15.04.2014

Las "Enfermedades crónicas no transmisibles" incluyen las enfermedades cardiovasculares, la hipertensión, la diabetes, el asma y el cáncer. La mayoría no se puede curar y se desarrollan gradualmente. Estas enfermedades son generalmente asintomáticas hasta que aparecen complicaciones, como un ataque al corazón, un derrame cerebral, insuficiencia renal y el desarrollo de ceguera.

Son cada vez más comunes en todo el mundo, especialmente en los centros urbanos y suburbanos y tienen los mismos factores de riesgo: el estilo de vida sedentario, la mala alimentación y el tabaquismo. Las complicaciones se pueden prevenir si los pacientes reciben el tratamiento adecuado, oportuno y constante.

"¿Qué quiere que coma? Estoy huyendo de un país en guerra", dice Leila, una mujer siria de 62 años con diabetes. Ella es una refugiada en la región del Valle de Bekaa, en el este de Líbano. "El médico me dijo que debo comer verduras, pero yo como lo que me dan. No hay otra opción. "

Desde abril de 2012, Médicos Sin Fronteras (MSF) ha gestionado un programa de tratamiento de enfermedades crónicas en el Líbano, para satisfacer las urgentes necesidades de los pacientes sirios, que ya no tienen acceso a tratamiento.

"Casi el 90 por ciento de nuestros pacientes llegan con diagnósticos previos de enfermedad crónica, por lo general hipertensión y diabetes”, dice el Dr. Wael Harb, médico supervisor de MSF en el Valle de la Bekaa. "La enfermedad empeora rápidamente si no han recibido tratamiento por semanas. Con la guerra en Siria, su enfermedad no es la prioridad. El acceso a alimentos, agua y vivienda -necesidades vitales básicas- es más importante. Además, a menudo carecen de dinero para pagar el transporte a un centro de salud y para comprar los medicamentos. Para las personas con diabetes, la dieta es particularmente problemática. Tratamos a muchos pacientes que acuden a nuestras instalaciones con hipertensión y diabetes no controladas, lo que puede conducir a la pérdida de la conciencia, un ataque cardíaco o un coma".

Necesidades críticas, recursos limitados
Como organización humanitaria que ofrece tratamiento gratuito a los refugiados sirios que padecen este tipo de enfermedades, MSF observa una afluencia grande y creciente de pacientes en sus instalaciones. Sin embargo, MSF se enfrenta a limitados recursos financieros y humanos.

"Las clínicas están sobrecargadas", explica la Dra. Bénédicte de Kalbermatten, especialista en enfermedades crónicas. "En las instalaciones de MSF en el Líbano, los médicos pueden pasar en promedio sólo ocho o diez minutos con cada paciente. Esa es una cantidad muy limitada de tiempo para llevar a cabo un examen, hacer un diagnóstico, decidir sobre el tratamiento, explicarlo todo al paciente y prescribir los medicamentos necesarios. Parece imposible en teoría, pero nuestros médicos lo logran en la práctica".

La continuidad de la atención médica también es fundamental para el tratamiento de pacientes con una enfermedad crónica. "Esto implica un compromiso y una relación continua entre el paciente y el médico," dice la Dra. de Kalbermatten. "Pero en este contexto, los pacientes son refugiados. Ellos no viven en una situación estable. Es difícil proporcionar una supervisión adecuada, lo que puede comprometer su tratamiento".
 

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© Aurélie Lachant/MSF

 

 

Adaptando los protocolos de tratamiento a las emergencias humanitarias

"Como organización médico-humanitaria, MSF trabaja tradicionalmente en situaciones de emergencia donde predominan las enfermedades infecciosas", dice la Dra. Philippa Boulle, asesora médica de MSF. "Hasta ahora, sólo hemos desarrollado una experiencia limitada en el tratamiento de enfermedades crónicas a largo plazo. Hoy en día, para asegurar que los refugiados sirios tengan acceso a un tratamiento eficaz, debemos innovar y adaptar los protocolos de tratamiento diseñados para los modelos europeos y norteamericanos, a las situaciones de emergencias humanitarias".

Con el apoyo de expertos en enfermedades crónicas, MSF está desarrollando enfoques innovadores que se adapten mejor a este tipo de contextos. La organización se centra sobre todo en la diabetes y la hipertensión, que se han generalizado entre los pacientes sirios. También se desarrollarán enfoques similares para el tratamiento de otras enfermedades crónicas no transmisibles, tales como la angina de pecho, el asma y la epilepsia.

En 2013, MSF ha proporcionado más de 17,900 consultas a pacientes con enfermedades crónicas en las instalaciones de salud en Trípoli y en el Valle de Bekaa, en Líbano, así como en el campo de refugiados de Domiz, en el norte de Irak.

