"Tengo que decir que MSF también cambió mi vida. A pesar de todo el trabajo, mi experiencia en Malawi no se ha llevado toda mi energía. Me encantaría ir a otra misión con MSF tan pronto como sea posible.”

Ibrahim Al LahamLogista
10.06.2019
Nuestro compañero Ibrahim es un logista libanés. Acaba de regresar de Malawi, donde tenemos un proyecto para ayudar a prevenir las enfermedades entre un grupo poblacional frecuentemente desatendido: los prisioneros. 
 
“Mi destino era Malawi, un país en el que MSF trabaja en dos de las prisiones centrales del país. Cuando recibí la llamada de la oficina de Médicos Sin Fronteras, no había escuchado nunca sobre este país, así que comencé a investigar. 
 
Leí sobre la historia, el clima y la población de Malawi. También encontré algunas fotos hermosas de la naturaleza en el país y leí un artículo que describía a los habitantes como "pacíficos y educados".
 
Busqué en Google cómo era su comida. Y por último, busqué cuáles eran las enfermedades más comunes en el país. Descubrí que la única enfermedad "aterradora" era la malaria y, personalmente, no era algo que me preocupara dado que el personal de MSF toma medicamentos preventivos a diario cuando trabajan en países donde la enfermedad está presente.
 
Una vez que me ofrecieron el trabajo, no dudé ni un segundo al tomar la decisión de irme. Mis amigos y mi familia fueron quienes objetaron la idea de que yo viajara al extranjero, especialmente porque tenía un trabajo prestigioso en Líbano.
 
Sin embargo, sólo pude responderles que unirme a MSF era una de mis pasiones. 
 

Llegando a Malawi

 
El vuelo duró unas 10 horas (cinco horas de Beirut a Addis Abeba, seguidas de cuatro horas de viaje a Malawi. Después de que el avión aterrizó en Lilongwe, la capital, los otros pasajeros se bajaron. Nosotros esperamos a bordo para ser trasladados a un área de MSF. Así comenzó mi misión en Malawi.
 
MSF trabaja en la prisión de Maula, en Lilongwe. Es la prisión más grande del país, y alberga a unos 2,650 prisioneros que están cumpliendo sentencias cortas. También trabajamos en la prisión de Chichiri, en la ciudad sureña de Blantyre, que alberga otros 2,000 prisioneros. Los desplazamientos entre las dos prisiones requieren un viaje de cinco horas en automóvil o de media hora en avión.
 
Los equipos médicos de MSF están compuestos por cuatro trabajadores en cada prisión. Al ser un grupo desatendido, los presos tienen necesidades de atención médica que no se han cubierto, y nuestro objetivo es abordarlas.
 
 
Mientras los observaba alinearse para recibir la única comida que se les ofrece al día, la desesperación de los prisioneros se hizo evidente para mí. La comida era un plato de harina de maíz y, a veces, de frijoles o verduras. Las proteínas están casi totalmente ausentes de su dieta.
 

Agua, saneamiento y rehabilitación

 
Comenzamos a trabajar para mejorar las condiciones de agua y saneamiento en las cárceles, lo que es, de hecho, un problema grave en Malawi.
 
El agua no está disponible en la cárcel, y no hay servicios de sanitarios. Como puedes imaginar, esto tiene un impacto real en la higiene, que a su vez afecta la salud de las personas. Así que MSF ha acordado con las autoridades trabajar dentro de la prisión para equipar los baños del recinto y extender las tuberías de agua para que alcancen el interior.
 
Entre los términos de la cooperación, MSF se comprometió a proporcionar los materiales primarios y la capacitación necesaria para que la administración de la prisión reuniera una fuerza laboral. Esto se hizo para no traer a trabajadores desde afuera de la prisión, y a pesar de que muchos presos no tienen experiencia práctica en plomería o saneamiento.
 
Mi trabajo consistió en capacitar a los prisioneros elegidos para ayudar a MSF a rehabilitar la prisión. La administración eligió prisioneros de diversos contextos, basándose en sus sentencias, y enfocándose principalmente en quienes serían liberados pronto, y en quienes tenían buena conducta y eran de aprendizaje rápido.
 

Construcción

 
Planeamos construir cinco bloques completos de saneamiento, que incluyeran un total de 60 retretes, 60 duchas, cuatro secciones de lavandería y 60 pozos negros. Esto significaba que habría un baño por cada 50 presos, de acuerdo con las recomendaciones del Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR).
 
Además de construir los bloques de saneamiento, también restauramos la red sanitaria reservada para los baños de mujeres, incluida la extensión de más de 850 tuberías en todos los baños de las secciones de los detenidos.
 
La calidad del aire en estas áreas también fue mejorada para combatir la propagación de infecciones como la tuberculosis (TB). Esto ayudó a disminuir la temperatura y limitar los malos olores.
 

Un gesto sencillo

 
Creo que es natural que alguien que comienza a trabajar en una prisión por primera vez tenga algunas ideas preconcebidas sobre la situación. Pero eso realmente cambió para mí cuando conocí a los prisioneros con los que estaba trabajando.
 
Solía llevar comida a los prisioneros, como parte del apoyo brindado por MSF. Este gesto, aunque simple, solía poner una sonrisa en sus rostros y nos ayudó a volvernos amigos. Los prisioneros aman a MSF. Tanto ellos como los guardias dijeron que MSF los había ayudado a cambiar sus vidas por completo. 
 
Tengo que decir que MSF también cambió mi vida. A pesar de todo el trabajo, mi experiencia en Malawi no se ha llevado toda mi energía. Me encantaría ir a otra misión con MSF tan pronto como sea posible.”