28.11.2017
Después de largos y arduos viajes realizados sin la protección de sus familias, muchos jóvenes migrantes no acompañados que llegan a Francia no reciben refugio ni asistencia de las autoridades, lo que les obliga a dormir a la intemperie en las condiciones más espantosas. El 5 de diciembre, Médicos Sin Fronteras (MSF) abrirá un centro en Pantin, un municipio a las afueras de París, para ofrecerles un lugar de descanso, atención médica y apoyo administrativo.
 
Se estima que a finales de 2017, 25,000 jóvenes habrán solicitado el estatuto de menor no acompañado en Francia. La situación es extremadamente grave: "Muchos jóvenes que dicen ser menores de edad no reciben asistencia y duermen a la intemperie en las condiciones más espantosas, rodeados de grupos de adultos y a merced de las redes de traficantes de personas. Se necesita urgentemente un sistema de refugio, cuidado y orientación en un entorno seguro y humano", afirma Corinne Torre, coordinadora general de MSF en Francia.
 
La asistencia brindada en el centro a los jóvenes que dicen ser menores no acompañados incluirá asistencia jurídica, atención médica y de salud mental y servicios sociales. En cooperación con varias asociaciones (ADJIE, Safe Passage y COMEDE) y abogados de los colegios de París y Sena Saint-Denis, los equipos de MSF harán un seguimiento de cada situación individual y ofrecerán apoyo.
 
 
"El centro de día estará disponible para 50 jóvenes remitidos por asociaciones con las que trabajamos. Algunos habrán llegado recientemente a Francia, otros estarán en el proceso y otros que ya tengan rechazada su solicitud de menor no acompañado. Queremos ayudarlos a que conozcan sus derechos y, si así lo desean, presentar una apelación ante el tribunal de familia. También queremos darles acceso a atención médica en un lugar seguro y pacífico", explica Corinne Torre.
 
La mayoría de estos jóvenes, que han estado expuestos a un peligro extremo durante complejos viajes migratorios, a menudo se encuentran solos en un ambiente hostil en su llegada a Francia. Se enfrentan a una falta de información y transparencia, muy pocas instalaciones de recepción, un laberinto de burocracia administrativa y negativas para incluso registrar sus peticiones. Algunos logran solicitar protección infantil y, si son reconocidos como menores, son atendidos por los servicios encargados para ello.
 
Pero aquellos cuyas peticiones son rechazados son expulsados del sistema legal y se les niega cualquier asistencia adicional. "Esta es una de las razones por las que queríamos abrir el centro", continúa Torre. "Llamamos no solo a la protección incondicional de estos jóvenes como menores en situación de riesgo, sino también a la defensa de la presunción de minoría, que habitualmente es transgredida".