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21.04.2021

Los nuevos acuerdos alcanzados en las últimas semanas entre Estados Unidos, México, Honduras y Guatemala para reforzar la militarización de las fronteras, conllevan una mayor criminalización de la población en tránsito y, por ende, una mayor exposición de las personas migrantes al crimen organizado y a la COVID-19.

MSF ha sido testigo tanto de la repetición de redadas y detenciones arbitrarias en la frontera sur de México como de las deportaciones masivas que desde Estados Unidos (EEUU) se ejecutan en la frontera norte, escudadas en razones sanitarias por la pandemia de COVID-19 y que suponen bloquear de facto el derecho de asilo.

“Estamos viendo de nuevo la edificación de muros físicos, policiales y burocráticos al asilo y al libre tránsito de personas que huyen de la violencia en sus países de origen. Tanto en la frontera norte como en la sur de México. Mientras EEUU deporta masivamente y en caliente a las personas recién llegadas, México reprime y detiene también masivamente”, explica Antonino Caradonna, coordinador del proyecto de migrantes de MSF en el país.

Los equipos de MSF en la frontera sur han denunciado en repetidas ocasiones las redadas masivas y arrestos arbitrarios en zonas de concentración de personas migrantes, incluso cerca de los puntos de atención médica de la organización, especialmente en Coatzacoalcos (Veracruz), un cruce ferroviario ampliamente usado por la población en tránsito. “Sin ir más lejos, la semana pasada, se efectuaron redadas en Coatzacoalcos en las vías del tren y fueron detenidos de forma arbitraria alrededor de 50 migrantes, familias con niños incluidos. Estaban durmiendo cerca del albergue (Casa del Migrante de la Diócesis) porque éste les está negando el alojamiento, teóricamente por la pandemia”, añade Caradonna, que apunta que la actuación policial cerca de refugios o lugares donde los migrantes reciben asistencia médica y humanitaria, “supone empujar a la población en tránsito a ocultarse más, a optar por rutas más peligrosas, a ser más vulnerable frente al crimen organizado y la extorsión. Tenemos que denunciar la extrema falta de protección de estas personas”.

 

Los testimonios recogidos por MSF en la zona corroboran el incremento de redadas y detenciones en la frontera sur, que ponen en riesgo la integridad física y mental de las personas: “En el monte venían como unas 400 personas, pero en la redada agarraron como a 200. La mitad eran mujeres y la otra mitad hombres, ahora vienen muy poquitas mujeres, porque son las que más agarran, porque con los niños son las que menos corren”, explicó el hondureño Levi, que confirmaba asimismo la ausencia de albergues abiertos, “nos hemos quedado en el puro monte y en las vías porque no hemos encontrado ningún albergue, ninguna casa del migrante”.

Hace 20 días que entré a México, hemos dormido en el monte, hemos aguantado hambre y sueño porque la verdad vamos sin dinero. En el albergue de Coatzacoalcos nos dijeron que estaba cerrado, nos brindaron comida y café, pero ya dormir adentro, no”, explicaba Kimberly, hondureña de 29 años, que viaja con su hijo de 11 años, un hermano y sus hijos. Trabajaba en el campo y tras los huracanes lo perdió todo. “Tengo miedo de quedarnos en la calle porque puede pasarnos cualquier cosa. Tengo miedo de que me arrebaten a mi hijo de las manos. No he podido dormir. No se duerme porque mientras mi hijo duerme, yo vigilo”.

Otros explican que son algunos vecinos los que ayudan: “No hay albergues, solo gente humanitaria que nos alberga, sin ningún problema, en sus casas y eso se agradece porque ya no duerme uno en el monte, peligrando”, dice Roger, hondureño de 39 años.

En la frontera norte, en cambio, los equipos de MSF están atestiguando el incremento de deportaciones masivas desde EEUU de migrantes recién llegados y devueltos ‘en caliente', con frecuencia a ciudades desconocidas y peligrosas del norte mexicano. En Reynosa, Nuevo Laredo y Ciudad Juárez, los equipos han brindado asistencia médica a centenas de familias deportadas, ahora varadas, a la espera de protección.

 

Nuestros equipos dan cuenta de los tratos inhumanos que reciben en los centros de detención en EEUU y el impacto que tiene en la salud de las personas migrantes, el estrés agudo con el que llegan. Les están deportando a ciudades fronterizas de México, sin ninguna información sobre dónde están y qué van a hacer ahora; muchas mujeres con niños en brazos, sin haber comido o haber recibido un trato digno mientras estuvieron detenidos y sin medidas de prevención de COVID-19. Atendimos a una niña de 4 años que llegó a Ciudad Juárez en condición de deshidratación, porque no recibió ni agua en las celdas de EEUU”, narra Geaninna Ramos, referente médico del proyecto de atención de MSF.

Yo había entrado por la frontera de Reynosa y me devolvieron a la frontera de Nuevo Laredo. No tenía manera de comunicarme con nadie”, explica María, guatemalteca de 33 años que viaja con su hija de 4. Fue separada de su marido y de su hijo, quienes están juntos en un albergue en Monterrey. “Migración a uno lo trata mal, hace uno una pregunta y le gritan, lo empujan. A los menores de edad, para registrarlos los pusieron a todos contra el autobús con las manos arriba y los empujaban. Yo me imaginaba a mi hijo y yo no quisiera pensar que a mi hijo lo vayan a golpear porque vi como los jaloneaban para registrarlos. Nos tratan mal. Venimos huyendo y no venimos con la intención de dañar a nadie, pero creo que eso no todos lo entienden”.

La falta de protección, la falta de asistencia humanitaria adecuada a la población en tránsito, la falta de inclusión de la población migrante en la prevención de la COVID-19, la criminalización de personas que huyen, su abandono frente a organizaciones mafiosas que los secuestran, extorsionan y trafican, no son denuncias nuevas desde MSF: “estas políticas las hemos visto en el pasado, sabemos que no desalientan a los migrantes, sino que solo sirven para que se oculten, vayan por caminos más peligrosos, se tengan que exponer más al crimen organizado, recurran a traficantes de seres humanos, arriesguen sus vidas”, abunda Caradonna. “Tenemos que ser claros, ahondar en estas políticas, poner el viaje más difícil a los migrantes, -como dice la Casa Blanca-, significa hacerlo más letal”.

MSF reclama nuevamente a los gobiernos de la región el fin de estas políticas represivas y demanda que se les garantice protección y una asistencia humanitaria adecuada. Asimismo, y en el contexto de la pandemia, MSF demanda que se extremen los esfuerzos para la prevención de la enfermedad entre la población migrante, necesitada de suficientes albergues y espacios seguros que también estén adecuados para evitar la infección.