06.04.2018
El 7 de abril de 1994, hace 24 años, los equipos de Médicos Sin Fronteras (MSF) en Kigali, Ruanda, vieron cómo la violencia envolvió a la ciudad. Fueron los primeros días del evento que sería conocido como el genocidio de Ruanda, en el que más de un millón de personas perdieron sus vidas, incluyendo a personal de MSF. 
 
La crisis que engulló al país también se extendió a lo largo de la frontera, obligando a los refugiados a huir hacia República Democrática del Congo, Uganda y Burundi, los países vecinos. Entre las personas que vivieron esta tragedia había jóvenes que décadas después trabajarían para MSF. 
 
Claudia Kanyemera, Dominique Mukunzi e Innocent Maniraruta conocieron a Médicos Sin Fronteras cuando la organización brindaba atención médica y ayuda humanitaria a las personas que huían de la violencia en Ruanda. 
 
Hoy comparten las experiencias que los inspiraron y motivaron para unirse a MSF. 
 
 

“Como sobrevivente de un genocidio, sé que las personas necesitan apoyo”

Claudia Kanyemera –Gerente de Finanzas de MSF

“Decidí unirme a MSF hace mucho tiempo porque admiraba su trabajo, su neutralidad y la forma en que ayuda a personas en situación crítica, a personas que son víctimas de guerra. Como sobreviviente de un genocidio y víctima de una crisis política, sé cuanto apoyo necesitan las personas que están en estas situaciones.
 
Cuando sucedió el genocidio en Ruanda, en 1994, iba a la escuela secundaria. Vivíamos en la provincia del sur de Ruanda cuando todo comenzó, y me vi obligada a huir de mi hogar junto con mi familia; fuimos internamente desplazados a otra parte del país. Perdí a algunos familiares en ese entonces. Fue muy difícil. Huimos y nos dirigimos a un lugar que pensamos era seguro, pero en Rwanda no había un solo lugar que fuera realmente seguro
 
Unos meses después de que terminaran los enfrentamientos, encontré trabajo con una organización sin fines de lucro, como traductora entre el francés y el kiñaruanda Así conocí a MSF, habían instalado un hospital en el mismo recinto de la organización con la trabajaba, compartían el lugar.  Algunos días en los que me necesitaban, les ayudaba como traductora en el hospital. Ahí vi cómo MSF atendía a los pacientes sin discriminación alguna y de forma imparcial. Realmente les preocupaban las personas. En ese momento decidí que iría a la universidad y me uniría a MSF en el futuro.
 
Después de que pararon los enfrentamientos y las cosas finalmente regresaron a la normalidad, presenté mi aplicación para asistir a la universidad. Soñaba con estudiar medicina para poder unirme como médico a una organización humanitaria. Pero después del genocidio no era fácil conseguir becas, y estudiar medicina era muy costoso. 
 
La beca que logré conseguir era para estudiar finanzas, así que me olvidé de estudiar medicina. Al final no pude seguir mi sueño y convertirme en médico. Pero construí una carrera en finanzas: trabajé como auditora, como gestora de finanzas en un banco, dirigí departamentos y estudié una maestría en economía. 
Pero aún quería hacer más por las personas, así que decidí unirme a MSF como gerente de finanzas en el terreno. Actualmente, aunque no soy médico, puedo ayudar y trabajar para lograr mi sueño de cambiar la realidad de las personas.”
 
 

“MSF llegó al medio de la nada e hizo un hospital”

 

Dominique Mukunzi – Farmacista de MSF 

 
“Tenía 11 años en 1994, cuando huimos. El genocidio sucedió en Ruanda, mi país, y tuvimos que escapar. Caminamos durante días, cruzamos la frontera para llegar a República Democrática del Congo (RDC) y seguimos hasta llegar al campo de refugiados en Bukavu. Ahí conocí a MSF, estaban en los campos de refugiados, ayudando a las personas. 
 
Nos quedamos un año en el campo. Después, en 1996, comenzó la guerra en Bukavu y tuvimos que huir de nuevo. Una vez más, caminamos durante días hasta llegar a Kisangani, a cientos de kilómetros de distancia. A veces no había un solo pueblo a lo largo del camino, así que dormíamos al costado de la carretera, sobre plástico.
 
Hay algo de ese viaje que permanece en mi mente: recuerdo que estaba en la carretera hacia Kisangani y había un campo en el camino. Un día aterrizó un pequeño avión cerca de donde estábamos, era MSF. La organización llegó al medio de la nada e instaló un pequeño hospital que ayudaba a los refugiados en la carretera. 
 
Antes de huir de Ruanda, mi padre trabajaba en un banco y mi madre era trabajadora social en el hospital de Kigali. Pero cuando estalló la violencia todos tuvimos que irnos, incluyendo a mi hermana y mis dos hermanos. Pasamos tres años en la carretera y en campos de refugiados en la República Democrática del Congo. Mi madre consiguió un trabajo con MSF en el en el centro de nutrición del campo de refugiados. En 1997, finalmente era suficientemente seguro como para regresar a casa. Tuvimos que comenzar todo de nuevo en Ruanda: casa, trabajo y escuela para nosotros, los niños.
 
Cuando terminé la escuela fui a la universidad para convertirme en farmacéutico. La experiencia de mi madre me influyó para querer trabajar en un campo profesional similar. Aunque hay otras organizaciones que realizan trabajo humanitario, MSF me inspira. Recuerdo la ayuda que MSF me dio cuando estaba necesitado. Siempre lo tengo presente, para recordarme que debo ayudar a lo que una vez me ayudó ".
 
 

“Nada puede ser tan malo como lo que pasó en Ruanda”

 

Innocent Maniraruta –Gerente de Finanzas de MSF

 
"Siempre he querido trabajar con personal humanitario para poder ayudar a las personas que necesitan ayuda urgentemente.
 
De hecho, desde el principio quise trabajar con niños para poder retribuir y compartir lo que tengo. MSF hace un gran trabajo para ayudar a personas necesitadas. Es algo que no puedes imaginar hasta que vas al terreno, ves cómo sufre la gente y cómo MSF ayuda a esas personas con sus problemas, especialmente al ofrecerles asistencia médica. 
 
Recuerdo el genocidio de Ruanda en 1994.
 
Los ruandeses vimos cómo MSF llegó a ayudar a las personas necesitadas, y al mismo tiempo también vimos que gran parte del mundo no llegó a ayudar ni a ofrecer ayuda. En su mayor parte, los ruandeses tuvimos que buscar una solución a la crisis. Recuerdo como anhelaba que personas de esos países vinieran a ayudarnos. Pero durante mucho tiempo no vino nadie; la gente ignoraba lo que estaba sucediendo, y los ruandeses sufrieron.
 
Pero después me di cuenta de que MSF había llegado a brindar ayuda en Rwanda. De hecho, MSF hizo un gran trabajo y salvó vidas. Recuerdo haber pensado que otras organizaciones y países deberían haber tomado el ejemplo de MSF y llegar a ayudar inmediatamente, sin esperar hasta que los problemas se volvieran enormes. 
 
También fue una lección para mí. Me hizo sentir que yo también debía trabajar para ayudar a las personas necesitadas, y transmitir mis capacidades de alguna forma para poder ayudar y proteger a las personas.
 
Por eso estoy comprometido a brindar ayuda en los lugares en los que MSF trabaja. Estoy listo para contribuir, aunque sea difícil. Porque sé que nada puede ser tan malo como lo que pasó durante el genocidio en Ruanda.”