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16.03.2010

Frente a la tensa situación en la que se mantiene la población chilena como consecuencia de las fuertes réplicas que siguieron al terremoto del pasado sábado 27 de febrero, Médicos Sin Fronteras (MSF) ha fijado como una de sus prioridades la atención de salud mental.

Los equipos de MSF se encuentran realizando consultas psicológicas directas, talleres psicosociales a diversos grupos y el abordaje emocional del mismo personal médico. También brinda apoyo a las autoridades locales a través de capacitaciones a los voluntarios que salen a trabajar a las zonas afectadas para brindar atención psicológica a los damnificados.

Los temblores continúan quince días después del primer terremoto. Varios de ellos son de alta intensidad, y éstos están provocando un gran impacto en la población, que con cada nueva réplica parece revivir el temor sufrido en el primer seísmo. María Eugenia Mesa trabaja en el hospital de Hualañé, que ha sido parcialmente destruido y sólo cuenta con un ala en funcionamiento: “Yo también les tengo pánico a los terremotos. De noche, si se produce un movimiento un poco fuerte, enseguida salgo corriendo para dormir afuera”. Tanto en ella como en sus colegas se evidencia el impacto emocional que produce esta situación.

“El personal médico está particularmente afectado, porque no sólo les toca manejar su propia carga emocional, sino también la de sus pacientes”, explica Lina María Peñaranda, psicóloga de MSF. “En los trabajos en grupo que hemos desarrollado ellos han podido ver que no son los únicos que albergan esos sentimientos, y así han podido validar sus emociones. Pueden aprender a ver lo que les sucedió como una oportunidad y no sentirse más como víctimas”.

“El stress que producen los temblores también ha afectado la salud física de los pacientes, especialmente de las personas que padecen enfermedades como epilepsia, diabetes o hipertensión” Explica el médico mexicano Franking Frías, que forma parte del equipo médico de MSF en Chile. “Con los terremotos, este tipo de pacientes tiende a descompensarse, y a esto se le suma que durante el seísmo muchos de ellos perdieron sus medicamentos”. Asimismo, un equipo de MSF que trabaja en la zona costera cercana a Concepción, y que ha realizado consultas médicas espontáneas en los campamentos, señala que una de las principales afecciones encontradas se relaciona con síntomas vinculados a cuadros de ansiedad.

La distribución de kits sanitarios e insumos médicos
Si bien hay muchos hospitales dañados en las zonas afectadas por el terremoto, en general estos muestran una buena capacidad de respuesta y cuentan con personal sanitario. Ante esta situación, los profesionales médicos de MSF cubren algunas necesidades puntuales de atención, o realizan consultas durante su recorrido a personas que no quieren dejar sus casas para acercarse a un centro de salud. Las donaciones puntuales de medicamentos a hospitales que realiza MSF ayudarán a que el sistema no sufra desabastecimiento.

MSF también centra gran parte de sus esfuerzos en la distribución de kits de higiene, lonas de plástico para refugios y mantas en zonas previamente recorridas por personal de la organización, donde se conversó con las autoridades y se identificaron necesidades de la población. Uno de los que ha recibido un kit es Eugenio, que vive junto a su esposa, su padre y tres hijos pequeños en una casa sobre la autovía, en las afueras de Licantén. Si bien su vivienda continúa en pie, muchas habitaciones presentan importantes grietas. Como la estructura aún no ha podido ser revisada por expertos en ingeniería para determinar su resistencia, Eugenio y su familia, que incluye a dos niños de nueve y tres años, y a un bebé de un año, duermen en una pequeña tienda delante de su casa. “Estamos muy nerviosos con cada temblor; los pequeños se la pasan llorando”, dice Eugenio mientras muestra el estado en que ha quedado su casa.

Son voluntarios de los propios pueblos devastados quienes están ayudando a distribuir donaciones a las personas que, como Eugenio y su familia, han resultado afectadas. La mayoría de estos voluntarios también ha sufrido daños materiales o psicológicos por los terremotos, y mantenerse activos puede ayudarlos a recuperarse. “Siempre se recomienda a la gente en estas situaciones que tenga una actividad o ayude a otros, porque así no se detienen tanto tiempo a angustiarse y a pensar en que el seísmo puede regresar”, explica Lina María Peñaranda.

La gran solidaridad y el espíritu de colaboración del pueblo chileno es evidente en todas las zonas afectadas. Por la autovía de Santiago a Talca, numerosos camiones e incluso autos particulares, portando banderas chilenas, se dirigen hacia el sur cargados con materiales y productos juntados en colectas. Médicos, enfermeros y psicólogos voluntarios, estudiantes universitarios, y los propios habitantes de los municipios afectados, tanto adultos como jóvenes y niños, contribuyen a brindar diversos tipos de ayuda.

“Veo a todo el país comprometido con la reconstrucción; es una población que va a empujar para adelante” Señala Carlos Haro, coordinador general de la intervención de MSF en Chile.