29.08.2019
El 11 de agosto de este año, la extensa familia Kaeed se reunió en un edificio civil en Mustaba, en Hajjah, en el noroeste de Yemen, para celebrar el Eid al-Adha. Habían huido de su ciudad natal para buscar refugio en Mustaba. Cuando se sentaban para disfrutar del almuerzo el día de la mayor festividad musulmana, un ataque aéreo impactó directamente en el edificio. El bombardeo mató a al menos a 10 miembros de la familia e hirió a 17 familiares. Todos fueron trasladados al hospital rural de Abs, que recibe el apoyo de Médicos Sin Fronteras (MSF), para ser atendidos. Se trató de la mayor afluencia de civiles heridos de guerra al hospital en un solo día desde que comenzó el año.
 
Cuando hablé con Mariam, madre de uno de los niños que perdieron la vida en el ataque, me acordé de los miles de pacientes y familias afectadas por este conflicto. Cada día que MSF dedica a pacientes es un día más en el que somos testigos de los impactos de esta guerra en la población civil. Nuestros pacientes ya no se atreven a esperar que los combatientes respeten las leyes de la guerra ni a que haya áreas que sean seguras para quienes no son parte de los enfrentamientos.
 
Mientras hablaba con Mariam era imposible no pensar cuando tres años, en agosto de 2016, mis compañeros y sus pacientes fueron víctimas de otro ataque aéreo. Ese bombardeo, llevado a cabo por la Coalición liderada por Arabia Saudí, alcanzó el área de Urgencias del Hospital Rural de Abs, matando a 19 personas, entre ellas un trabajador de MSF y cinco niños. Fue el quinto y más mortal bombardeo sobre un servicio médico apoyado por MSF en Yemen desde 2015.
 
Desde entonces, los ataques han continuado sin cesar. El 11 de junio de 2018, también fue bombardeado un centro de tratamiento de cólera de MSF que acababa de ser construido en Abs. Como resultado, tuvimos que reconstruir el centro desde cero, y las más de 1,2 millones de personas que dependen de los servicios del hospital de Abs carecieron de un centro específico para recibir tratamiento mientras el brote de cólera se extendía. La mera existencia de enfermedades como el cólera y la difteria, que antes del conflicto estaban casi ausentes en Yemen, indica cuán profundamente el conflicto está afectando la salud y el bienestar de la población yemení.
 
 
Hay un desprecio obvio y temerario por la vida civil entre todas las partes en el conflicto en Yemen. Resulta evidente en la violación flagrante del derecho internacional humanitario, en la discusión sobre términos como “daño colateral” y en la negligencia con la que se llevan a cabo ataques en emplazamientos civiles. El número de desplazados es de 3,65 millones y sigue creciendo, mientras que la capacidad de la población para hacer frente a ese desplazamiento disminuye. La respuesta humanitaria al conflicto es insuficiente y quienes trabajan para proporcionar esta ayuda quedan expuestos y desprotegidos. Sabiendo todo esto, es imposible consolar a una madre que ha perdido un hijo y a otros nueve miembros de su familia, tan imposible como lo fue reconfortar a nuestro personal y a sus pacientes hace tres años. No hay respuestas para ellos.
 
Ahora hay llamamientos cada vez más estridentes solicitando más fondos para la respuesta humanitaria. Y se necesita más financiación. Pero esto no es suficiente. Las agencias humanitarias deben poder llevar esa ayuda a quienes la necesitan sin riesgo de daño, en lugar de trabajar en zonas cada vez más reducidas y más lejanas de las personas desplazadas. A su vez, también deben mostrarse más dispuestas a hacerlo. Todo el dinero que los donantes puedan proporcionar no cambiará la situación si el acceso de los trabajadores humanitarios sigue siendo limitado. Dichos fondos, sin un cambio real de los participantes en el conflicto, no terminará con el derramamiento de sangre, no compensará las miles de vidas yemeníes perdidas y no proporcionará las respuestas y las soluciones que nuestros pacientes necesitan de forma desesperada.
 
Tres años después del bombardeo del Hospital de Abs, todavía hay una demanda, simple y sencilla para todas las partes en conflicto: respeten el derecho internacional humanitario y protejan a los civiles. A aquellos que tienen la capacidad de responsabilidad, a los combatientes: no acepten “errores” o “daños colaterales”. A la comunidad humanitaria internacional: es hora de hacer y decir más. La historia nos juzgará a todos, como ya lo hacen los yemeníes.
 
* Jaume Radó es coordinador general de MSF en Yemen.