12.02.2014

Desde principios de diciembre, MSF ha dispensado atención médica a más de 1.000 pacientes heridos durante los estallidos de violencia en el aeropuerto de Bangui y sus alrededores, donde se han refugiado unos 100.000 desplazados huyendo de la oleada de enfrentamientos que se han propagado por todo el país. Solamente la semana pasada, 100 pacientes fueron tratados por heridas de bala y de machete. MSF lleva a cabo más de 1.000 consultas médicas en el campo cada semana, y también presta asistencia en otros campos y servicios de salud en la ciudad.

Lindis Hurum coordinó las actividades médicas de MSF en el campo del aeropuerto.

En la clínica del aeropuerto de Bangui cada día vemos los resultados de los combates

¿Cómo describirías la situación general en Bangui?

Es realmente mala. No creo que durante el tiempo que estuve allí pasase un solo día sin recibir heridos en nuestra clínica. En diciembre las líneas del frente estaban más claras, con intensos enfrentamientos e intercambio de disparos entre los dos principales grupos armados, los anti-Balaka y los Séléka. Pero al cabo de algunas semanas, esto cambió y los enfrentamientos se intensificaron con cada día que pasaba, y con varios grupos más pequeños que simplemente se mataban unos a otros por las calles a plena luz del día. Cada día veíamos las feas consecuencias de los combates. Nos llegaba heridos que habían sido sometidos a sufrimientos intolerables; gente a la que les habían cortado la nariz, las orejas o los pezones. Recuerdo un chico al que habían dejado malherido de un hachazo en el cuello y que a duras penas lograba sostener su cabeza pegada al resto del cuerpo.

Es terrible. Parece como si no les bastase con matarse los unos a los otros, si no que además tienen que hacerlo de la forma más cruel que pueda imaginarse. Utilizan armas caseras como estacas, hachas, toda clase de cuchillos. Una vez vi a un grupo de personas paseando por el campo con una mano cortada como trofeo.

¿Cómo es la situación para los desplazados en el campo?

Terrible. Era ya horrible cuando llegaron al aeropuerto y lo sigue siendo. Vinieron con lo puesto y siguen sin tener demasiado. Naturalmente, el aeropuerto no es un lugar apto para un campo como este. Es absurdo tener a 100.000 personas viviendo a 100 metros de la pista de aterrizaje, refugiándose donde buenamente pueden, debajo de las alas de aviones abandonados. Durante las primeras semanas sentí como si estuviésemos corriendo detrás de un tren en marcha que cada vez iba a más velocidad. La situación parecía empeorar con cada día que pasa. No había letrinas, ni suficiente agua, ni nadie que gestionase el campo, nada de nada. La mezcla de una situación insegura, una expansión rápida del campo y con MSF como único actor humanitario presente en el campo dificultaba mucho nuestra capacidad de respuesta a las necesidades.

¿En qué consiste la asistencia médica que dispensa MSF en el aeropuerto?

Ahora tenemos tres puestos de salud y un hospital de 60 camas en el campo. Además, hemos puesto en marcha un sistema de referencia a otro hospital para atención quirúrgica. Como media realizamos 1.000 consultas semanales y practicamos 10 partos diarios. Desde principios de diciembre, desde el estallido de la violencia, hemos tratado a más de 1.000 personas heridas por machete o bala. Otros equipos de MSF en Bangui están trabajando en otros campos de desplazados, así como en toda una serie de centros de salud. Tenemos que mejorar la calidad de la atención dispensada pues ha resultado muy difícil trabajar en este contexto tan volátil. También pienso que tenemos que centrarnos en la atención a la salud mental. Muchos desplazados, sino casi todos, han sido testigos de actos de una violencia extrema, han perdido a miembros de su familia y a amigos. Están traumatizados, llenos de odio y con sed de venganza.

¿Cuál ha sido la respuesta de otros actores?

La respuesta de la ONU durante las primeras semanas de la crisis fue extremadamente lenta. Fue demasiado escasa y llegó demasiado tarde. El campo del aeropuerto está situado en la capital del país, así que es el campo más accesible. Desde principios de enero ha habido distribuciones de artículos de primera necesidad y de alimentos, pero las necesidades siguen siendo enormes. Debería hacerse mucho más y más rápido.

