Sandra SmileyAdvocacy
17.12.2018
Una mujer emocionada saluda a Sandra Smiley, una oficial de advocacy de MSF originaria de Canadá, invitándola a ingresar a la sala de partos del Hospital de Mujeres de Peshawar en Pakistán. Tiene una historia increíble que contar...
 
“Al llegar al Hospital de Mujeres de Peshawar recibí muchas sonrisas, lo que parece ser una costumbre tácita en las instalaciones médicas administradas por Médicos Sin Fronteras (MSF) en todo el mundo. Soy solo una de las tantas mujeres que están recibiendo estas sonrisas hoy.
 
Alejado del abarrotado y polvoriento centro de la capital de Khyber Pakhtunkhwa, este hospital de maternidad permite que más de 400 mujeres den a luz en presencia de personal médico capacitado, todos los meses, de forma gratuita.
 
Detrás de la mesa de registro se encuentra una joven con un pañuelo en la cabeza, un inglés impecable y una actitud formal. Extendido frente a ella hay un enorme registro de pacientes, en el que se registran los datos de las mujeres en el momento de su admisión.
 
Me comenta que aunque todas las mujeres que se encuentran en trabajo de parto son aceptadas aquí, muchos de los pacientes provienen de las áreas rurales que rodean Peshawar. Muchos son afganos que huyeron y se han asentado en las provincias occidentales de Pakistán. Otros tienen ciudadanía paquistaní, pero han sido igualmente afectados por el conflicto armado en la frontera occidental del país con Afganistán.
 

Una historia increíble

 
Mientras charlamos, una mujer robusta con el pelo color de rosa, cubierta con un pañuelo negro transparente, irrumpe en el área de recepción. Las palmas de sus manos, enrojecidas con henna, están por todas partes. Gesticula salvajemente a mi colega masculino, Zahir Gul. Le habla a través de una enorme sonrisa de pequeños dientes, teñidos de marrón por el paso del tiempo y muchas tazas de té negro fuerte. Sus cejas están arriba debido a la emoción, marcando profundamente las líneas de su frente.
 
Esto continúa por un rato, y Zahir Gul le responde asintiendo alentadoramente. Eventualmente, la mujer traslada su atención a mí. Se inclina como si fuera a contarme un chisme espectacularmente emocionante. No entiendo nada porque está hablando en pashto, pero sus gestos lo dicen todo ... tiene una increíble historia que contar. 
 

En una fría noche invernal 

 
Zahir Gul me traduce todo.  Una mujer viajó los más de 70 kilómetros a Peshawar desde la Agencia Khyber en una noche invernal. La Agencia Khyber se encuentra al norte de la provincia, justo en la frontera con Afganistán. Es un área en las antiguas Áreas Tribales bajo Administración Federal (FATA, por sus siglas en inglés), donde existen muy pocos servicios públicos. MSF tenía dos proyectos médicos en esta región hasta que ambos se vieron obligados a cerrar en 2017. Anoche, la nuera de la mujer dio a luz en su hogar.
 
 
Tener bebés en la comunidad sin la ayuda de un asistente de parto calificado es común en las regiones más remotas de esta provincia. Las pacientes me han dicho que a menudo esto es preferible, pues las instalaciones médicas locales no suelen tener calefacción, agua o electricidad, y en cualquier caso, cierran a las 2pm. Muchos trabajadores sanitarios en estas áreas administran sus propias prácticas privadas después del horario de atención, pero cobran lo que quieren por los servicios.
 
Después del parto, la nuera de la mujer se enfermó y necesitaba atención médica, pero no había ninguna clínica cerca de casa. Tomar el transporte público no era una opción, pues muy pocos conductores se enfrentan a las carreteras de la montaña después del anochecer. 
 
Con 5,000 rupias (aproximadamente 40 dólares estadounidenses, dependiendo del día), la familia pudo convencer a un taxista para que los trasladara al hospital, contra todo pronóstico. Viajar por estas rutas implica navegar por muchos punto de control. La gente, sin embargo, teme lo que podría estar esperándolos después de cada curva en el camino. 
 

