01.12.2017
Los sursudaneses John, Arkangelo y Nama hablan sobre los retos a los que se enfrentan las personas seropositivas en su país.
 
 

John Augusto, paciente con VIH y punto focal para grupos comunitarios de tratamiento antirretroviral.

 
Una de mis funciones como coordinador del grupo de tratamiento antirretroviral de la comunidad es ayudar a las personas cuando se enteran de que son VIH-positivas. Les explico que muchos de nosotros convivimos con el VIH y que no están solas en la comunidad. Otra parte del trabajo consiste en visitar a los otros miembros del grupo de la comunidad y asegurarse de que toman sus medicamentos. De vez en cuando, tenemos que recordar a los que sufren VIH que vayan a un médico de MSF.
 
El conflicto ha quebrado la vida de las personas. Muchos de los que antes vivían cerca de los caminos se han adentrado más en las profundidades del bosque para escapar de la lucha. A veces tengo que llevar los medicamentos a estas personas que viven aisladas si los equipos principales del plan de prueba y tratamiento no pueden llegar hasta ellos.
 
Guardo la información de todas las personas en una libreta para que poder hacer un seguimiento de cómo se sienten y del tratamiento que reciben. Cada dos meses, nos sentamos juntos en grupo y hablamos sobre nuestro estado, y después, a quien le toca conseguir los medicamentos se dirige al personal de MSF para preguntar. Estas reuniones se celebran antes de que vayamos y obtengamos los medicamentos, y luego una vez que se reciben y distribuyen.
 
Soy profesor y, cuando descubrí que tenía VIH, aproveché la oportunidad para hablar con toda la comunidad. En la escuela, también enseño a los estudiantes sobre el VIH.
 
 

Arkangelo Ruben, líder de la comunidad, Bodo

 
El VIH es un gran desafío para la comunidad. Si una persona es VIH-positiva o si no se hace la prueba, morirá. Creo que hay muchas personas que lo son pero que no lo saben.
 
Desde que el programa de detección y tratamiento se puso en marcha en nuestra comunidad, la gente no tiene miedo de venir para hacerse las pruebas. Las personas con VIH tienen que hacérselas y, los que den positivo, deben recibir tratamiento. Los miembros de la comunidad que no sean VIH-positivos deben seguir informándose al respecto y sometiéndose a las pruebas. En general, cuando estamos reunidos en la iglesia o en el mercado, explico que, cuando viene MSF, todo el mundo debería ir a hacerse las pruebas.
 
Como líder de la comunidad, animo a aquellos que son VIH-positivos a que continúen el tratamiento, y le pido a la comunidad que no vaya señalándolos. Los combates han provocado que muchas personas hayan huido de sus hogares y, en la huida, algunas dejaron de recibir tratamiento.
 
Aquí no hay mucho estigma, porque MSF genera concienciación sobre el tema e informa. Antes de que MSF llegara a las comunidades, no había pruebas ni tratamiento, había que viajar millas y millas hasta la ciudad para recibir tratamiento.
 
 

Nama Martin, beneficiaria y madre que ahora vive en Bodo

 
Mi familia y yo lo hemos tenido muy difícil durante mucho tiempo. Di a luz a 10 niños, pero solo me quedan seis. Tres murieron de malaria, dos cuando eran todavía muy jóvenes. Otro murió de epilepsia. Mi esposo también murió hace muchos años. Asumí la responsabilidad de cuidar a los hijos de mi hermana cuando murió. Ahora cuido a 15 niños.
 
Hace diez años me diagnosticaron el VIH y comencé el tratamiento poco después. Desde entonces tenía que ir a Yambio a pie o en bicicleta para recoger los medicamentos. El viaje de ida y vuelta me llevaba dos días enteros. A veces tenía que pasar la noche en Yambio. Esto significaba tener que dejar a mi familia sola durante mucho tiempo.
 
Ahora que MSF brinda apoyo directamente en Bodo, solo tengo que andar un rato hasta la clínica de MSF para recibir mi tratamiento. No quiero tener que dejar a mis niños solos otra vez para hacer el viaje hasta Yambio.
 

LEER MÁS

Sudán del Sur: llevando tratamiento para el VIH a las áreas en conflicto