09.02.2018
Omar Ahmed Abenza, jefe de misión de MSF en el noroeste de Siria, describe la situación actual en esta tensa región.  
 
"Un centro médico en Mishmishan, en la región de Idlib al noroeste de Siria, fue alcanzado ayer por un ataque aéreo. Este es un paso más hacia el desastre en esta zona de conflicto. Una vez más, este bombardeo es completamente indignante y no puede ser tolerado. Es un triste pero innegable hecho que las áreas civiles -específicamente las instalaciones médicas- están siendo atacadas en el noroeste de Siria, y los ataques –a pesar de su regularidad durante el conflicto de siete años– actualmente están en una intensidad que debería ser un hito, otra llamada de atención. 
 
MSF estaba apoyando las actividades de vacunación del centro médico en Mishmishan. En la segunda mitad de 2017, el equipo vacunó a más de 10,000 niños. Hoy, el servicio está destrozado. El área del centro médico en el que se estaban realizando las actividades de vacunación fue severamente dañado, los suministros de vacunas y los refrigeradores necesarios para mantener frías las vacunas fueron destrozados. 
 
Dado el número masivo de familias que llegan a esta área para huir del conflicto que azota más a las zonas sur y este, había muchas personas desplazadas vulnerables que no conocían los servicios de vacunación en el centro médico, o que simplemente asumieron que, en esta época de guerra, la vacunación no era algo que pudieran esperar encontrar, o que sabían sobre el servicio pero tenían miedo de trasladarse y buscarlo en centros médicos como el de Mishmishan. 
 
Es por esto que MSF apoyó al equipo de vacunación para iniciar algunas actividades de alcance comunitario. La mañana en que fue bombardeado el centro médico, el equipo de vacunación estaba en los pueblos cercanos. Sus vidas, y las vidas de los padres e hijos que hubieran estado haciendo una fila para recibir sus vacunas en el centro médico, probablemente fueron salvadas por esa afortunada coincidencia.
 
Esta información no es un consuelo para las seis personas que murieron en el ataque, los pacientes o sus cuidadores. Y no es un consuelo para las 17 personas heridas, entre ellas tres médicos del centro. Enviamos nuestras más profundas condolencias a los amigos y familiares de quienes fallecieron, y deseamos una recuperación segura a quienes resultaron heridos.
 
 
Esta situación también plantea la pregunta, ¿en dónde se tratará a los heridos? Es un terrible shock cada vez que una instalación médica es bombardeada. Por ejemplo, el personal del hospital cercano a Qunaya, al que MSF brinda un paquete integral de apoyo, se sintió extremadamente (y comprensiblemente) nervioso por lo que sucedió en el Mishmishan. Para minimizar la exposición de los médicos y pacientes en caso de que también fueran bombardeados, la administración del hospital de Qunaya redujo los servicios, envió a los pacientes no críticos a sus hogares y mantuvo a un equipo básico al frente de la sala de urgencias y el quirófano, pero nada más por el momento.
 
Este efecto dominó se replica cada vez que hay un ataque a un hospital o clínica. ¿El resultado? Más personas quedan aún más necesitadas y con menos servicios médicos abiertos y disponibles. El círculo es realmente vicioso. Las instalaciones que siguen abiertas están tan abrumadas que las consultas son apresuradas, es más fácil que se cometan errores en el diagnóstico y las opciones de referencia para los pacientes críticos son más difíciles de realizar o pueden ser imposibles. Así que una mayor cantidad de personas enferman de gravedad y tienen una gran necesidad por acceder a una atención médica avanzada que se está volviendo cada vez más limitada. 
 
Nuestros equipos de las clínicas móviles son testigos de esta situación, pues se movilizan en los asentamientos de familias desplazadas que se refugian en el frío, hacinadas en tiendas de campaña, en ocasiones después de haber recorrido decenas de kilómetros estando descalzos, para alejarse de los enfrentamientos o de las amenazas de bombardeos. 
 
Entre las necesidades médicas más frecuentes se encuentran las infecciones del tracto respiratorio y las enfermedades crónicas como la diabetes y la hipertensión. Sin acceso a la atención médica, estas condiciones pueden empeorar y, en el caso de las enfermedades crónicas, llegan a ser potencialmente mortales. El equipo móvil de MSF puede atender a los pacientes que encuentra, pero hay cientos de miles de desplazados a lo largo del norte de Idlib, y no todas las personas pueden ver a un médico o a una enfermera. 
 
Una situación que ya es mala está en proceso de empeorar mucho más, y el requisito de evitar atacar áreas e infraestructuras civiles, como las instalaciones médicas, es el primer paso a tomar para evitar una catástrofe".
 
MSF era una de las diversas organizaciones que apoyaban el centro médico de Mishmishan con donaciones de suministros médicos y medicinas. No había personal de MSF dentro de esta instalación. En diciembre del año pasado otra organización se encargó del apoyo general de donaciones y MSF se enfocó específicamente en los servicios de vacunación del centro, en la capacitación del personal, en pagar incentivos al personal de vacunación, equipar al centro de vacunación y en proporcionar las vacunas. 
 
En otras zonas de la región de Idlib, MSF tiene tres clínicas móviles con personal de MSF en el terreno, a la vez que los equipos de distribución proveen de kits de abrigo e higiene a las personas desplazadas. Médicos Sin Fronteras también tiene un acuerdo de colaboración de apoyo completo con el hospital Qunaya y proporciona diferentes niveles de apoyo a distancia a otros hospitales y centros médicos sirios en la región.
 
En el sur de la gobernación de Idlib, las fuerzas del gobierno sirio y sus aliados están en medio de intensos enfrentamientos en contra de grupos de oposición armados. Detrás de las líneas de combate, en el centro y norte de Idlib, los bombardeos aéreos están golpeando a las infraestructuras civiles, incluyendo las instalaciones médicas, y profundizando la crisis para las personas que huyeron cuando los enfrentamientos se acercaron a sus ciudades y pueblos. Desde diciembre del año pasado, miles de familias han intentado encontrar un espacio entre los cientos de miles de personas desplazadas que están hacinadas en la gobernación de Idlib. Muchos no tienen tiendas de campaña y están intentando refugiarse con otras familias. Asustados y con frío, su salud está deteriorándose."