"Y esa es, en última instancia, la razón por la que trabajo para MSF: porque las mujeres merecen una atención excelente y la mejor oportunidad de éxito en todo el mundo."

Hannah ThompsonPartera
17.05.2019
Desde la gestión de clínicas durante las mañanas, hasta las emergencias nocturnas, la partera británica Hannah nos comparte su experiencia trabajando en una región remota de la República Democrática del Congo.
 
"Me despierto, como de costumbre, por los pregoneros con megáfonos dando consejos sobre cómo prevenir el cólera. Son solo las 5 de la mañana, pero realmente no puedo quejarme pues nosotros somos los pagamos para que despierten a la ciudad. Los demás probablemente sigan en sus camas, pero al menos ahora saben cómo tratar su agua potable.
 
Nuestro hotel es básico pero adecuado. Los pisos de tierra y una pequeña ducha con una cubeta son un ajuste hecho a la habitación, pero están más que compensados por la calidez del personal. Hoy me han traído chapatti para el desayuno, que acompaña a mi común té congolés azucarado.
 

Una combinación volátil

 
Médicos Sin Fronteras (MSF) trabaja en la República Democrática del Congo desde 1981, y no tenemos planes de irnos pronto.
 
Aunque es posible que esto no parezca ser la definición de medicina de emergencia que manejan los medios de comunicación, los constantes conflictos y el desplazamiento de la población contribuyen a las tasas de mortalidad que rara vez caen por debajo del umbral de "emergencia".
 
 
El proyecto en el que trabajo ha estado abierto durante siete años, pero hemos estado apoyando a este centro de salud, Nyange, durante solo siete meses. He estado aquí durante tres de esos meses, y la mejora en la atención que he visto en este tiempo es asombrosa.
 
Nyange se encuentra a tres horas de la base principal, y es una ciudad en crecimiento con una población en movimiento. Las minas de oro locales atraen a hombres jóvenes como si fuera una fiebre del oro al estilo del viejo oeste, atrayendo a otras multitudes que esperan ayudar a esos trabajadores a gastar sus ganancias: hombres de negocios, camareros y trabajadoras sexuales.
 
Es una combinación volátil que crea una población con necesidades médica únicas. Sin embargo, con un tiempo de traslado al hospital de al menos tres horas, también una población que necesita un centro de salud local grande.
 

La clínica prenatal

 
Después de llamar a la base para una verificación estándar de seguridad, mi día comienza correctamente con la entrega matutina. Fue una noche normal con tres partos; las madres y los bebés están bien. Hay una partera asignada a la sala de maternidad, así que el resto de nosotros comienza la ronda matutina en la clínica prenatal.
 
Llegaron alrededor de 40 mujeres, todas para su primera cita, y mi función principal consiste en supervisar y capacitar a las parteras del Ministerio de Salud que las atienden. Sin embargo, con tantas mujeres que atender, no puedo evitar quedarme atrapada allí.
 
Después del registro, a cada mujer se le realiza un análisis de sangre para detectar el VIH, sífilis, malaria y anemia. También las examinamos para saber si tienen desnutrición, hacemos análisis de orina, palpamos su abdomen y administramos una amplia gama de medicamentos profilácticos.
 
Algunas mujeres están con nosotros durante cinco horas. A veces me pregunto por qué esperan pacientemente tanto bajo el sol, pero entonces recuerdo que antes de que llegara MSF no había nada. La tasa de mortalidad materna aquí es alta y las mujeres quieren ser atendidas.
 

La confianza de la comunidad

 
Hay cinco parteras del Ministerio de Salud que trabajan en este centro, que tiene alrededor de 120 partos cada mes. Es un trabajo duro, pero están dedicados y orgullosos de su centro.
 
Las mujeres saben que la atención aquí es segura, vienen de aldeas a muchos kilómetros de distancia sólo para poder dar a luz de forma segura. Medidas simples, como un suministro constante de oxitocina (un medicamento que estimula las contracciones) y el uso correcto del partograma (una herramienta para medir el progreso del trabajo de parto), nos están ayudando a prevenir muchos de los problemas anteriormente comunes, como las hemorragias y los trabajos de parto prolongados.
 
La referencia de pacientes sigue siendo complicada: algunas mujeres tienen que tomar mototaxis, y esto no es nada fácil durante el trabajo de parto; pero cada vez con más frecuencia, MSF puede ayudar con el transporte en nuestros propios vehículos. Sigue sin ser realmente cómodo, pero definitivamente es mucho mejor.
 

En medio de la noche

 
A mitad de la noche, recibo una llamada del jefe de enfermería. Me dice que una mujer en trabajo de parto está inconsciente, pero es un poco ambiguo al momento de brindarme los detalles. Ya es la 1 de la mañana, pero despierto a dos enfermeras de mi equipo, pues creo que necesitaré apoyo. Llamo a la base para saber sobre la situación de seguridad, y después me dirijo al centro de salud en auto. Esta a la vuelta del hotel, pero la seguridad siempre es una prioridad.
 
Lo primero que veo al llegar es a la familia de la mujer reunida ansiosamente afuera de la puerta. Algunas cosas son iguales en todo el mundo. En el interior encuentro a la mujer tendida sobre una colchoneta en el suelo de la sala de parto. Está inconsciente, pero un minuto después, comienza a convulsionarse.
 
Mientras una enfermera toma notas, le pregunto a la familia si la mujer tiene epilepsia o ha tomado alguna medicina tradicional. Ellos responden que no a ambas preguntas. Su presión arterial vuelve a ser normal, y le diagnosticamos eclampsia atípica, una condición realmente inusual aquí. Inmediatamente comenzamos a administrar sulfato de magnesio, y una vez más estoy agradecida porque, gracias a MSF, mi paciente tiene acceso a estos medicamentos.
 
En menos de una hora, la mujer dejó de convulsionar y se despertó lo suficiente como para hablar con nosotros. Está completamente dilatada y, como también descubrimos que es una mujer que ha dado a luz anteriormente. Ambos factores están a su favor, pues no tenemos la opción de transferir pacientes por la noche.
 
Está claramente agotada, pero la alentamos a caminar y, finalmente, a pujar. En media hora da a luz a una niña saludable, gritona y muy bienvenida. Cuando ambas se quedan dormidas, regreso a mi propia cama para intentar descansar un poco.
 
En el relevo de turno que se realiza por la mañana, todos estamos un poco aturdidos, pero encantados por el buen resultado. La mujer nos acompaña en nuestro viaje de regreso a la base principal. Estará bajo observación en el hospital, pero todos estamos seguros de que estará bien.
 
La observo mientras emprendemos nuestro viaje de tres horas a lo largo de lo que puede describirse como una carretera. Ya está sentada, comiendo y amamantando a su bebé; de nuevo, algunas cosas son iguales aunque estés en Nyange o en Newcastle.
 
Y esa es, en última instancia, la razón por la que trabajo para MSF: porque las mujeres merecen una atención excelente y la mejor oportunidad de éxito en todo el mundo."