05.05.2014

Entrevista al doctor Ali Al-Ani, médico ortopeda en el proyecto de cirugía reconstructiva de MSF en Ammán, Jordania.

Háblanos de ti y de tu papel en el proyecto de Amman

Mi nombre es Dr. Ali Al-Ani y soy de Irak. Me trasladé con mi familia desde Irak a Amman en 2005 porque la situación de seguridad era muy peligrosa y resultaba imposible vivir una vida normal. Empecé a trabajar con el proyecto como cirujano ortopeda en 2007.

¿Qué clase de pacientes ves?

Nuestros pacientes son víctimas del conflicto en la región. Durante los dos primeros años del proyecto, recibimos solamente pacientes de Irak. En 2008, nos expandimos y aceptamos pacientes de otros países afectados por la violencia en la región. Desde entonces hemos recibido a pacientes de Gaza, Yemen y Siria. La mayoría de los casos que asistimos son casos complicados.

¿Qué clase de casos recibe el proyecto?

Nuestros criterios de selección cubren tres especialidades: cirugía ortopédica, maxilofacial y plástica. Muchos de nuestros pacientes tienen infecciones óseas, que requieren terapias de tratamiento lentas. También recibimos a pacientes con fracturas que no se han soldado debidamente, con o sin defectos en el tejido blando, así como pacientes con pérdida de hueso, heridas en los nervios y deformidades físicas asociadas a consecuencias a largo plazo de traumatismos no tratados.
Debido a la naturaleza de las heridas asociadas al conflicto, cada nuevo caso supone un reto y no hay un herido comparable a otro.

¿Cómo te afecta personalmente tu trabajo?

Soy cirujano, pero también soy un ser humano que me afecta todo lo que veo en mi trabajo. Siento dolor cuando estoy cara a cara con niños inocentes y ancianos y mujeres cuyas vidas han cambiado para siempre debido a un conflicto provocado por el hombre. Pero como cirujano, debo tratar a estas personas vulnerables, hacer que vuelvan a sonreír y a disfrutar de una sensación de independencia. Me siento orgulloso de que este proyecto haya aliviado el sufrimiento de tantos pacientes reconstruyendo sus cuerpos heridos y ayudándoles a recobrar la funcionalidad, especialmente teniendo en cuenta que los que son referidos aquí puede que no puedan permitirse otra asistencia de no ser por ésta.

Todos y cada uno de los pacientes tienen su propia historia, una vida afectada por la guerra. Pero la historia que más me impactó fue la de un pequeño iraquí de siete años que fue admitido en el proyecto en 2009. Wael se dirigía a visitar a sus abuelos cuando explotó una bomba al lado de la carretera. Su madre resultó muerta y Wael gravemente herido. Perdió su pierna derecha y sufrió daños considerables en la izquierda. A pesar de la complejidad de las intervenciones quirúrgicas, tras varias operaciones el equipo quirúrgico pudo reconstruir su pierna dañada lo suficiente como para poder soportar peso y ponerle una prótesis para que Wael pudiese volver a caminar.

¿A qué dificultades se enfrentan los pacientes cuando regresan a Irak?

La principal dificultad es el acceso a tratamiento de seguimiento una vez regresan a casa, es decir apoyo psicosocial y fisioterapia. Aunque intentamos finalizar el tratamiento en Amman, estas heridas a menudo requieren mucho seguimiento tras la intervención quirúrgica y esto es lo que supone el mayor reto.

¿Qué esperanzas tienes depositadas para el futuro del proyecto?

El proyecto se ha ampliado considerablemente desde 2006, y tenemos planes de mejora para el futuro. Pronto nos trasladaremos a una nueva estructura que mejorará la calidad de la atención e incrementaremos la capacidad técnica del proyecto y su alcance. También puede permitirnos añadir nuevos tipos de intervenciones quirúrgicas.