08.08.2012

La epidemia está cada vez más acotada, gracias al esfuerzo conjunto de Médicos Sin Fronteras (MSF), el Ministerio de Salud ugandés y otros organismos. En poco más de una semana, MSF ha montado un centro de tratamiento, ha separado a los pacientes confirmados de los sospechosos y ha activado un sistema de protección para el personal sanitario, el más vulnerable en estos brotes.

Hasta el momento, 17 personas han perdido la vida en la epidemia de Ébola que se declaró a finales de julio en el distrito de Kibale, en el oeste de Uganda. Nueve pacientes se encuentran ingresados en el centro de tratamiento instalado por un equipo de emergencias de MSF en el recinto del hospital del distrito, en la localidad de Kagadi. De ellos, dos son casos confirmados de Ébola y el resto está en observación, a la espera del resultado de sus análisis. La buena noticia es que durante la última semana unas 20 personas han recibido el alta. Entre ellas, una mujer que contrajo el Ébola, se recuperó y ya está lista para volver a casa.

“La contención de la epidemia es un proceso complejo, pero el hecho de que los ingresos en el hospital estén disminuyendo sugiere que el nivel de contagio es bajo”, explica el Dr. Paul Roddy, epidemiólogo de MSF, quien añade: “Hasta ahora, el brote tiene una tasa de mortalidad del 27%”.

Para poner coto a la epidemia, la organización médico-humanitaria trabaja en estrecha colaboración con el Ministerio de Salud ugandés y otros agentes como el norteamericano Centro para el Control y Prevención de Enfermedades, la Cruz Roja de Uganda y la Organización Mundial de la Salud. Uno de los retos es dar apoyo psicológico y social a los pacientes y sus familias. MSF trabaja con las autoridades de salud para evitar que se produzcan escenas de rechazo en las comunidades cuando los pacientes vuelven a sus hogares.

“Un hombre y tres de sus hijos estaban ingresados, pero el laboratorio confirmó que no eran casos de Ébola”, cuenta Segimon Garcia, responsable de comunicación comunitaria y educación, quien amplía: “Un equipo psicosocial del Ministerio de Salud habló con los vecinos de esta familia para explicarles que no tienen el Ébola. El día 6, la familia volvió a casa en un vehículo de MSF acompañada por psicólogos para que tuviera un buen recibimiento”.

El Ébola es un virus que se detectó por primera vez en humanos en 1976 en Zaire, la actual República Democrática del Congo. No tiene tratamiento ni vacuna y su tasa de mortalidad entre la población afectada varía según la cepa y otros factores como la susceptibilidad genética y la concurrencia de otras enfermedades. Pese a ello, muchas personas logran sobrevivir a esta fiebre hemorrágica que se transmite por contacto con fluidos corporales. Sensibilizar a las comunidades afectadas por brotes de este virus es fundamental para evitar la estigmatización de los pacientes y sus familiares.