25.10.2012

A pesar de la recolección de las primeras cosechas, MSF sigue admitiendo a nuevos pacientes en su programa nutricional de emergencia al este de Chad

Pronto por la mañana, y ya con un calor infernal, los dos 4x4 se detienen delante del pequeño centro de salud en la aldea de Angara al este de Chad. Una multitud de mujeres y niños se apiñan debajo de un pequeño tejado para resguardarse de un sol demoledor, mientras esperan que empiece la consulta semanal. Miran pacientemente como el equipo de Médicos Sin Fronteras (MSF) monta su centro nutricional terapéutico móvil.

“Es la segunda vez que traigo a mi hija al programa nutricional,” explica Maryoma Abdallah, acurrucada a la sombra del árbol más próximo. Como muchas madres, ha recorrido un largo camino esta mañana a lomos de un burro para recibir tratamiento para su hija desnutrida, Kadidja.

Dieta de copos de mijo

“Éste no ha sido un buen año y tampoco lo fue el año pasado,” añade Maryoma. “En casa, todo lo que tengo para dar de comer a mi familia son copos de mijo. No me puedo permitir comprar ni leche ni fruta. Mi hija estaba muy débil, pero gracias a los alimentos terapéuticos, esta ganando peso de nuevo.”

Kadidja tiene dos años y es una más entre los más de 1.000 niños que actualmente están recibiendo tratamiento en el programa nutricional de emergencia de MSF en el distrito de Biltine, al este de Chad. Cada semana, los equipos móviles visitan 11 centros de salud remotos como el de Angara.

En cada centro de salud el procedimiento es el mismo: a medida que se van acercando las madres en fila de a uno, sus hijos son pesados, medidos y examinados concienzudamente por una enfermera. Los niños en su primera vista son sometidos a la prueba de la malaria. Cuando es necesario, la enfermera les receta medicamentos, que se los entrega el farmacéutico del equipo. Finalmente, todas las madres reciben una ración semanal de alimentos terapéuticos para sus hijos. Esta pasta a base de cacahuetes y leche viene ya preparada y contiene todas las vitaminas y minerales esenciales necesarios para ayudar a los niños desnutridos a recobrar sus fuerzas.

Desde que empezó el programa en abril, más de 3.500 niños con desnutrición severa han sido incorporados al programa de tratamiento ambulatorio, mientras que más de 1.200 niños se han curado y han sido dados de alta.

Un pequeño paso adelante

"Hemos dado un pequeño paso adelante,” admite Marcus Bachmann, coordinador de MSF para el proyecto de Biltine. “El número total de niños en nuestro programa ha disminuido – de 1,300 en junio a 1,000 en septiembre. Pero todavía estamos haciendo una media de 200 nuevos ingresos a la semana, lo que significa que sigue habiendo muchos niños con desnutrición severa."

En Angara, la enfermera a cargo de la atención periférica, Carole Antoine Riolobos, está examinando al grupo de madres que esperan con sus hijos, para identificar a los que requieren asistencia inmediata. "Además de la desnutrición, vemos muchos niños enfermos", dice. "El mayor problema es la deshidratación como resultado de la diarrea. La gente aquí carece de acceso a agua potable segura, y los niños a menudo beben agua directamente de los ríos.”

Riolobos se detiene delante de una mujer ataviada con un ropaje de color verde chillón y examina a su hijo sentado en su regazo. El pequeño, Adil, está muy deshidratado y necesita de forma apremiante cuidados intensivos. Cuando la enfermera empieza el tratamiento preliminar, le explica a la madre de Adil que su hijo esta muy enfermo y tendrá que ser admitido en el hospital de Biltine. Un vehículo de MSF les llevará a la ciudad cuando se terminen las consultas al final del día.

Primeras cosechas

Desde abril, más de 500 niños con desnutrición severa y necesitados de cuidados intensivos han sido admitidos en la sala nutricional de MSF en el hospital del distrito de Biltine. El equipo espera que el número de admisiones disminuya ahora que han llegado las primeras cosechas y que la ‘estación del hambre’ anual está llegando a su fin.

Sin otras organizaciones sanitarias presentes en la zona. MSF seguirá con su programa nutricional de emergencia hasta principios de diciembre.

Pero aunque la estación del hambre puede que haya llegado prácticamente a su fin, Bachmann advierte que el problema subyacente no ha desaparecido. “Aunque hemos superado el pico de la desnutrición de este año, no hay motivos para el optimismo, porque la crisis nutricional estructural persiste y no puede resolverse solamente con nuestro programa nutricional."

Cada año, la población de Chad debe hacer frente a crisis alimentarias recurrentes, que ponen una enorme presión sobre las familias y las comunidades. Aunque el programa de emergencia de MSF salva vidas, hay que abordar las causas subyacentes.

“Lo verdaderamente urgente es salir de este estado constante de emergencia”

“Es posible que el año que viene vuelva a producirse la misma crisis en los lugares donde estamos llevando a cabo nuestro programa de emergencia este año,” declara Stefano Argenziano, coordinador general de MSF en el país. “Lo verdaderamente urgente en Chad es salir de este estado constante de emergencia.”