01.11.2018

NOTA: Estos testimonios son bastante gráficos debido a sus detalles y podrían ser impactantes para algunas personas. Todos los nombres han sido cambiados para proteger a las víctimas.

Estos testimonios fueron recopilados durante una visita al terreno que realizó un equipo de comunicación de MSF al proyecto en Katanga, en septiembre de 2018. Kananga es la capital de la Provincia de Kasai Central. MSF brinda atención a sobrevivientes de violencia sexual en el Hospital de Referencia de la Kananga brindando atención médica de calidad y apoyo psicológico, de forma gratuita.

 

Entre mayo de 2017 y septiembre de 2018, los equipos de MSF atendieron a 2,600 víctimas de violencia sexual en la ciudad de Kananga, en la Provincia de Kasai Central, en la República Democrática del Congo (RDC). El ochenta por ciento de los atendidos informaron haber sido violados por hombres armados.

 

La gran mayoría de los pacientes de MSF no buscaron atención médica hasta un mes (o más) después del ataque, generalmente debido a la falta de conocimiento sobre la existencia de servicios dedicados a la atención de casos de violencia sexual, pero también por la distancia que se debe recorrer para llegar al lugar donde MSF ofrece atención médica en Kananga.

 

Todos los nombres han sido cambiados para proteger a las víctimas.

 

Bibiche – “Me siento cómoda ahora”

 

 

"Mi historia sucedió un martes del año pasado. Lo recuerdo como si hubiera sido ayer: un grupo de hombres entró en la casa, y destruyeron todo, nuestras cosas y a nosotros. Primero violaron a mi hermanita, luego a mi cuñada, y a mí al final.

 

En ese momento no hablamos sobre lo que sucedió ni pedimos ayuda. Fue solo recientemente, un domingo mientras estaba en la iglesia, que escuché sobre la atención que se brinda a los sobrevivientes de violación. Una doctora había venido a contarnos sobre una organización de médicos aquí en Kananga que atendía a sobrevivientes de violencia sexual, incluso si la violación había ocurrido hace un año. Una vez que escuché esto, mi esposo también me apoyó para ir al hospital. Me dijo que no fue mi culpa, y que necesitaba recibir tratamiento.

 

Es por eso que estoy aquí. Cuando vine por primera vez, los doctores me recibieron con una cálida sonrisa y realmente me sentí bienvenida. Me dieron vacunas contra el tétanos, y me realizaron algunas pruebas. 

 

Descubrieron que había contraído sífilis. Mi esposo también tuvo que recibir tratamiento y ahora está en fase de seguimiento. Desde que comencé a recibir atención, todo ha ido bien. Me siento cómoda ahora. Como y camino como debería. Hubo un tiempo en el que temblaba y me estremecía mucho. Incluso ahora, a veces, cuando escucho un movimiento repentino, me estremezco de miedo. Pero estoy mejorando.

 

Recientemente, mi cuñada también vino a buscar atención, después de haber visto los cambios que había en mí. Mi hermana menor, por otro lado, está en Lubumbashi. Ella se fue después de que todo sucediera y no regresará".

 

Pitshou – “Nos hicieron violar a las mujeres adultas de la comunidad”

 

 

"Le dije al psicólogo que, cuando cuento esta historia, la veo como una película que se proyecta frente a mis ojos, en mi cabeza, ¿Una película o un sueño? La verdad, no lo sé. Si me voy a dormir, puedo dormir mucho, más de 20 horas seguidas.

 

Sucedió en agosto, cuando regresé a mi pueblo. Algunos hombres armados vinieron a atacarnos. Creo que fue en 2017. No lo recuerdo bien, todo sigue siendo muy confuso para mí. Cruzaron el río hacía mi pueblo, y mataron a muchas personas. Huí junto con otros jóvenes. Pero en el camino fuimos capturados por otro grupo de hombres armados con el que nos encontramos.  Nos llevaron con ellos de regreso al pueblo, donde nos torturaron y trataron como esclavos. Teníamos que ir a recoger agua para ellos. También tuvimos que hacer cosas más horribles que eso: nos obligaron a violar a varias de las “madres” de nuestro pueblo. Cuando digo "madre", me refiero a una expresión congoleña. Ninguna de ellas era mi madre, no obstante, eran las madres de nuestro pueblo. Todos los jóvenes de la aldea fuimos obligados a hacerlo. Si alguien no lo hacía, era asesinado. No recuerdo bien, pero creo que tuve que hacerlo con seis o siete mujeres.

