01.02.2019
Homero de León, un médico mexicano que acaba de volver de su primera misión con Médicos Sin Fronteras en Sudán del Sur, asegura ganó experiencia al tratar enfermedades tropicales, pero sobre todo a los pacientes, quienes tardaban días en llegar al hospital. 
 
La experiencia humanitaria de Homero de León comenzó mucho antes de trabajar con Médicos Sin Fronteras (MSF). Durante varios años se preparó para salir a otros contextos de crisis: aprendió inglés, francés y se fue a Chiapas a atender a las comunidades indígenas en estado de extrema vulnerabilidad y olvido. Este médico mexicano siempre tuvo presente que quería ayudar.
 
Tras conocer a fondo el contexto de Sudán del Sur y prepararse con MSF, Homero voló hacia Mayom, una población al norte del país africano, que ha sido afectada por la violencia y debido a ésta se encuentra en aislamiento, lo que dificulta la atención en salud.
 
Allá -cuenta este joven médico de 30 años- era supervisor de seis técnicos en medicina. “Ellos se encargaban de las consultas y yo los apoyaba, además de atender la sala de urgencias y atender pacientes internados, donde tenía mucho contacto con ellos y sus familias”.
 
 
Cuenta que una madrugada, después de un día largo de trabajo, llegó una mujer con un bebé desmayado en sus brazos. Homero, que hacía pocas horas se había acostado, se levantó rápido y, con ayuda del traductor, la atendió. “Estábamos enfrentando un pico de paludismo y eran como las cuatro de la mañana. Fui a verla a la sala de urgencias. Ella traía su bebé y le pregunté que cuántos días tenía de estar enfermo y ella me contestó “tres”. Asombrado, le volví a preguntar: “¿por qué no lo trajo antes? Su niño está muy mal” y ella me respondió: “es que llevo tres días caminando para llegar acá”. Eso me hizo querer entregarme todavía más, porque la gente confía mucho en nosotros y además se exponen a la inseguridad del camino durante días”.
 
Homero recuerda que las personas llegaban llenas de lodo hasta las rodillas. “Fue mucho trabajo porque había pacientes que llegaban día y noche, y las condiciones de los caminos eran muy desfavorables, casi ni existían. Por eso la gente llegaba de noche, porque venía de lugares muy lejanos y se exponían a asaltos o a la violencia”.
 
Aún así, y con todas estas dificultades, lo que más recuerda este médico es la alegría de la comunidad. “Siempre están demostrando su cariño y los niños y niñas están contentos. Es una población muy unida y abierta”.
 
 
Son muchos los desafíos a los que se enfrenta MSF en la zona norte de Sudán del Sur, según Homero. “VIH, tuberculosis, meningitis, neumonía y desnutrición”. La población que tiene ese tipo de enfermedades es muy elevada y, además, son un tabú. Muchos no aceptan el tratamiento o si lo aceptan no lo toman. Entonces se sigue propagando y la comunidad sufre mucho”. Sin embargo, resalta, que MSF ha hecho un aporte en cuanto a la educación de la salud. “Durante los años previos, la gente no acudía a este tipo de servicios y lamentablemente fallecía. Ahora la conocen los síntomas y sabe que tienen que visitar algún centro de salud. Por eso, ha aumentado la carga de pacientes y aunque, a veces, el trabajo es pesado, entre todo el equipo nos damos ánimos por historias como la de la madre con su bebé. Saben que te necesitan y si no les das el tratamiento nadie más se los va a dar. Son pequeñas acciones que hacen la diferencia”, concluye.