26.09.2013

Cuando la abuela de Zahari Nur la llevó al centro ambulatorio en que los equipos de Médicos Sin Fronteras (MSF) trabajan en favor de la comunidad –en Digdiga, uno de los 12 kebeles (división o zona administrativa provincial) cubiertos por MSF en su intervención alimentaria en Afar– todo el mundo pensaba que su fallecimiento era poco menos que cuestión de días.

“Había perdido toda esperanza respecto a mi nieta. Pensaba que moriría como otros tres habían muerto antes que ella,” declaraba Eisa Wasaitu, abuela de Zahari. Cuando llegó al puesto ambulatorio de MSF, la niña, de un año, sufría de desnutrición aguda grave y marasmo. Su madre también estaba enferma, y sufría de psicosis. No estaba en condiciones de cuidar ni a Zahari ni a su hermano mayor, lo que convertía a la abuela en su única tutora.

Tras dos meses en el programa de MSF y la admisión en un centro de estabilización donde, además de ser tratada por desnutrición, recibió tratamiento especializado contra la neumonía, Zahari se reestableció poco a poco. Cuando la vimos hace algunas semanas su peso se había incrementado desde 3,2kg hasta 4,9 kg. “Cuando veo esta niña me siento muy feliz, porque su abuela y el resto de su comunidad pensaban que iba a morir, pero le salvamos la vida y sigue entre nosotros,” declaraba Nabiyu Ayalew, enfermera del ambulatorio de MSF.

En abril MSF atravesó las inigualables tierras de Afar para dar respuesta a una emergencia alimentaria. El estado de Afar es muy extenso y la zona cubierta por MSF es una de las más remotas y abandonadas. Si dividimos el estado en cuatro áreas, la cuarta es la más remota y es allí donde se encuentra la base de MSF, en la ciudad de Teru. Precisamente Teru está sujeta a grandes e intensas tormentas de arena en la estación seca, mientras que durante la estación lluviosa sufre temperaturas extremas y violentas tormentas que inundan los ríos estacionales y que hacen intransitables los caminos no pavimentados o parcialmente pavimentados con laterita.

La intervención de MSF, que finalizó recientemente, cubría 12 kebeles, todos ellos alejados entre sí y cuyos habitantes quedaban totalmente excluidos de la atención sanitaria. Se tomó la decisión de intervenir después de que una evaluación constatara una alarmante tasa de desnutrición aguda grave en la región, de un 26,6% para una población estimada de 87.374 personas en el área de actuación. “La mayor parte de los casos que ingresamos en el centro de estabilización son casos de desnutrición aguda grave con complicaciones: en la mayoría de casos iban acompañados de neumonía o de tuberculosis,” declaraba Frank Katambula, jefe del equipo médico de MSF en Afar.

Mira el video: Etiopía, aislados y desnutridos en Afar

MSF ha estado proporcionado a los pacientes alimentación terapéutica, junto al tratamiento de diversas enfermedades, entre ellas la neumonía y la tuberculosis. Algunos casos, como el de Salama Hassan, cuyo bebé de nueve meses ha sido ingresado tres veces en el centro de estabilización han resultado ser especialmente problemáticos. Salama no cree que su bebé sufra desnutrición, sino que debió de darle un golpe de mal viento al abandonar el centro de estabilización por primera vez, un viento que la hizo enfermar. No obstante, a día de hoy la mayoría de casos ya se han estabilizado y los niños de menos de cinco años de edad siguen recibiendo alimentación terapéutica. En general, se ingresó a un total de 726 niños desnutridos en el programa de alimentación terapéutica (lo que incluye a los 134 niños del centro de estabilización) y se beneficiaron del programa 1.154 pacientes con desnutrición moderadamente aguda (incluidas 416 mujeres embarazadas y lactantes).

“En conjunto contabilizamos un 78,2% de casos curados y con una tasa de abandono del 4,5%, lo que me parece bastante ‘bueno’ teniendo en cuenta que la accesibilidad (en términos de acceso a los pacientes y de acceso de estos a las instalaciones sanitarias o de MSF) en esta zona no es buena en absoluto,” añadió el coordinador médico de MSF en Etiopía.

El pueblo afar es un pueblo nómada de pastores que se desplaza de un lugar a otro en busca de agua y pastos para sus animales. Este aspecto de su vida contribuye en gran medida al abandono de los tratamientos. Este factor, combinado con las dificultades de acceso geográfico, debilita la capacidad de MSF para efectuar un seguimiento de los que abandonan. La presencia de MSF en la zona es significativa, no por ofrecer asistencia sanitaria, sino también a la hora de poner de relieve los problemas sanitarios de la población rural afar y de luchar por la prestación de asistencia sanitaria básica a dicha población, un principio claramente expresado en la carta de MSF.