18.09.2014

Entrevista a Saràh Dina, coordinadora de salud mental de MSF en Pakistán

"Cuando le cuento a la gente que muchas veces el simple hecho de hablar y de recibir asesoramiento puede ayudarles, algunos se sorprenden. Es una sociedad, al igual que la nuestra, muy dependiente de los medicamentos. Cuando alguien tiene un problema, lo primera solución que se le viene a la cabeza es intentar solucionarlo tomando una pastilla”.

Tras nueve meses en Pakistán, la psicóloga australiana regresa a su casa animada por los resultados positivos de sus sesiones de salud mental a centenares de personas afectadas por el conflicto, la pobreza y unas condiciones de vida precarias.

¿Por qué un programa de salud mental en Baluchistán?

Nuestro programa está ligado a los proyectos de MSF en Quetta, que es la capital de la provincia, y en la población de Kuchlak. Un médico en Kuchlak se dio cuenta de que muchas mujeres llegaban a la clínica con dolores físicos generalizados que no tenían una explicación médica aparente. Cuando profundizaron en las causas, se dieron cuenta de que había una serie de razones psicológicas muy claras para explicar algunos de sus dolores físicos. Cuando vimos que el programa empezaba a dar sus frutos en Kuchlak, lo extendimos inmediatamente al hospital pediátrico de Quetta.

¿Qué tipo de pacientes requieren el servicio?

Muchos de nuestros pacientes son mujeres (un 82%) y la mayoría de ellas son adultas, pero también vemos niños, un aspecto en el que nuestro programa está creciendo cada vez más. La mayoría de los que vemos provienen de niveles socioeconómicos muy deprimidos. Muchos de ellos son originarios de Afganistán y llegaron como refugiados hace años. También vemos una gran cantidad de mujeres con ansiedad general y depresión.

¿Cuáles son los factores más comunes que afectan a la salud mental?

En Pakistán hay mucha pobreza y violencia. Normalmente, la gente viene a nosotros con una suma de factores que afectan a su bienestar psicológico. Muchos han estado expuestos a la guerra y han pasado por largos períodos de sufrimiento por la pérdida de familiares cercanos. Sin embargo, hay que reconocer que en general los paquistaníes son tremendamente fuertes en el aspecto psicológico. Tantos años de sufrimiento han hecho que se hayan convertido en personas con una gran capacidad de resistencia a los sucesos traumáticos.

Es difícil describir cuál es el tipo de caso más habitual, pero sí que puedo afirmar que muchas de las mujeres que han venido a vernos perdieron a sus maridos en la guerra bastantes años atrás. Sin embargo, todavía mantienen un punto de esperanza de que se encuentren vivos. Es una esperanza, una ilusión, que las puede perseguir durante toda su vida y que a veces no les permite avanzar. Se encuentran con la responsabilidad económica de sus familias y eso las somete a mucha presión.

Muchas mujeres también se enfrentan a violencia doméstica y vienen a ver a nuestro personal en búsqueda de consuelo, porque no pueden hablar de algo así con franqueza y de forma abierta con nadie más. También atendemos a pacientes con síndrome de estrés postraumático.

Algunos tienen pesadillas y recuerdos recurrentes de momentos traumáticos que deberían poder olvidar.

¿Cómo viven las mujeres el duelo por sus familiares perdidos?

Aquí las mujeres no disponen de apenas tiempo para el duelo. Algunas han tenido ya diez hijos, quince o dieciséis, y es frecuente que hayan perdido alguno. Vemos mujeres que han perdido cuatro o cinco hijos. Sin embargo, la sociedad espera de ellas que lo superen de inmediato y continúen con sus vidas después de cada muerte. Aunque, al igual que en todos sitios, existen las excepciones: hay familias en las que esto no es así.

¿Los pacientes?

Cuando le cuento a la gente que muchas veces el simple hecho de hablar y de recibir asesoramiento puede ayudarles, algunos se sorprenden. Es una sociedad, al igual que la nuestra, muy dependiente de los medicamentos. Cuando alguien tiene un problema, lo primera solución que se le viene a la cabeza es intentar solucionarlo tomando una pastilla. Mucha gente ha estado tomando medicación durante años y vienen al programa para decirnos que esa medicación no les ayuda. Eso seguramente se debe a una prescripción excesiva de medicamentos y a diagnósticos inadecuados. Al principio no estábamos seguros de si el programa iba a funcionar, porque el concepto de terapia y salud mental es muy nuevo en Beluchistán, pero a lo largo de los años hemos visto un incremento positivo en el número de gente que accede a nuestros servicios. De media, cada uno de nuestros consejeros ve a cinco pacientes al día, lo que es mucho, dado que pasamos bastante tiempo con ellos. Los pacientes nos ven tres o cuatro veces. Algunos dejan de acudir después de una o dos sesiones porque ya se encuentran mejor, pero otros necesitan regresar.

En cualquier caso, los equipos de MSF en Pakistán no están preparados para lidiar con problemas psiquiátricos graves como la psicosis. Son pacientes que hay que referir. Podríamos ver pacientes durante años, pero nuestra voluntad no es la de seguir proporcionando atención en salud mental a largo plazo.

Cuándo se establece un vínculo tan cercano con el paciente, ¿no cuesta mucho regresar a casa y dejar el proyecto atrás?

Debido a la incertidumbre del contexto en el que trabajamos, nunca estás seguro si podrás llevar a cabo el seguimiento del paciente, así que, lamentablemente, estamos acostumbrados a que algunos de los pacientes que vemos, nunca volverán a pasar por la consulta. Ahora que vuelvo a casa, el equipo de agentes me seguirá informando de los progresos que vamos haciendo, especialmente de aquellos pacientes que he podido conocer. Una mujer vino a vernos y sabía que yo estaba a punto de marcharme. Como no sabía si podría verme de nuevo, le pidió a un amigo que le enseñara unas cuantas palabras en inglés. Me llamó por teléfono, me dijo unas palabras preciosas que jamás olvidaré y me dio las gracias en inglés. Entonces me di cuenta de hasta qué punto puedes llegar a comunicarte con la gente sin ni siquiera hablar el mismo lenguaje.

MSF ofrece servicios de salud mental en dos localidades diferentes de Baluchistán: en Quetta, que es la capital de la provincia, y en Kuchlak, una población cercana, donde MSF opera también una clínica materno-infantil y un programa contra la leishmaniasis. En Quetta, MSF opera un hospital pediátrico donde se encarga principalmente del área de neonatología y donde ofrece servicios nutricionales. Entre enero y julio de 2014, MSF llevó a cabo 3.176 consultas de salud mental. En un principio, los equipos de la organización se habían marcado el objetivo de llegar a 4.000 consultas a lo largo de todo el año, pero dada la buena acogida del programa, probablemente esa cifra se quede muy corta.

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