20.07.2015
Mientras un gran número de refugiados que huyen de los disturbios en Burundi siguen cruzando la frontera hacia la vecina Tanzania, el campamento de Nyarugusu “ha llegado al límite", de acuerdo a Sita Cacioppe, coordinadora de emergencias de Médicos Sin Fronteras (MSF) .
 
Con la afluencia de personas, los servicios están masivamente sobrecargados, y las agencias de ayuda están luchando para darles suficientes alimentos, agua, refugio y atención médica.
 
Entre 2,000 y 3,000 personas están cruzando la frontera boscosa entre Burundi y Tanzania cada semana. Muchos viajan al amparo de la oscuridad, a pie y sin pertenencias. Actualmente un estimado de 78,000 burundeses se han refugiado en el campamento Nyarugusu, uniéndose a 64,000 refugiados congoleños que han estado allí desde 1997, cuando el campamento se creó para albergar un máximo de 50,000 refugiados que huyen de la guerra civil en la República Democrática del Congo.
 
 
"La gente lleva meses viviendo en refugios colectivos, que estaban pensados para ser areas de tránsito, mientras esperan por una tienda de campaña", dice Sita Cacioppe. "Nuestros equipos han visto a más de 200 personas refugiadas en una tienda de campaña de medición sólo 8 x 22 metros - lo que supone menos de un metro cuadrado de espacio por persona".
 
En mayo, MSF abrió un centro de tratamiento de cólera en el campamento después de un brote de la enfermedad. Desde entonces, los equipos de MSF han vacunado a más de 107,000 personas contra el cólera, y están distribuyendo 270,000 litros de agua potable por día en cinco puntos en todo el campamento.
 
 
Junto a la Cruz Roja de Tanzania, los equipos de MSF también han desplegado clínicas móviles para ofrecer asistencia sanitaria básica a los refugiados y remitir los casos más graves al hospital. 
 
Las enfermedades más comunes son la malaria, la diarrea y las infecciones respiratorias, debido a las noches frías y omnipresente polvo. En el hospital del campamento, gestionado por la Cruz Roja de Tanzania, un equipo de MSF ha puesto en marcha un centro de alimentación terapéutica de 30 camas para tratar a los niños que sufren de desnutrición aguda.
 
 
"Los refugiados necesitan desesperadamente nuevas áreas para poder asentarse, y servicios básicos, para que puedan vivir una vida más digna", dice Sita Cacioppe.