18.09.2014

Muy temprano por la mañana un coche sale de la base de Médicos Sin Fronteras (MSF) en Bambari, región de Ouaka, en el centro de República Centroafricana, un país que se consume por la violencia. El equipo de MSF se dirige a Yamala, una pequeña localidad rural a unos 30 km de Bambari. No está muy lejos, pero en época de lluvia la carretera está completamente enfangada, por lo que se necesitan dos horas para hacer todo el trayecto.

Localidades como Yamala han sido el objetivo continuo de grupos armados y bandidos. “Aún tengo miedo” dice Musa, un agricultor de la zona. “Después del combate, entraron en mi casa y me robaron todo lo que tenía. Pasamos tres meses en el bosque y mi hijos enfermaron”.

Algunas aldeas han sido completamente destruidas por el fuego; otras han quedado reducidas a escombros. La gente no tiene donde vivir y han tenido que instalarse en pequeños refugios en los campos de los alrededores. En las aldeas donde aún quedan algunas casas, generalmente los centros de salud han sido completamente devastados. Los equipos de MSF utilizan sus clínicas móviles para llegar a las personas de estas localidades, muchos de ellos aún en el bosque y demasiado asustados como para volver a sus casas.
 

  “Están tan asustados que una vez que les damos los medicamentos vuelven corriendo al bosque para esconderse” comenta el Doctor Robert Ponsioen, coordinador de proyecto de MSF en la región de Ouaka. “Un minuto después de que hemos terminado, no queda nadie en la aldea. La gente sale huyendo. Cualquier coche que pasa provoca el pánico. La gente está aterrada. Nos encontramos localidades fantasmas donde no ha quedado absolutamente nadie”.

 

Desplazarse en coche para acceder a las comunidades más vulnerables es todo un reto, no solo por la violencia que impera en la zona, sino también por las malas condiciones en las que se encuentran las carreteras. Por razones de seguridad los equipos de MSF, compuestos por seis miembros, tienen que volver a Bambari antes de que se ponga el sol, lo que sumado a las horas de viaje, implica cinco horas de consulta sin interrupción.

Pero merece la pena. Para el equipo de MSF un día en la jungla representa poder ofrecer atención médica a más de 500 personas. Los heridos por los episodios de violencia son los primeros en ser atendidos. Los menores heridos y aquellos con lesiones más graves son enviados al hospital para recibir atención especializada. “Hace poco cuando íbamos por la carretera encontramos a dos mujeres con graves heridas en las piernas; una de ellas iba con un bebé” dice Ponsioen. “Los huesos de la pierna de una de ellas estaban completamente destrozados. Las llevamos al hospital de Bambari y al día siguiente las trasladaron a la capital, Bangui”.

Al mismo tiempo que los equipos de MSF atienden en la clínica móvil, distribuyen mosquiteras y lonas de plásticos a cada familia, muchas de las cuales viven a la intemperie bajo los árboles. Durante la temporada de lluvia, el bosque es el espacio idóneo para la proliferación de los mosquitos portadores de malaria. Por ello, a todos los pacientes se les hace el test rápido de detección de la malaria, una prueba que se realiza en tan solo tres minutos. El 90 por ciento de ellos dan resultados positivos. Se les suministra el tratamiento que deberán tomar durante tres días, así como paracetamol para disminuir la fiebre.

Las condiciones de pobreza en las que viven y la falta de cuidados médicos amenaza gravemente la salud de esta población. Las enfermedades más comunes que sufren son neumonía, diarreas, conjuntivitis e infecciones cutáneas. Para evitar el riesgo de propagación de enfermedades infecciosas entre estas comunidades, en Agosto los equipos de MSF han llevado a cabo una campaña de vacunación en la región Ouaka. 4.000 niños menores de cinco años han sido vacunados contra el sarampión y la poliomielitis.

Las clínicas móviles son instrumentos sencillos pero no suficientes: MSF ha creado también unos puntos permanentes (Palu Points) en las aldeas donde cada día de la semana el personal local realiza pruebas rápidos de malaria y trata a los pacientes que resultan positivos. La mayoría de los pacientes que atendemos en las clínicas móviles son mujeres y niños menores de cinco años. Las personas mayores con enfermedades crónicas como diabetes o problemas de corazón son más difíciles de tratar. Las necesidades médicas de estas comunidades son enormes, así como los retos para proporcionarles asistencia médica adecuada. Alejados de las principales ciudades, miles de desplazados luchan por sobrevivir.

Desde el pasado mes abril los equipos móviles de MSF en República Centroafricana ofrecen asistencia médica a las poblaciones más vulnerables en la región de Ouaka. Primero en Grimari y después en Bambari. A partir entonces, los equipos de MSF han tratado a 4.639 pacientes y se ha estabilizado y tratado a 153 personas con lesiones relacionadas con la violencia.