 

Cuando los hombres armados se fueron, las autoridades locales vinieron de Tshikapa para buscarnos, como si nosotros también fuéramos criminales. Huí con algunos de los otros jóvenes, pero nos dividimos en diferentes direcciones y comencé a caminar por mi cuenta. En ese momento no estaba trabajando porque 10 meses antes me habían operado los riñones y todavía me estaba recuperando. Después de dos días comencé a sentirme realmente mal, como después de la operación.

 

Llegué aquí tres meses después que todo sucedió. No sabía si había algún cuidado espacial disponible para alguien como yo. Pero escuché sobre MSF en la iglesia a la que voy a rezar, cuando un médico que trabajaba en el hospital vino a hablar sobre la atención gratuita que ofrecían allí.

 

Cuando llegué al hospital, los doctores y la psicóloga me proporcionaron cuidados.  Mis riñones realmente me dolían y en mi cabeza las cosas tampoco marchaban bien. Tuve que someterme a algunas pruebas y hablé con muchos psicólogos. Desde entonces, he estado tomando medicamentos y he notado algunos cambios: tengo menos dolor, incluso aunque todavía no estoy del todo bien. Siento que estoy en camino para sentirme mejor, pero todavía no estoy completamente seguro. A veces me encuentro a mí mismo, como en un sueño.”

 

Mamie – “Fui violada junto al cuerpo decapitado de mi esposo”

 

 

“Estaba en casa cuando los hombres armados llegaron y mataron a mi esposo. Lo decapitaron y robaron todas nuestras pertenencias. Fui violada en mi hogar, junto al cuerpo de mi esposo, en presencia de mis hijos. Fue el año pasado, durante el periodo de violencia. Tenía cinco hijos. Mataron a tres, dejándome solo con dos. Violaron a mis tres hijas mayores antes de matarlas. Sólo me quedé con los dos más pequeños: un niño de 12 años y una niña de 9.

 

Robaron todas nuestras pertenencias, se llevaron todo. Después, nos obligaron a salir, sin darnos tiempos de vestirnos. Estaba desnuda de la cintura para arriba. Acababa de agarrar algo para cubrirme el pecho cuando nos obligaron a salir de nuestra casa.

 

Empecé a caminar con mis dos hijos a través del matorral hacia Tshikapa. No sabía a dónde nos dirigíamos, solo comencé a caminar. Después de que llegamos a Tshikapa, mis hijos se enfermaron. Nos llevaron a una organización que nos ayudó y nos dio un poco de dinero.

 

Decidí regresar a Kananga, donde vivíamos, junto con otras mujeres. Tomamos la carretera con la esperanza de tomar una ruta con camiones que pasan con destino a la ciudad. Mientras estábamos en el camino, antes de llegar a Kananga, nos enfrentamos a hombres armados. Una vez más, nos violaron. Eran tres de ellos.

 

Después de eso, nos escondimos para no ser violadas de nuevo. Pero empecé a sentirme mal. Cuando llegamos a Kananga, escuché acerca de Médicos Sin Fronteras, una organización que cuidaba a las mujeres, pero no sabía dónde estaban. Pregunté en los alrededores, pero la gente de la comunidad no quería ayudarme. Todos pedían dinero a cambio. Fue en la iglesia donde obtuve la información que necesitaba.

 

Antes de llegar al hospital estaba muy preocupada. Me sentía muy débil y tenía mucho dolor en la parte baja de mi abdomen. Mientras caminábamos en el monte y en la carretera, no tenía nada que comer, y lo que encontraba a veces no era suficiente, como una bola de fufu [yuca] para mí y mis dos hijos. No tenía dinero y la ropa que llevaba estaba desgarrada.

 

Cuando llegué al hospital, me dieron medicamentos y un doctor me examinó. Es por ello que encontraron que tenía VIH. Lo cual, me preocupó mucho, porque me temo que no viviré mucho tiempo.

