10.06.2012

La atención obstétrica es solo una de las muchas actividades médicas que MSF lleva a cabo en Somalia, pero es una de las más vitales. La tasa de mortalidad materna es una de más altas del mundo y tener hijos todo un riesgo, en un país en guerra desde hace más de dos décadas.

La Dra. Hamida Shakib Mohamed acaba de asistir el parto de un bebé sano de 3,6 kilos de peso. Ha sido crucial que la madre haya llegado al centro de salud a tiempo: se trataba de un parto difícil que requería la asistencia de una matrona cualificada y el uso de ventosa obstétrica. La familia vive en una aldea a unos 110 kilómetros al norte del centro y fue el padre de la embarazada el que insistió en que hiciera el viaje. Su esposa había sido atendida por una hemorragia posparto hace unos meses y tiene en alta estima los servicios de Médicos Sin Fronteras (MSF). “Ofrecemos la atención adecuada”, dice la doctora, “y por eso la gente acude a nosotros”.

Desde el pasado mes de diciembre, MSF ofrece servicios de atención materna y obstetricia en el hospital de Galcayo Norte. Actualmente el equipo asiste unos 200 partos al mes y son cada vez más las mujeres que llegan de pueblos remotos para dar a luz. La Dra. Hamida se muestra satisfecha. Es somalí, educada en la década de los ochenta en Mogadiscio y, con pasaporte extranjero, ha vivido fuera del país durante casi más de dos décadas. Ahora que sus hijos ya son mayores, afirma “ser libre para dar mi energía a la comunidad somalí.” Una energía muy necesaria.

La inseguridad en Somalia impide que MSF despliegue personal extranjero en la zona durante mucho tiempo. Algunos lugares son inaccesibles. La organización médico-humanitaria depende pues de su personal somalí, como la Dra Hamida, al que un equipo internacional da apoyo permanente desde Nairobi, en Kenia. La Dra. Hamida recuerda que la primera vez que tuvo que utilizar fórceps, lo hizo sin problemas al ser guiada paso a paso telefónicamente desde Nairobi por un médico con más experiencia.

Las pacientes del hospital de MSF en Galcayo también están satisfechas. Casi todas ellas coinciden con Shamso, que acaba de dar a luz y afirma: “Sé que aquí puedo recibir buena atención sanitaria”. La gratuidad de los servicios es también decisiva para la mayoría de madres. Shamso tiene suerte; es de Galcayo mismo y no tuvo complicaciones ni durante el embarazo ni durante el parto. Somalia tiene una de las tasas de mortalidad materna más altas del mundo y las dificultades que tienen que afrontar muchas mujeres son enormes.

Partos y embarazos complicados
Una mujer embarazada en la habitación de al lado yace hecha un ovillo con los ojos enrojecidos y hundidos. No está segura de como llegó hasta aquí. Solo sabe que perdió el conocimiento por preclampsia (una complicación del embarazo potencialmente mortal, caracterizada por el aumento de la presión arterial y de proteínas en la orina) y supone que su familia organizó el viaje de tres horas para traerla aquí. Tiene dolor, pero la doctora dice que ahora ella y el niño que lleva en el vientre están bien.

Un poco más allá, una mujer muy joven se recupera después de haber perdido a su bebé. Llegó con dolores de parto y un ataque epiléptico. Lo más indicado era una cesárea, pero en la cultura somalí esta operación no se puede realizar sin el consentimiento del marido. No pudieron encontrarle en el campo de desplazados a las afueras de la ciudad donde viven. Un tío suyo apareció por allí, pero no pudo dar su consentimiento por ser familiar materno. Finalmente, después de 12 horas, otro tío de la parte paterna dio su consentimiento, pero para entonces el bebé ya estaba muerto.

En otra habitación, una mujer que llegó de Etiopía tras cuatro días con dolores de parto. El bebé no resistió el viaje en el vientre y murió al poco de nacer. La madre yace en la cama y delira preguntando por su bebé. La comadrona informa que sufre incontinencia, lo que hace suponer que se le ha producido una fístula obstétrica, una lesión vaginal que suele ser causada por obstrucciones en el parto y a veces por violaciones.

Las prácticas tradicionales también pueden dar complicaciones. La infibulación femenina es frecuente en Somalia y puede aumentar los riesgos durante el parto. Una madre primeriza llegó al centro de MSF después de que una partera tradicional le abriera los genitales cosidos para facilitar la salida del bebé. El corte practicado fue demasiado profundo y la madre llegó en estado de shock. “Tuvimos que hacerle una transfusión y reparar la terrible herida”, explica la Dra. Hamida. El trabajo de MSF en Galcayo también consiste en cooperar con las parteras tradicionales para que puedan reconocer a tiempo posibles complicaciones en el parto y deriven a las pacientes al hospital.

La atención obstétrica es solo una de las muchas actividades médicas que MSF lleva a cabo en todo el país, pero es una de las más vitales. Según varias fuentes, la tasa de mortalidad materna en Somalia es de 1,200 por cada 100,000 nacidos vivos, es decir, 1,2 madres mueren por cada 100 niños que nacen. Tener hijos es todo un riesgo para la vida de las madres en un país que está en guerra desde hace casi 21 años. Tras la sequía y la enorme crisis nutricional del año pasado, la población sobrevive a duras penas y sigue siendo muy vulnerable a contraer infecciones, enfermedades y desnutrición.

   

 

MSF trabaja en Somalia de forma continuada desde 1991 y depende únicamente de donaciones privadas para su trabajo en el país, por lo que no acepta fondos de ningún gobierno a tal fin. La organización no ampliará sus actividades ni abrirá nuevos proyectos hasta que sus dos compañeras, Montserrat Serra y Blanca Thiebaut, secuestradas en Dadaab y retenidas en Somalia desde octubre de 201, sean devueltas sanas y salvas a sus familias. Hasta entonces, MSF solo realizará nuevas intervenciones en caso de emergencia.