"MSF trabaja arduamente para asegurar el retorno seguro de nuestros compañeros que fueron llevados de una casa de MSF, en el norte de Siria, la noche del 02 de enero de 2014. Estaban trabajando en un hospital de MSF para proveer asistencia médica esencial a las personas afectadas por el conflicto en Siria, donde las necesidades médicas y humanitarias son abrumadoras. Desde que MSF empezó a recorrer hospitales y clínicas provisionales en el norte de Siria, en junio de 2012, los equipos médicos han proporcionado más de 140,000 consultas, muchas por heridas, traumas y enfermedades crónicas que ponen en riesgo la vida. Más de 2,000 las mujeres han sido asistidas con partos seguros. A pesar del inmenso desafío, MSF mantiene la prestación de asistencia médica a sirios que están sufriendo".

Malak Arab, 70 años de edad.
Malak Arab llegó a Líbano hace un año y medio desde la región de Alepo, Siria. Hasta donde ella sabe, su hijo y su hija están todavía allí. Ella y otra mujer de edad avanzada viven en una de las habitaciones de un edificio en Baalbek que aloja a muchas familias de refugiados sirios que comparten baños y cocinas. Durante las últimas seis semanas, ella ha estado recibiendo asistencia médica de la clínica de MSF en Baalbek.
"Vine a Líbano a causa de la guerra, el bombardeo estaba en todas partes", dice ella. "Tuve que pagar 1,200 liras sirias para entrar a Líbano."
"Durante un año, antes de llegar a Líbano, me estuve mudando de un lugar a otro en Siria, a causa de los bombardeos. No estoy en contacto con ninguno de los miembros de mi familia ni con mis amigos. Mis hijos no pudieron venir a Líbano porque todos nuestros papeles se quemaron en Siria. Ellos me acercaron hasta la frontera, pero después de eso, no tuve a nadie que me ayudara. Ahora dependo completamente de la solidaridad entre nosotros, los refugiados".
"Sufro de asma desde hace diez años, así como una enfermedad en la vesícula biliar. En Siria, todos los medicamentos que necesitaba estaban disponibles y siempre podía acudir al médico. Mis hijos me proporcionaban los medicamentos necesarios. Pero después de que comenzó la guerra, había menos medicamentos disponibles y mi salud se deterioró. Hubo un tiempo en que no pude conseguir mis medicamentos durante tres meses, a pesar de que tenía las recetas médicas".
"Me las arreglé para comprar un pequeño stock de medicamentos antes de venir a Líbano, pero mi salud ha sufrido a causa de la guerra. Ahora, tengo hipertensión también, y casi no puedo caminar debido al estrés. En Siria, seguía una dieta prescrita por el médico, pero en Líbano, me alimento con lo que haya; si alguien cocina, se come lo que hay".
Se acuesta en el suelo, temblando, y dice: "Estoy agotada".

Al Najah Rezek , de 53 años, y su hija, Khadije Achtar, de 34.
Najah Al Rezek, oriunda de la región de Alepo en Siria, está viviendo en Líbano con su hija, Khadije Achtar, quien padece una discapacidad, en una pequeña habitación con cocina y baño compartidos. También tiene un hijo y una hija en Siria, pero ha perdido el contacto con ellos.
Ha pasado un año desde que Najah llegó a Líbano. Anteriormente, ella vivió en cinco regiones diferentes en Siria, tratando en vano de encontrar un lugar que la guerra no pudiera alcanzar. Su hijo ayudó a su hija con discapacidad, que también sufre de problemas de lenguaje, a que pudiera unirse con ella hace dos meses.
Najah padece de hipertensión, diabetes y reumatismo desde hace casi diez años. Mientras se movía por el interior de Siria, no tuvo acceso regular a los medicamentos que necesitaba, incluyendo la insulina. A veces, pasaba más de un mes sin tomar los medicamentos esenciales para su salud.

"Empecé a sentir dolores de cabeza y dolores en mis pulmones cuando se interrumpió mi tratamiento", dice, mientras que alimenta a su hija, sentada a su lado, en el suelo”. En Líbano, para sostenerme financieramente, lavaba platos en un restaurante. Mis vecinos, otros refugiados, me ayudaron a cuidar de mi hija mientras yo trabajaba, y mi pequeño salario significaba que podía comprar comida y mantener una dieta decente para las dos. Pero tuve que dejar de trabajar a causa de mis problemas de salud y ahora como lo que hay. Todavía tengo 50.000 libras libanesas [unos 33 dólares] de los ahorros de mis días de trabajo, pero por lo demás estamos sobreviviendo sólo a través de vales de comida del ACNUR. "
MSF está proporcionando tanto a Najah, como a su hija Khadije, los medicamentos que necesitan. Para Najah, básicamente la insulina y la medicina para la hipertensión. "Puedo almacenar la insulina con mis vecinos, porque en casa no tenemos refrigerador", dice Najah.