Hemorragia postparto

 
Con los ojos muy abiertos y todavía charlando, la mujer me lleva a la sala de parto. Dejo a Zahir Gul en la entrada y ella me hace entrar a la sala donde hay una joven está acostada en una mesa de partos.
 
Está alerta y muy hermosa, con rasgos finos, cabello oscuro y rizado atado hacia atrás, y un delicado anillo plateado en la nariz. Su piel es pálida, casi gris. Sus labios no tienen color. Sin embargo, ella tiene ese brillo de alguien que está recuperando su fuerza. Parece estar llena de alivio.
 
“Felicidades”, le digo.
 
La joven sonríe y me responde, “que dios te acompañe”.
 
 
La enfermera que la atiende explica que tuvo una hemorragia postparto masiva, y apunta hacia la pared detrás de nosotros, que está salpicada de sangre fresca. La condición es común aquí, me comenta la enfermera. Puede matar a una mujer muy rápidamente y muchas víctimas no sobreviven. Lo que creo, pero ahora no parece útil decirlo, es que hay medicamentos que podrían haber evitado la terrible experiencia de esta joven si hubieran estado disponibles cerca de su hogar.
 
Cuando se administra a una mujer después del parto, los medicamentos uterotónicos (que provocan las contracciones del útero) reducen en gran medida el riesgo de un sangrado postparto excesivo. Algunos de estos medicamentos, como la oxitocina y el misoprostol, están fácilmente disponibles en Pakistán y se encuentran en las listas de "medicamentos esenciales", lo que significa que, en teoría, deberían estar disponibles en todas las instalaciones médicas. Aún así, esta mujer no tuvo acceso a ellos, y la situación pudo haber terminado siendo una tragedia. 
 

El otro lado de la historia

 
Como suele ser el caso, hay otra parte de esta historia. En las instalaciones médicas de MSF en Khyber Pakhtunkhwa, nuestros equipos médicos tratan a muchas mujeres embarazadas que experimentan complicaciones debido al mal uso de estos mismos medicamentos.
 
Debido a que están tan ampliamente disponibles, los profesionales de la salud emprendedores o las parteras tradicionales los administran a las mujeres embarazadas para acelerar sus nacimientos, y bajo el pretexto de que los medicamentos ayudarán a reducir los dolores de parto. Sin embargo, esas mujeres a menudo son remitidas a los hospitales de MSF, sufriendo contracciones demasiado fuertes y frecuentes, fatiga en el útero y, a veces, sangrado excesivo.
 
Estas son historias demasiado frecuentes que terminan en esterilidad para la madre, una vida de discapacidad para el bebé recién nacido o la muerte de ambos. Claramente, el hecho de que un medicamento sea accesible no significa que solo tendrá el efecto deseado.
 
 

Cambiando las costumbres

 
En las áreas más remotas de Pakistán, puede ser difícil acceder a una atención médica especializada, los marcos regulatorios se aplican de forma débil y los recursos populares tienen una gran demanda, creando una tormenta perfecta que promueve el uso inadecuado de medicamentos vitales. Por eso, desde 2013 MSF ha estado trabajando con equipos de alcance comunitario y con las autoridades locales para recopilar datos sobre este tema, capacitar al personal sanitario y educar a las comunidades sobre los beneficios y riesgos inherentes del uso de estos medicamentos.
 

Caritas arrugadas

 
La mujer de pelo rosa sigue dando vueltas alrededor de la sala de parto. Quiere mostrarme algo. Se acerca a una cama de hospital y retira con cuidado algunas capas de una manta de lana para revelar dos masas rosadas ... son unos bebés pequeños, gemelos, con solo unas horas de vida.
 
Las enfermeras, otros pacientes y yo nos reunimos para verlos: sus caritas redondas y arrugadas, sus diminutos dedos que se mueven e intentan sujetar nada en particular. La mujer retiene la manta, radiante. Nadie habla... ni siquiera ella.
 
Aquí termina su historia. Una historia con final feliz.