11.06.2012

El sarampión sigue haciendo estragos en el país. Esta enfermedad se ceba especialmente en los niños más pequeños y puede ser mortal sin hospitalización y tratamiento apropiado. Pero su control pasa por la correcta vacunación, que debe llegar a más del 90% de la población. MSF pide a las autoridades somalíes que apoyen la puesta en marcha de campañas de vacunación en todo el país.

Khadijo llegó a uno de los hospitales donde trabaja Médicos Sin Fronteras (MSF) hace dos días con seis de sus hijos. Tanto ella como los pequeños tienen sarampión. No acudió antes al centro porque vive muy lejos y el transporte es caro. Es por eso que primero buscó remedio en la medicina tradicional, aplicando calor sobre distintas partes del cuerpo. La muerte del menor de sus hijos Jakob, de 1 año, la decidió a ir al hospital. Sin tratamiento, el sarampión puede ser mortal, especialmente en los niños más pequeños. Previa hospitalización, la mayoría de pacientes sobreviven, pero la mejor cura es la prevención, mediante la vacunación masiva de la población.

El sarampión no ha dejado de extenderse en Somalia, especialmente en los últimos seis meses. MSF ha tratado a 4,288 pacientes entre enero y mayo de este año en todo el país, la gran mayoría niños. Incluso en áreas donde las autoridades médicas aseguran que se han realizado campañas de vacunación, los equipos de la organización siguen atendiendo a pacientes a diario. En Burco, una zona alejada del conflicto bélico que asola el país desde hace 20 años y donde se han llevado a cabo campañas de vacunación de forma rutinaria, MSF ha recibido 586 enfermos de sarampión desde principios de año. Esta prevalencia se debe a una inadecuada cobertura vacunal de la población.

La vacunación de sarampión no solo exige una buena cobertura, que debe llegar a un mínimo del 90% de la población para ser efectiva, sino un transporte y almacenamiento de las vacunas a la temperatura adecuada. Esto podría explicar la incidencia de casos en zonas declaradas como inmunizadas. Más preocupante, empero, es la situación en áreas donde las autoridades han bloqueado la puesta en marcha de campañas de vacunación. MSF ha visto denegados varios permisos para realizar vacunaciones de emergencia con la sola justificación de que “autoridades superiores” no lo permiten.

El sarampión se ha cebado en Somalia en los pasados meses y los centros de MSF se han llenado de niños como los hijos de Khadijo. Sentada en una alfombra de mimbre en el suelo de una de las salas de sarampión habilitadas por MSF en el hospital, Khadijo sigue a la espera de que sus seis hijos superen la infección y estén lo bastante fuertes para afrontar el camino de vuelta a casa. Como muchas familias somalíes, la de Khadijo también se vio afectada por la terrible sequía del pasado año: perdieron la mitad de su ganado. Empezaban a recuperarse cuando el sarampión hizo estragos en su pueblo.

MSF trabaja en Somalia de forma continuada desde 1991 y depende únicamente de donaciones privadas para su trabajo en el país, por lo que no acepta fondos de ningún gobierno a tal fin. La organización no ampliará sus actividades ni abrirá nuevos proyectos hasta que sus dos compañeras, Montserrat Serra y Blanca Thiebaut, secuestradas en Dadaab, Kenia, y retenidas en Somalia desde octubre de 2011, sean devueltas sanas y salvas a sus familias. Hasta entonces, MSF solo realizará nuevas intervenciones en caso de emergencia.