 

Cuando vine aquí para obtener ayuda, dejé a mis hijos en la iglesia, donde a veces las personas vienen y nos dan algo de comer. No sé cómo puedo proveer sustento para mis hijos, y eso también me preocupa mucho.

 

Anny – "Sentí que mi corazón se había roto, dividido en dos"

 

 

Una mañana a finales de marzo de 2017, llegaron a las casas de las personas en Kananga a robar y a matar. Entraron a mi casa ese día y cuando vieron que no había nada que pudieran llevarse, amenazaron con matarme. Había cuatro de ellos. Decidieron violarme.

 

Estaba sola con mi hijo de cuatro años. Mi esposo no estaba allí. Estaba trabajando cerca de la frontera con Angola. Frecuentemente estaba sola en casa durante meses esperando a que regresara. Cuando estos hombres llegaron y me violaron, mi hijo se escondió en una esquina.

 

Tenía 45 años y seis niños. Tuve otros dos, pero murieron. Cuando llegaron los hombres, cinco de mis hijos estaban con su abuelo en otra parte de la ciudad. Estaba en casa solo con el más joven.

 

Después del ataque, los hombres se fueron. No sé a dónde. Me quedé donde estaba. No podía comer ni beber. Sentí que mi corazón se había roto, dividido en dos. Cuando preparaba comida para mis hijos (todavía no podía comer nada) y escuché algo caer, me estremecí y mi corazón roto latía muy rápido. Algún tiempo después, me enteré que mi esposo había sido asesinado en su camino a casa, debido al conflicto.

 

Después, escuché sobre Médicos Sin Fronteras, y me enteré que me podían ayudar. Pero antes de ir al hospital, algo más ocurrió. Fui a una aldea cercana con otras mujeres para comprar comida que luego podríamos vender en Kananga. Algunos hombres nos detuvieron y nos pidieron dinero; al ver que no teníamos nada, nos violaron. Esta vez no era solo un hombre. Algunas de las mujeres lograron escapar, pero yo no. Me atraparon y me arrastraron a la maleza, donde me atacaron. Recuerdo que había alguien gritando cerca, mientras me violaban. Después, empecé a sentir mucho dolor en la parte baja de mi abdomen. No podía caminar bien, no podía comer y solo quería dormir.

 

Fue en la iglesia donde escuché sobre MSF. Miembros del equipo vinieron para hablarnos sobre la violencia sexual y el cuidado que podrían brindar a las víctimas. Así que fui a verlos y me ayudaron.

 

Cécile

 

 

Estaba en casa con mi esposo ese día. Fue durante la violencia y los combates. Escuchamos gritos afuera, y a vecinos llorando. "Creo que han matado a alguien", dijo mi esposo. Así que nos encerramos. No queríamos abrir la puerta. Los hombres armados lanzaron gas lacrimógeno por la ventana para obligarnos a salir. Ocho personas entraron en nuestra casa. Amenazaron con matar a mi marido y trataron de obligarlo a violar a nuestra hija de 17 años. Se negó y lo asesinaron. Luego violaron a nuestra hija, y a mí.

 

Cuando se fueron, me escondí con mis hijos en el bosque que está junto al pueblo. No dormí ni comí. Durante un año, antes de venir a la clínica, me aterrorizaba la idea de tener VIH.

 

Cuando regresé a Kananga (mi padre estaba muy enfermo y decidí regresar con mis hijos) fui con MSF al hospital donde atendían a víctimas de violencia sexual. Me examinaron y me dijeron que no tenía VIH.

 

Bijou

 

Un vecino nuestro me violó cuando estaba sola en casa. Tenía 16 años. Un voluntario de una ONG que colabora con MSF me llevó al hospital. Mi familia denunció el caso, pero mi atacante escapó a su pueblo, que está a pocas horas de Kananga.

Ahora estoy embarazada. Consideraba que este hombre era mi amigo, o un hermano mayor que vivía en nuestro vecindario. Nunca hubiera imaginado que él haría algo así. Ahora no puedo comer y me siento muy débil.

 

LEER MÁS

República Democrática del Congo: Numerosos actos de violencia sexual fueron cometidos por hombres armados en Kasai