05.06.2019
El noma es una enfermedad pasada por alto, pero peligrosa, que puede dejar desfigurados a los pacientes jóvenes. Hafiz, un cirujano originario de la India, nos compartió su experiencia de trabajo, que consiste en realizar cirugías reconstructivas que cambian la vida de las personas en Nigeria...
 
“Solo tenía un vago recuerdo del nombre de la enfermedad que había escuchado durante mi educación médica. ¿Noma? ¿Cancrum oris?
 
No podía recordar con certeza...
 

Inspiración

 
En algún momento de 2011, asistí a una reunión organizada por la Asociación de Cirujanos Plásticos cerca de mi ciudad natal, en la India. Allí escuché una presentación motivadora sobre el trabajo humanitario médico de MSF en varios países. Inmediatamente después de la reunión, me acerqué al orador e inicié el proceso para comenzar a trabajar con MSF.
 
Después de varios meses de espera y muchos trámites, me llamaron para una entrevista en Nueva Delhi y pronto me ofrecieron mi primera misión.
 
¡Estaba muy emocionado!
 
Mi primer trabajo fue en la Franja de Gaza en 2017, era cirujano reconstructivo en casos de quemaduras. Sin embargo, la misión se canceló repentinamente debido a problemas de seguridad que restringían nuestro acceso.
 
Como cirujano plástico reconstructivo, mis opciones con MSF en mi campo de elección eran limitadas. Preferí no optar por misiones quirúrgicas generales o cirugía de guerra, sino permanecer en mi zona de comodidad, que es la cirugía reconstructiva.
 
Por lo tanto, me emocioné mucho cuando la oficina de MSF en la India me llamó y me contó las buenas noticias: me habían encontrado otra misión.
 

 

Noma en Nigeria

 
La misión consistía en ser cirujano plástico reconstructivo para un proyecto en el noroeste de Nigeria que atiende a pacientes con noma.
 
Tenía mucha lectura que hacer sobre el noma. Es una enfermedad poco frecuente ahora, pero aún prevalece ampliamente a lo largo del cinturón ecuatorial que atraviesa Nigeria, Chad, Camerún y la República Centroafricana.
 
Sin embargo, el conocimiento sobre la enfermedad es muy limitado, al igual que las opciones de tratamiento.
 
 
La enfermedad destruye el hueso y el tejido de la mandíbula, los labios, las mejillas, la nariz o los ojos. Esta gangrena orofacial de rápida propagación es, principalmente, el resultado de la desnutrición y las infecciones orales oportunistas en niños que padecen un sistema inmunitario ya debilitado.
 
La tasa de mortalidad por la enfermedad también es alta, y muchos pacientes requieren cirugía reconstructiva.
 
Aquí es donde MSF decidió intervenir. Y, durante los últimos cinco años, hemos estado apoyando al hospital de niños con Noma, en la ciudad de Sokoto, donde trabajamos junto con el Ministerio de Salud.
 

 

Aprendiendo a tratar la enfermedad

 
La literatura detallada sobre esta enfermedad también es bastante limitada: un pequeño libro de texto de la Fundación Holandesa de Noma, que fue compartido por un cirujano, se convirtió en mi biblia para comprender la enfermedad.
 
El libro contenía múltiples imágenes y relatos de deformidades faciales causadas por la enfermedad que me ayudaron enormemente más tarde, salvándome del impacto de lo desconocido durante la misión.
 
El equipo internacional también tenía una amplia experiencia en el tratamiento del noma, lo que me puso nervioso al principio, pues era mi primera vez tratando la enfermedad. Sin embargo, el aliento constante y los buenos consejos del personal me ayudaron a concentrarme en mi trabajo.
 
 
A medida que pasaban los días, mis temores disminuyeron cuando me di cuenta de que podía depender de mis habilidades fundamentales como cirujano reconstructivo en la mayoría de los casos. La camaradería entre el personal también aseguró que las cosas salieran bien.
 
Creo que mi tiempo dedicado a la tarea valió la pena. Tratamos a más de 27 pacientes y la gran mayoría de ellos mostraron una curación justa o excelente.
 
Todo cirujano sabe que la atención postoperatoria es de vital importancia, si no es que más que la cirugía en sí misma. Las rondas de barrio eran, por lo tanto, muy importantes y algo que siempre esperaba. Esto es también cuando uno ve que el cuerpo humano realiza su trabajo de curación natural después de la cirugía.
 
Más que nada, lo que realmente me asombró fue la resiliencia de nuestros pacientes.
 
A pesar de la enfermedad, muchos estaban despiertos y sonrientes por la tarde después de su cirugía, lo que a menudo nos llevó a preguntarnos si era el mismo paciente al que habíamos operado esa mañana.
 
Rara vez alguien se quejaba de dolor, lo cual era notable y en marcado contraste con los pacientes sanos y en forma que regularmente encuentro en mi consultorio en casa comúnmente.
 
 
Mi misión de dos semanas pasó volando en un abrir y cerrar de ojos. En una memorable ceremonia de agradecimiento, los familiares de muchos de nuestros pacientes se reunieron en el patio del hospital en mi último día y compartieron su gratitud a través de un espectáculo de danza tradicional.
 
Fue una velada encantadora y la energía de los artistas logró que incluso el tímido y horrible bailarín que vive dentro de mí se uniera a la diversión.
 
¡Espero volver pronto!”