06.02.2018
Para las personas desplazadas en los campos a lo largo del noreste de Nigeria, la protección normalmente termina en las puertas del campo. Los grupos armados operan en estas áreas, esperando para atacar a las personas vulnerables cuando salen a buscar leña para cocinar. Michael Githinji, que se describe a sí mismo como un “creador”, visitó hace poco el campo de Pulka para ver si podía diseñar una solución para sus problemas. 
 
La mayoría de las personas no me verían como un integrante común de MSF. Me veo a mí mismo como un “creador”, porque es algo que he hecho toda mi vida. Cuando era más joven –y para la consternación de mis padres– desarmaba mis juguetes y aparatos electrónicos para ver cómo podía mejorar su diseño. Actualmente soy parte de la “Unidad de desplazamiento”, un equipo de terreno de MSF que tiene como misión buscar soluciones para los problemas en el terreno. Trabajamos juntos y frecuentemente tomamos un enfoque poco ortodoxo que, a primera vista, podría dejar a las personas confundidas. 
 
Cuando llegué al campo de Pulka por primera vez no sabía con qué me encontraría. Por supuesto, estaba bien informado, pero realmente tienes que entender el estilo de vida de estas personas: cómo viven, cuáles son sus motivaciones, ese tipo de cosas. Conocí a algunas de las personas que habían sido atacadas y cada una de sus historias era terrible. Para conseguir un puñado de leña y poder cocinar su comida diaria, estaban obligados a arriesgar sus vidas. 
 
Rápidamente llegué a la conclusión de que debíamos buscar fuentes alternativas de combustible en el campo, que fueran renovables y pudieran ajustarse a su presupuesto, que es prácticamente cero. Cuando comenzamos el proceso, lo primero que hicimos fue reunirnos con los artesanos locales y ver qué tipo de recursos existen. A partir de eso puedes comenzar a hacer prototipos de diversas soluciones.
 
 
Mientras caminábamos por el campo pude ver diferentes tipos de desperdicio –sorgo, cáscaras de cacahuate–, pero lo que realmente me pareció prometedor fue la caña de azúcar. Es fácil conseguir la caña de azúcar en el campo porque algunos de los habitantes son agricultores, y normalmente son escoltados por los militares para cosechar sus cultivos de caña de azúcar. 
 
Se pueden hacer pequeños briquetes de caña de azúcar cortando el desperdicio en trozos más pequeños, mojándolos, presionándolos y dejándolos secar. Esta parecía ser la mejor opción. Hicimos los cálculos y llegamos a la conclusión de que seis de estos briquetes podrían mantener un fuego durante una hora, que es suficiente tiempo para cocinar una comida.  
 
Con la ayuda de los artesanos y soldadores locales, buscamos algún metal que pudiera usarse para hacer una de estas prensas y, finalmente, pensamos en un diseño que pudiera reproducirse fácilmente. Era importante que la población comenzar a ver esto como algo que de ellos. Viví una pequeña muestra del miedo con el que las personas se enfrentan regularmente, cuando estalló un tiroteo entre el ejército nigeriano y Boko Haram en el campo. No duró mucho, pero hizo que me diera cuenta de cuán volátil es la situación.
 
El siguiente paso del proceso fue obtener el apoyo de los ancianos locales. Estas son las personas que actuarán como defensores. Durante dos semanas hice varias demostraciones a estos hombres porque, si no lograba ‘venderles’ la idea, no tendría su aprobación y la comunidad no aceptaría la idea.
 
 
MSF no dará la prensa o los briquetes terminados porque pretendemos que este sea un proyecto sostenible a largo plazo, incluso sin la intervención de MSF. Serán fabricados por los artesanos locales, siguiendo los prototipos que diseñamos juntos. Discutí con los ancianos de la comunidad sobre cómo podrían ser asequibles, y sugirieron que los hogares podrían unirse y comprar la prensa conjuntamente. Puede costar 20 o 30 dólares, después de toda la mano de obra que se utiliza. Pero el precio puede bajar y bajará. No basta con presentar la idea y marcharse. En los próximos meses, tendremos que monitorear cómo toman la idea las mujeres.
 
Hago esto desde hace años, primero en Kenia –mi hogar–, pero también en Sudán y Sudán del Sur. Diría que me especializo en buscar soluciones originales y sostenibles a nivel local, con la participación de la población del lugar, para resolver un problema. A veces también tengo que ser un economista y un vendedor. Las ideas que se me ocurren deben ser asequibles para la comunidad con la que trabajo, y debo pensar sobre cómo hacer que las soluciones sean efectivas.  
 
Es interesante cómo el proceso de innovación a veces saca a la luz más situaciones que necesitan resolverse. Durante este viaje también vi a personas que usaban estufas ineficaces para cocinar. Si podemos reducir el consumo de combustible, podemos reducir la necesidad de las personas para salir del campo durante tiempos difíciles. 
 
La solución que ayudé a desarrollar en el campo de Pulka no eliminará la necesidad de buscar combustible fuera del campo, pero sí espero que reduzca el número de personas heridas que llegan a nuestros hospitales después de haber sido atacados mientras recolectaban leña.