma de las personas se ha desencadenado nuevamente por varios incidentes, por ejemplo, cuando se produjo un incendio en el puerto, cerca del lugar de la explosión, en septiembre.

Estos eventos se suman a una aguda crisis económica, que ha dejado a la gente luchando por mantener a sus familias, así como a la inestabilidad política en Líbano.

A medida que las y los pacientes enfrentan un trauma tras otro, cada vez es más difícil para ellos y ellas alcanzar un bienestar mental a largo plazo. Para mí, como psicóloga, esto presenta un desafío: los recordatorios recurrentes de la tragedia de la explosión o un nuevo trauma pueden interrumpir repentinamente el plan de tratamiento de un paciente.

Es como si el tiempo se hubiera detenido para algunas personas la noche de la explosión y nadie parece haber restaurado la normalidad en su vida. Esto también se aplica a mí a nivel personal.

 

 

Al recordar el día de la explosión, surgen sentimientos de insignificancia y vulnerabilidad cuando pienso en el poco tiempo que tomó destruir los sueños y aspiraciones de millones de libaneses. Pero esta tristeza suele ser consolada por la fuerza que observo entre las personas directamente afectadas por la explosión. Esto me está enseñando resistencia y determinación.

Ser parte del equipo de respuesta de salud mental de MSF definitivamente me ha ayudado a aceptar cómo esta crisis me ha afectado personalmente. El haber pasado por una experiencia muy similar a la de las y los pacientes me ha forjado un fuerte sentimiento de empatía. Decidí canalizar mi energía y experiencia para brindar toda la ayuda y el apoyo que pudiera a quienes lo necesitaban.

Casi todas las personas que conozco han contribuido, de una forma u otra, a reconstruir esta ciudad destrozada pieza por pieza. Esto me ha dado la fuerza para despertar incansablemente todos los días desde la explosión y mantener la esperanza".

 

 

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Sara Tannouri estudió Psicología Clínica en Beirut y ha trabajado en el sector de ayuda humanitaria en Líbano durante los últimos seis años. Se incorporó al equipo de MSF como psicóloga hace casi dos años y desde entonces ha trabajado para nuestra organización en el valle de Bekaa y Trípoli. Este año, también participó en nuestra respuesta rápida para COVID-19. Desde la explosión del 4 de agosto, ha sido una de los psicólogos de nuestro equipo de emergencia.