09.05.2018
Catherine Flanigan, una enfermera de Nueva Zelanda, nos relata su primera experiencia trabajando con MSF en el Centro de Protección de Civiles (PoC) en Bentiu, 
 
Al ser mi primera misión, ¡todo fue un desafío! Había muchas necesidades médicas y era difícil no poder solucionar todo. En el Centro de Protección de Civiles (PoC) de Bentiu, MSF gestiona un hospital de 160 camas para servir a una población de casi 115,000 personas. El primer domingo que estuve allí tuvimos más de 500 admisiones sólo en la sala de emergencias. Había pacientes en cada centímetro del piso y no había ningún otro lado al que pudieran ir
 
Como Gerente de la Unidad de Enfermería, supervisaba el departamento de pacientes ambulatorios y la sala de emergencias del hospital, y además organizaba al personal de las clínicas de malaria dentro del PoC. Las clínicas se establecieron para aliviar al hospital del abrumador número de pacientes con malaria. Cada clínica veía a unos 200 pacientes por día; si el paciente tenía malaria simple, se les atendía en la clínica y se les enviaba a casa, y si eran casos más severos, eran derivados al hospital.
 
En el hospital pasaba el día entrando y saliendo de la sala de emergencias, organizando los suministros y también al personal, y ayudando con pacientes críticos. También realizaba programas de capacitación sobre evaluación de pacientes, habilidades de enfermería, enfermedades y protocolos de tratamiento de MSF.
 
 
Al prepararme para un turno nocturno, revisaba los planes de contingencia y daba prioridad a los pacientes críticos. La responsabilidad era bastante abrumadora, pero fue una buena oportunidad para involucrarme con los pacientes y enfocarme en el aspecto clínico del trabajo. Además, puedes llegar a conocer mucho mejor al personal cuando trabajan juntos durante las primeras horas de la mañana.
 
Una noche llegaron unos gemelos con desnutrición severa y dificultades para respirar. Podías ver sus costillas con cada respiración, no estaban alimentándose y se encontraban muy somnolientos. Aunque les dimos antibióticos, líquidos y oxígeno muy cuidadosamente, no esperábamos que sobrevivieran a la noche.
 
Lamentablemente el bebé más grande murió y no teníamos muchas esperanzas de que su hermano sobreviviera. Recuerdo la expresión en blanco en el rostro de su madre. Estaba en completo estado de shock. Dejé la situación en manos del personal matutino, resignada a que al gemelo más pequeño muriera en algún momento de ese día. Días después vi que la madre seguía en la sala, sentada junto a un montón de mantas, que levantó para revelar el gemelo más pequeño. Estaba alerta, sin necesidad de oxígeno, y en muy buen estado.
 
Me encantó trabajar con nuestro personal local, muchos de ellos han trabajado con MSF durante mucho tiempo. Tienen una increíble memoria institucional y realmente lograron que el equipo se sintiera como una familia. Están trabajando bajo circunstancias difíciles, en tiendas de campaña, con barro y polvo, con equipo técnico limitado, cargas de trabajo impredecibles y todo mientras se enfrentan a olas de enfermedades y estallidos de violencia.
 
 
Cuando coincidían las temporadas de malaria y neumonía, teníamos que abrir dos carpas pediátricas adicionales para hacer frente a la afluencia de pacientes, y el personal simplemente hacia frente a la situación y la manejaban. Venían de diversos contextos, algunos habían sido profesores de geografía, abogados o ministros de la iglesia antes de terminar en el campo y enfocarse en trabajar en la asistencia médica. Están soportando mucho estrés, muchos se han separado de sus familias debido a la inseguridad, y algunos no han visto a sus hijos desde un par de años. Pero dejan sus problemas de lado y vienen a trabajar todos los días. Se enorgullecen de servir a su comunidad.
 
Realmente me encantó ver cómo los integrantes nuevos del personal ganaban seguridad, independencia y usar las nuevas habilidades que desarrollaron durante el entrenamiento. Realizamos un entrenamiento de triaje y evaluación con una muñeca llamada Julie, y algún integrante del personal a menudo me agarraba y decía: "¿Puedes revisar a este bebé?, tiene los ojos hundidos como Julie".
 
 
Era muy gratificante poder enviar a sus hogares a los pacientes que llevan mucho tiempo en el hospital. Tuvimos a una niña que llegó con diabetes y los médicos trabajaron arduamente para estabilizarla con los suministros limitados que teníamos. Odiaba todos los pinchazos y medicamentos, y lloraba cuando nos veía venir. Poco a poco llegó a aceptarlos (en parte debido a todas las estampas que le daban las enfermeras). Estuvo con nosotros durante meses antes de estabilizarse y regresar a casa. Todas las semanas venía a hacerse pruebas médicas, vestía lo mejor posible y llegaba con una gran sonrisa para ver a todo el personal otra vez.
 

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