¿Cómo es la situación de seguridad para el equipo de MSF?

Debido a balas perdidas e incluso a disparos dentro del campo, hubo muchos muertos, entre ellos niños. En varias ocasiones tuvimos que tendernos en el suelo para esquivar las balas. Una vez también entraron hombres armados a nuestra clínica buscando a un musulmán que se escondía. Varias veces también tuvimos que reducir el equipo y concentrarnos solamente en tratamientos vitales. Resulta muy difícil tomar una decisión así porque sabes que hay muchas personas que dependen de tu ayuda, pero tuve que hacerlo, era demasiado peligroso. De todas formas, no siempre era así. Teníamos que reevaluar nuestra situación cada mañana. Nos ayuda bastante a trabajar el hecho que las varias partes implicadas en el conflicto entendieron siempre nuestro mandato y MSF nunca fue un blanco directo.

¿Cuáles son las necesidades de los desplazados?

La gente tiene miedo y está traumatizada. Algunas personas podían ver sus casas desde el aeropuerto pero no se atrevían a regresar. Claramente afirmaban que se trataba de elegir entre vivir en esta situación tan terrible o morir. Pero son personas increíbles que intentan hacer todo lo que está en sus manos para preservar su privacidad y la normalidad en una situación tan desesperada. Quieren paz y protección para poder volver a sus hogares. Para cubrir sus necesidades dependen completamente de la ayuda que les dispensamos: agua, la comida, el saneamiento y el abrigo. Lo que más me preocupa ahora es el saneamiento: no hay suficientes letrinas o duchas, ni un buen sistema que garantice unas buenas condiciones de salubridad y un suministro regular de agua. Con la llegada inminente de la estación de lluvias a finales de marzo, la amenaza de brotes epidémicos en el campo podría materializarse.

TESTIMONIO

“Nos han dicho que en nuestro barrio muchas casas están quemadas, no nos atrevemos ni a acercarnos”.

Albertine Dansona

Es comadrona, pero ya se había retirado, junto a su esposo. Vivían, hasta diciembre, en el barrio Boeing, que debe su nombre a, simplemente, la cercanía con el aeropuerto de Bangui. Ahora, desde el cinco de diciembre, cuando se desataron los combates en la capital, vive en el aeropuerto, bajo una tienda que se ha hecho con unos palos, plásticos y unos trapos. Casi puede ver su casa desde la tienda. Pero no se atreve a volver y está convencida de que su casa ha sido saqueada o quemada, “nos han dicho que en nuestro barrio muchas casas están quemadas, no nos atrevemos ni a acercarnos”.

El conflicto que asuela la República Centroafricana desde marzo de 2013 ha pasado una factura impagable para Albertine: seis de sus hermanos han fallecido, cuatro en Bossangoa y dos en Bangui, todos, según ella, a manos de soldados descontrolados de la exSéléka, la coalición de fuerzas que llevaron al poder mediante golpe de Estado a Michel Djotodia, el primer presidente musulmán del país. “Los Séléka, a principios de diciembre, entraron en el barrio e iban puerta por puerta, matando hombres, acusándoles de ser anti-Balaka, por eso huimos y nos refugiamos en el aeropuerto, que está protegido por soldados franceses. Sólo volveré cuando haya seguridad”.

Albertine colabora ahora con MSF en la clínica del aeropuerto, ayudando a las mujeres a dar a luz. Albertine es sólo una más de los cien mil ciudadanos de Bangui que se han refugiado en el aeropuerto de los combates. La mayoría son cristianos. Pero tras la dimisión de Djotodia, forzada por la comunidad internacional ante la incapacidad del dignatario de controlar a sus hombres de la Séléka, ahora son los anti-Balaka los que se han inmerso en una orgía de asesinatos y linchamientos, tanto en Bangui como en la parte Noroeste del país, de la que se han retirado los Séléka. Varios miles de musulmanes de Bangui se refugian en otra parte del aeropuerto a la espera de que se les dé protección para salir de la ciudad y del país.]]

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